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NUEVO DISCO 'TRES GOLPES'

Tomás de Perrate y su viaje a la Sevilla de los esclavos africanos: "Aquí, el radical soy yo"

El cantaor, miembro de una familia flamenca que hunde sus raíces en el origen mismo de lo jondo, dice sentirse legitimado para evolucionar este arte

El cantaor sevillano Tomás de Perrate, que presenta el disco ’Tres golpes’.

El cantaor sevillano Tomás de Perrate, que presenta el disco ’Tres golpes’. / ALBA VIGARAY

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En la música, los aficionados siempre están en busca de lo auténtico, de lo puro. Especialmente en un arte como el flamenco. Todos se acercan buscando la piedra filosofal de un arte culto que nació mestizo en los márgenes de la sociedad. Pero no hay muchos cantaores que tan sólo con abrir la boca y dar una nota de un pregón, o de una toná, sin más acompañamiento que los nudillos marcando el compás sobre la mesa, puedan trasladar al oyente a un mundo oscuro, ancestral, marginal y que conecte con el germen del lamento. Una de esas voces es la de Tomás de Perrate (nacido Tomás Fernández Soto, en Utrera, Sevilla, en 1964) que, dados sus orígenes familiares, pertenece a la aristocracia flamenca, emparentado con los orígenes mismos de este arte.

Y sin embargo, él explica con toda naturalidad a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que pese a ser hijo, sobrino, nieto de grandes cantaores, se dedicó durante 20 años a cortar el pelo junto a su mujer, porque quería tener un oficio. Menciona, con orgullo, que es muy querido en Utrera porque fue el peluquero de moda de su pueblo, y cómo, ya cumplidos los 30, después de iniciar una carrera musical de la mano de Ricardo Pachón (el artífice de un disco que marcó un punto de inflexión en el flamenco, La Leyenda del tiempo de Camarón de la Isla), vivió dos años en Lebrija y los viejos del lugar le enseñaron a cantar la seguiriya en un compás diferente, además de otras peripecias. Todo esto lo cuenta en una conversación tranquila, cargada de anécdotas de vida y referencias musicales, que al minuto de comenzar se aleja de la típica entrevista de promoción.

Tomás de Perrate bebe del origen mismo del flamenco. Es hijo de un gran cantaor, Perrate de Utrera, y nieto de Manuel Torre, cantaor de finales del siglo XIX y principios del XX que fijó formas de hacer el cante. También es sobrino de una gran cantaora que nunca fue profesional, María la Perrata, y primo de un gran revolucionario del cante, Juan Peña, el Lebrijano, por citar solo algunas de sus raíces familiares. Y sin embargo, Tres golpes ( El Volcán / Lovemonk), su disco recién publicado, lleva el flamenco a nuevos lugares a través de la experimentación vocal pese a bucear en lo más remoto a partir de la música popular del Barroco. Por ejemplo, bajando una octava su tono natural hacia los graves en una folía del siglo XVII con un ropaje sonoro orquestado por Raül Refree, productor del disco.

Tomás cuenta que siempre ha estado interesado en el Siglo de Oro, principalmente en lo relacionado con su cultura popular, y desde hace tiempo viene investigando la música en torno a la chacona (un tipo de composición para danza del siglo XVII que fue popular en toda Europa y que se originó en España) y particularmente el Sarao de la chacona, compuesta por Juan Arañés en 1624 y que siempre tuvo mucho éxito. Sin embargo, fue Pedro G. Romero (historiador del arte, curador, estudioso de la genealogía del flamenco y asesor de artistas), quien le propuso abordar un repertorio de esa época. El resultado son once temas que mezclan formas de hacer el cante propias de la familia de los Perrate con acercamientos al flamenco de chaconas, romances, seguiriyas, folía o jácara, abordadas además con aires experimentales. Tres golpes, explica un texto del libreto del disco que firma el propio Romero, que se refieren a las "tres miradas de los nudillos de la mano sobre el cante, la tradición y la forma".

"Cuando empecé a investigar sobre esta música del Siglo de Oro me di cuenta de que iba toda en el mismo compás que muchos palos del flamenco, el 3x4, y claro, yo soy especialista en el 3x4. Es lo que mejor hago. Eso y los guisos de arroz con pollo", cuenta jocoso. En Tres golpes le acompañan músicos como los guitarristas Paco de Amparo y Alfredo Lagos, y la dirección musical corre a cargo del músico y productor Raül Refree. "Cuando me lo propusieron en mi oficina no me convencía, porque él está acostumbrado a trabajar con voces blancas -Rosalía, Silvia Pérez Cruz, etc- y no sabía yo cómo iba a quedar un trabajo con una voz negra como la mía", explica Tomás. Pero cuando le presentó su maqueta, Refree le dijo: "Esto tiene que oler a madera. Tenemos que hacer un disco que huela a madera". "Vale", le contestó Tomás. "Pero a madera de contrabajo, que suene a ropero viejo".

Fue Refree quien le convenció de esa bajada de una octava en el tono con el que cantaba, y para que diera más protagonismo a sus graves, ennegreciendo aún más su cante. Algo que, confiesa Tomás, es más difícil y exige un trabajo de contención importante. Un camino poco habitual en una disciplina artística tan tendente a lo contrario: al exceso y la exhibición. "Estoy aprendiendo que no exhibirte, a veces, te exhibe más que tratar de mostrar todo lo que sabes de golpe", dice Tomás.

