ARTE

La historia de España contada en 11.000 fotos de carné

El proyecto 'Documento Nacional' recoge una selección de imágenes encontradas en un contenedor, procedentes de un estudio fotográfico que cerró sus puertas en la década de 1990

Alberto García encontró las fotografías en un contenedor de obra situado en el centro de Madrid. 

Alberto García encontró las fotografías en un contenedor de obra situado en el centro de Madrid.  / EPE

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Una noche de finales de los 90, posiblemente un viernes, Alberto García Sáenz regresaba a su casa después de haber tomado algo con unos amigos. Al llegar a la Plaza del Ángel, en pleno centro de Madrid, se topó con un contenedor de obra que, además de escombros, albergaba algo más que, a pesar del desorden y la penumbra, le llamó poderosamente la atención. Se trataba de miles de negativos de fotos carné, algunos de ellos cuidadosamente guardados en cajas.

"Estuve un buen rato recogiendo y ordenando el material. La gente que pasaba cerca me miraba con interés, pero al ver que eran solo fotos viejas y cajitas, no parecían interesados en revolver escombros y mancharse de polvo. Cuando vi que en las cajas estaban escritas las fechas, me di cuenta de que todo tenía un orden y, aunque calculé que serían más de 11.000 negativos, tuve claro que era necesario mantener el archivo completo. Por eso, decidí cargar con absolutamente todo lo que encontré y, de hecho, durante el trayecto necesité hacer varias paradas para descansar", recuerda Alberto García Sáenz que, desde el primer momento, estuvo convencido de la importancia de su hallazgo. "Para mí esas fotografías tienen un valor cultural e histórico espectacular. Son un relato minucioso del paso del tiempo, de cómo éramos y cómo evolucionamos durante esos años porque el DNI es algo de lo que nadie se escapa. Ricos o pobres, da igual, todos los mayores de edad pasamos por ahí obligatoriamente. No hay huella más clara de un país, es la mejor descripción de la sociedad de estos años".

"Para mí esas fotografías tienen un valor cultural e histórico espectacular", relata Alberto García.

/ EPE

En un primer momento, Alberto García Sáenz pensó en donar todo ese archivo. Sin embargo, mientras encontraba una institución que le convenciera y le diera confianza, el tiempo fue pasando. "Todo fue muy rápido, en un suspiro. 'Algún día se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía', decía Miguel Hernández y, al final, ya se ha puesto porque, cuando por fin me decidí a hacer algo con ello, habían pasado 20 años desde que las recogí y, para entonces, las primeras fotos del archivo tenían ya 60 años desde que fueron tomadas", comenta García Sáenz, que finalmente encontró en Paco Gómez a la persona que le ayudaría a darle forma a ese particular material fotográfico. "Cuando leí su libro Los Watterbled o El rastro de las cosas, me di cuenta de que él tendría la sensibilidad de apreciar el valor de este archivo", afirma García Sáenz, que decidió contactar con Gómez por internet y concertar una cita para verse.

"Me llevó unas cajas con algunos negativos de formato 4x6. Era un tipo de negativo que se utilizaba para hacer este tipo de fotografías porque la cámara no era de carrete, sino que se cargaba. Además, debía de tener un mecanismo que, al sacar la foto, la marcaba con un número que permitía facilitar la búsqueda en caso de que alguien necesitase más copias posteriormente. Por último, el positivado se solía hacer sin utilizar una ampliadora, sino por contacto, colocando el negativo directamente sobre papel sensible", explica Paco Gómez que, después de ver el material, le propuso a García Sáenz hacer un libro con Fracaso Books, editorial de su propiedad en la que el fotógrafo ya había publicado otros títulos sobre archivos encontrados, como el ya mencionado de Los Watterbled o Los Modlin.

"Hay muchos libros con archivos policiales porque ese tipo de materiales son más fáciles de conservar. Las administraciones no solo poseen almacenes propios sino que tienen cierta conciencia de que esas fotografías deben ser conservadas. Sin embargo, a las fotos de particulares nadie les da importancia, ni siquiera el propio fotógrafo. Cuando un estudio cierra por jubilación o por muerte repentina, si los hijos no quieren seguir con el negocio, lo más normal es que se tire ese material porque, además de no valorar su contenido, son muchísimas cajas como para conservarlas".

