DEPORTE EXTREMO

Tourist Trophy Isla de Man: la carrera de motos que se ha cobrado 265 vidas y que asusta hasta a Marc Márquez

Dos de los participantes en el Tourist Trophy Isla de Man.

Dos de los participantes en el Tourist Trophy Isla de Man. / Archivo

  • La carrera más peligrosa del mundo se disputa desde 1907 en un circuito de 60 kilómetros por carreteras urbanas, en el que cinco pilotos murieron en la reciente edición de 2022

  • La prueba formó parte del mundial de motociclismo hasta 1977, cuando fructificó el boicot del campeón Giacomo Agostini, emprendido tras la muerte de su amigo Gilberto Parlotti

  • Raül Torras, mosso d'esquadra del grupo de tráfico, compite en la prueba desde 2017: “Casi hay casi que mendigar para encontrar patrocinadores y hasta tengo que poner de mi bolsillo”

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“Si no te gustan nuestras reglas, sale un barco cada media hora”. Los visitantes que llegan en ferry a Douglas, capital de la británica Isla de Man, son recibidos con un mensaje que no admite dobles lecturas. Solo en un lugar así podría tener escenario la “carrera más peligrosa” del mundo, algo que admiten los propios participantes del Tourist Trophy Isla de Man, una competición motociclista que se disputa en el Snaefell Mountain Course. Se trata de un circuito de 60 kilómetros por carreteras urbanas, con farolas, bordillos, muros, asfalto sin agarre, tiempo cambiante… 

Un laberinto de obstáculos que, desde 1907, se ha cobrado la vida de 265 participantes, cinco en la edición disputada el pasado fin de semana, que ha agudizado el debate sobre su celebración. La cifra restó protagonismo al triunfo de Peter Hickman, que logró cuatro victorias en esta edición. Uno de los fallecidos fue Davy Morgan, piloto de 52 años y con más de 20 de experiencia en la isla británica tomada por los fans y los participantes, ávidos de adrenalina tras dos ediciones suspendidas por la pandemia. Únicamente el covid y las guerras mundiales frenaron su disputa. 

Morgan era “más que un amigo, un mentor y un ejemplo” para Raül Torras, el único español (44 años) que corrió en 2022 y que cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA cómo es formar parte de un TT Isla de Man incomprensible si uno no se pone a los mandos de motos que superan fácilmente los 300 km/h. La competición acoge diversas categorías durante 14 días de competición, en las que compiten desde motos de calle adaptadas hasta otras perfiladas únicamente par ala competición.

Media de 210 km/h

Hay seis días de entrenamientos libres, imprescindibles para tomarle el pulso a un circuito que, por su dificultad y riesgo, hay que conocer de memoria. Después, cinco días de práctica de carrera y cuatro de competición. A diferencia de las carreras en circuito lanzadas desde una parrilla de salida, los pilotos salen de uno en uno, con diferencias de 10 segundos, en entrenamientos y carreras. Antes, en parejas. A partir de ahí, 260 curvas, bordillos, guardarraíles, baches y velocidades medias de 212 km/h en carreteras que en España estarían limitadas a 30 o 50 km/h en su uso normal. 

¿Qué es lo que lleva a participar en una prueba tan exigente? “El desafío a mí mismo y la pasión por las motos”, responde el integrante del Toll Racing Team que fundó a final de 2020 junto a su amigo, Carles Ollé, aficionado y coleccionista de motos, para participar en las ‘road races’ (carreras urbanas).

Sin la “pasión” de la que habla Torras sería imposible entender cómo los participantes ponen su vida en juego en cada curva con proyectos autofinanciados. “Fuera de los circuitos soy una persona como otra cualquiera, que trabaja como policía para ganarse la vida. La búsqueda de patrocinadores es titánica. Casi mendigando. Y aún así tengo que poner de mi bolsillo, incluso pidiendo préstamos al banco. La mayoría de equipos son amateur. Es pura pasión”, relata Raül, cuya principal ocupación es la de Mosso d’Esquadra, curiosamente, en la unidad de Tráfico. 

Su primera vez en el TT Isla de Man fue en 2017, “cuando ya obtuve tres Réplicas de Bronce, que consiste en finalizar dentro del 110% del tiempo del primero, lo cual ya fue un éxito para unos foráneos como nosotros”. En la reciente edición compitió en cuatro categorías: TT SuperBike, TT Superstock, Senior TT (motos de hasta 1.200 centímetros cúbicos en ambas) y Supertwin (hasta 700 cc.), en la que consiguió su primer top 15, codeándose con los 20 primeros en todas las divisiones. "En total, seis carreras, seis terminadas y seis Réplicas de Bronce". Un palmarés por el que siente profundo orgullo, como de sus victorias en las 24 Horas de Montmeló que ya prepara. Disputa entre ocho y diez pruebas al año.

Raül Torras, piloto y mosso d'esquadra.

/ Cedida

Fuera del Mundial

“Provengo de una familia trabajadora. Dejé los estudios después del COU (actual secundaria) y con mis primeros salarios me compré una moto de motocross. Después pasé a la velocidad, a la resistencia… Hasta llegar a las road races, siempre como piloto aficionado, costeándome gran parte de los gastos y dedicándole muchas horas y sacrificios”, señala un corredor que además del riesgo ha tenido que superar los filtros estrictos, sobre todo para los extranjeros, que tiene el TT Isla de Man. La cuestión no es jugarse la vida, es que te permitan hacerlo. Para ello hay que cumplir con varios requisitos.

“Debes demostrar que eres rápido en este tipo de carreras, preferiblemente en el Mountain Course (el circuito de Man) y has de hacer un mínimo de seis pruebas al año, a lo que hay que sumar un sinfín de trámites burocráticos”, explica. Las trabas son innumerables, porque la mayoría de federaciones, como ocurre con la española, no emiten licencias para una prueba que fue puntuable para el campeonato del mundo de motociclismo desde 1949. Así, por la encrucijada de carreteras de la isla corrían los mejores pilotos del mundo como Mike Hailwood, Ángel Nieto o Giacomo Agostini.

El italiano, ganador de 15 títulos mundiales y 10 TT, impulsó el boicot a la prueba después de la muerte en 1972 de su íntimo amigo Gilberto Parlotti. La moción fue secundada por gran parte de la parrilla y cinco años después el TT Isla de Man fue retirado del calendario del Mundial. 

El vigente campeón del mundo de MotoGP, el francés Fabio Quartararo, dijo hace apenas unos días que competir en esta carrera “es lo peor que puedes hacer”. El español Marc Márquez, cuestionado hace años, dijo tener “mucho respeto a los pilotos que lo hacen, pero a mí no me gusta” y Valentino Rossi señaló, después de hacer la vuelta de honor en una edición, que entiende “por qué la gente ama tanto el TT, es una ruta realmente impresionante y fantástica”.

Incluso en los que ven con recelo que la competición se siga celebrando se dibuja la palabra “respeto”. No hay otra palabra para definir la sensación que experimenta un piloto en esta prueba. Los múltiples vídeos publicados desde una perspectiva de primera persona en el Mountain Course ponen un nudo en el estómago. Pero el TT es, según los que lo viven en primera persona, "libertad, pasión, tradición, compañerismo, camaracería y valores que en muchas disciplinas se han perdido".

El circuito es larguísimo, tanto que los dos pilotos que comienzan por cada tanda (no salen en bloque) pueden abrir gas con sol y encontrarse con lluvia o densa niebla en la otra parte de la isla. “Practicamos dando vueltas ‘in situ’, por ejemplo, alquilando coches de alquiler, a través de videojuegos (hay uno oficial) o con grabaciones 'onboard'”, cuenta el “forastero” Torras, una condición recalcada por él, pero muy importante en el TT Isla de Man.

La dinastía Dunlop

Los pilotos que más veces han reinado en esta road race son la dinastía Dunlop, además de John McGuinness (23 triunfos). Todos británicos. Joey Dunlop consiguió 26 victorias y falleció el 2 de julio de 2000 en una carrera en Tallin (Estonia). Su hermano Robert conquistó la prueba en seis ocasiones y murió en 2008 en un entrenamiento de la North West 200, otra mítica road race que se corre en Irlanda del Norte. Los dos hijos de este último, William y Michael, han reinado en el TT Isla de Man en nueve y 21 ocasiones, respectivamente. El primero murió en 2018 en Dublín en la competición Skerries 100. 