El valor del conjunto

Si toda foto tiene una razón de ser, las del DNI están claramente pensadas para que el retratado pueda ser reconocido fácilmente por las autoridades. Por eso, no está de más presentarse ante ellas con un aspecto confiable, especialmente en los años de la dictadura. Además, en una época en la que la fotografía era una actividad limitada a aquellos pocos que dominaban la técnica, la realización de una sencilla foto de carné era todo un acontecimiento para el que la gente se ponía sus mejores galas e incluso iba antes a la peluquería.

"El otro día tuve que irme a renovar el DNI. La opción que encontré a la hora de hacerme las fotos fue irme enfrente de la comisaría, donde una persona que ni siquiera es fotógrafo ni sabe iluminar, sino que ha acabado ahí por la razón que sea, me sacó una foto con una cámara digital y me la imprimió de manera horrible", relata Paco Gómez que recuerda que antes eso no era así: "Aunque la labor del fotógrafo de estudio era una actividad muy de batalla, en el conjunto de fotos rescatado por Alberto hay auténticos fotones. Además, a medida que ves la evolución del archivo, puedes comprobar que, si bien siempre se aplicaba la misma fórmula a la hora de componer e iluminar, había algunos fotógrafos mejores que otros y cada uno tenía su propio estilo".

Este tipo de matices, imposibles de descubrir en una foto aislada, resultan fáciles de detectar para un ojo experto cuando el conjunto es tan abundante como el rescatado por Alberto García Sáenz. "El volumen del archivo es justamente lo que te permite ver la evolución de la técnica, de la forma del vestir, de los peinados… En 1966, por ejemplo, todas las mujeres iban de negro con un collar de perlas y todos los hombres con traje y corbata. Poco a poco van llegando los Lacoste, hasta que ya los leva todo el mundo. Más adelante empieza a haber inscripciones en las camisetas, algunas de las cuales ya son políticas, la gente empieza a aparecer con el pelo largo y llegan los vaqueros", describe Gómez.

Un libro y lo que surja

Después de revisar los miles de negativos en una caja de luz, Alberto García Sáenz y Paco Gómez hicieron una selección de las mejores fotografías para que resultase más sencillo trabajar con ellas. "Ha sido una selección muy personal y hecha por instinto —relata Alberto García Sáenz—. Buscaba caras que me dijeran algo y luego me imaginaba relaciones entre ellos. Formaba parejas o pensaba que podrían ser hermanos, tíos, familia… Posteriormente, con todo eso, Paco ha hecho un diseño brillante".

Todo ese trabajo de selección se ha convertido en Documento Nacional, libro que explora la vida española desde mediados de la década de 1960 hasta principios de la de 1980 y que verá la luz dentro de unas semanas. "Hemos hecho una evolución cronológica desde el año 1966 hasta 1983 organizada en capítulos. Cada uno de ellos lo antecedemos con tres acontecimientos políticos, sociales o culturales, que pueden ser simplemente que en esa fecha se emitió el primer capitulo de Barrio Sésamo, de Mazinger Z, el estreno de La guerra de las galaxias o la escritura de Cien años de soledad", explica Gómez.

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Financiado a través de un proceso de micromecenazgo en el que aún es posible participar, los 500 ejemplares de la tirada de Documento Nacional comenzarán a llegar a los mecenas a partir de noviembre de este año y, según sus responsables, no se descarta que, en el futuro, el proyecto pueda expandirse a otras propuestas.

"De momento vamos a ver cómo son las reacciones al libro —comenta García Sáenz—. Sería muy interesante hacer una exposición, pero tendría que estar muy bien pensada y con respaldo económico. Desde luego sería una gozada, porque hemos rescatado del olvido generaciones de españoles cuyas fotos, que hemos tratado con el máximo respeto y teniendo muy presente su valor cultural e histórico, nos permiten ver claramente cómo éramos durante aquellos años. Como dice la poeta Isabel Bono: 'Nada se es si no se ha sido'".