Michael, de 33 años, es el único superviviente y sigue apretando como sus antecesores. “Es genial vivir al límite todo el tiempo. No me importa el riesgo e imagino que de eso se trata. Puede que seamos unos egoístas”, apuntaba hace años un piloto que ganó la North West 200 el año que murió su padre. Se subió al podio y acto seguido se fue a su entierro. Al año siguiente rompió a llorar tras vencer en su primer TT Isla de Man. Es tan difícil la puesta a punto emocional y psicológica como la de las motos. 

Vista panorámica de un tramo del recorrido de la Tourist Trophy Isla de Man.

/ Archivo

¿Cómo entiende el entorno de Raül Torras su participación en esta y otras pruebas de las que algún día puede no volver? “Ellos sufren, pero saben que estoy haciendo lo que más me gusta. No tengo vacaciones, le dedico a esto el 99% de mi tiempo libre. Básicamente vivo por y para ello. A veces, se hace difícil continuar, pero después llegas a sitios como la Isla de Man y hace que todo el sacrificio haya merecido la pena”, justifica el español, que, como todos sus compañeros, ha aprendido a relativizar el dolor y la muerte.

Macao, esquivando a la muerte

El dolor, como el que sufrió en 2018 en el GP de Macao en la curva más rápida del circuito. Perdió el control de su moto, que acabó incendiándose, e impactó contra una valla lateral. “Es increíble que haya salido con vida”, comentaban los responsables de Martimotos, su equipo por aquel entonces. Durante la convalecencia, Torras se sintió solo, lo que al final desembocó en la creación de su propio equipo. “A nivel físico fue lo típico, el tiempo y la rehabilitación. Lo peor, a nivel psicológico, tardé un buen tiempo en recuperar la confianza”, confiesa el español, que al año siguiente, en Man se llevó otro gran susto. 

Torras se golpeó con uno de sus brazos en un poste ubicado en los límites de la carretera: “Llegué a pensar que me había destrozado el brazo, pero al final nada te impide hacer vida normal y las cicatrices indican que eres una persona activa”, amplía este 'mosso' reconvertido al mundo de las carreras que ve en las heridas el mejor síntoma de que uno sigue vivo. La muerte es la pantalla final a evitar, pero ni siquiera la experiencia o los triunfos son un remedio infalible. 

Ni siquiera la abnegada labor de los 'marshalls', los ángeles de la guarda del TT Isla de Man, un nutrido grupo de comisarios que intentan minimizar el riesgo, cumpliendo las funciones de un 'safety car', pero que nada pueden hacer cuando el velocímetro se eleva por encima de los 300 km/h en pistas limitadas a un tercio, en el mejor de los casos. 

En edición que ha concluido es la primera vez desde 1989 que mueren cinco competidores en el evento. Roger (56 años) y Bradley Stockton (21), padre e hijo, perdieron la vida en la modalidad de sidecar, en la que también participó otra de las víctimas, Cesar Chanal (35). Mark Purslow (29) y Davy Morgan (52), amigo personal de Raül Torras, completan la trágica lista. 

¿Cómo le afectó esta noticia al español? “Te hace ser más precavido”, apunta, sin alterarse. Desde la organización del TT Isla de Man han emitido un comunicado en el que afirman que harán “una exhaustiva investigación” para que esto no se repita en próximas entregas y avanzan que ofrecerán “recomendaciones sobre la forma en que se llevará a cabo el evento”. 

A pesar del aumento de la siniestralidad, la road race no dejará de crecer después de batir récord de aficionados y ser comercializada por TV en directo. En España, RTVE ha comprado sus derechos. La mediatización aumenta igualmente las críticas y las voces que piden su cancelación. 

Torras lanza una conclusión en línea recta: “Las muertes se explican del mismo modo que todas las de los que perecieron intentando subir al Everest. Hay más de 5.000 cuerpos de alpinistas muertos abandonados en el Himalaya; y nadie dice nada… Pero en lugar de crampones y piolet, usas una moto: eres un loco que busca la muerte. ¿Qué aprendemos de todo esto? Que hay que vigilar e ir seguro. No hay que confiarse: calma y a respirar…”. Y si alguien quiere otras reglas, el ferry de vuelta le espera en el puerto de Douglas con toda la certeza del mundo.

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