La negritud no solamente es explorada en la manera de abordar el cante, sino también en la temática. Algunas investigaciones recientes sugieren que, en el origen mismo del flamenco, esa amalgama entre la llegada de los gitanos a la península y su convivencia con castellanos y moriscos, hay también una influencia de la cultura que trajeron los esclavos negros, presentes en la Península Ibérica antes de la relación colonial con América, que es mayor de lo que se creía hasta ahora. "Se habla de que hasta un 15% de la población del siglo XVI en Sevilla era negra, cómo no va a influir su cultura en la cultura popular", dice un Tomás convencido que cita la lectura que tiene entre manos, La venta de la negra, de Jesús Cosano Prieto.

En ese libro se aborda precisamente cómo era la vida en la desembocadura del Guadalquivir en tiempos del segundo Duque de Medina Sidonia, "el mayor negrero que ha habido", dice él. "A esas criaturas desarraigadas de su tierra, el único nexo que les quedaba era su cultura, y es lógico que al juntarse con otros desposeídos se acabaran mezclando". Incluso plantea una historia inventada que le sirve para explicar Tres golpes: "Los gitanos entramos en España en el siglo XV, y yo me imaginé que era un gitano que se coloca de estibador en el puerto de Triana cargando sacos de minerales, de especias.... descargando mercancías", explica. "El gitano ya traía sus seguidillas, su soleá, sus bulerías a su palo, pero no quería trabajar más descargando. ¿Y qué es lo que mejor hace un gitano? Adaptarse al medio donde vive. ¿Y qué es lo que hay en España en ese momento? Pues había folías, zarabandas, chaconas... El gitano se las apropia, las mezcla con el compás que traen los cimarrones, y así nace el flamenco".

El cantaor sevillano Tomás de Perrate, durante una entrevista con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.

/ ALBA VIGARAY

Carrera cocinada a fuego lento

Tomás de Perrate sólo se lanzó a cantar profesionalmente bien entrado en la treintena. Él explica que la música le acompañaba de siempre, e incluso pensó en profesionalizarse como percusionista. Pero con 16 o 17 años decidió buscar un oficio y acabó de peluquero, la actividad de su novia de entonces, que hoy es su mujer. El ictus que su padre sufrió en 1971 y que le causó graves problemas de movilidad, a él le ayudó a formarse. A su padre le grababan, primero en casette y más tarde en VHS, canciones que luego él practicaba a su lado con la guitarra. Perrate de Utrera le servía de guía. "Mark Knopfler, Janis Joplin, Turronero, Eric Clapton, La Tomasa y Pies de plomo, todos los guitarristas clásicos, mucho jazz... mi padre se lo cargaba todo, le encantaba". También cuenta que Dorantes, pianista flamenco hijo de su primo el Lebrijano, le contaba que su abuela, María la Perrata, le pedía que le pusiese vídeos de The Police, "porque decía que el batería tocaba al revés", cuenta entre risas para referirse a que hacía ritmos sincopados, de manera parecida a como se hace en el flamenco.

No fue hasta 2005 cuando lanzó su primer disco, Perraterías, de la mano de Ricardo Pachón, que le dio forma al pequeño repertorio que tenía en aquel momento y desde entonces mostró su interés por forzar las costuras del flamenco acercándolo a otras músicas, principalmente el rock y el jazz. Sin embargo, ya en 1999 había participado en una grabación, Navidad en Utrera. Y en una actuación relacionada con ese disco, el crítico Miguel Acal escribió sobre él: "Estuvo cuatro minutos cantando bulerías para hacerse jirones la camisa. Está verde, muy verde, pero es un diamante de muchos quilates, el padre y el abuelo ensamblados en su voz, la dulzura y el ritmo solemne del padre y el eco enervado de Manuel Torre".

En 2010 participó en otro disco familiar, Utrera flamenca, y un año después lanzó Infundio, producido por el guitarrista Ricardo Moreno, quien le convenció para mudarse a Lebrija, donde cuenta que engrandeció sus conocimientos gracias a los viejos del pueblo, que tenían otra manera de abordar el compás. Después se embarcó, de la mano del bailaor y coreógrafo (Premio Nacional de Danza 2005) Israel Galván en varios proyectos que ensancharon aún más su visión del flamenco. "Gracias a él y su visión, su forma de ver el arte y el mundo, me encuentro con artistas como Chicuelo, Belén Maya, Isabel Bayón, Caracafé, Proyecto Lorca... Parecíamos la antítesis unos de otros, pero había un caldo de cultivo ahí que, con mucho trabajo, a mí me ha enriquecido muchísimo", explica. "Aquello fue un punto y aparte".

Pero viniendo de la familia de la que viene, ¿por qué no hizo todas esas cosas antes? "Yo no le hago ascos a la vida", explica. "Pero ni me gusta precipitarme, ni me gusta quedarme atrás. Mi carrera es una forma de autodescubrimiento".

Siempre en movimiento

A Tomás de Perrate se le encienden los ojos cuando habla de su repertorio de flamenco clásico, "por derecho", como le gusta decir, que aborda en los recitales en los que le acompaña el guitarrista Paco de Amparo. "Lo disfruo muchísimo, me encanta hacerlo".

Pero habla del flamenco y su relación con otras músicas con tanta naturalidad que da pudor preguntarle si sufrió rechazo por tratar de salirse de la ortodoxia. Él responde sin dudar: "Con una familia tan grande como la mía, y tan enraizada en el flamenco, si hay que evolucionar este arte, ¿quién lo va a evolucionar? ¿Alguien que venga del pop?". Niega con la cabeza. "Esto puede evolucionarlo La Macanita, Tomasito, el Agujetas chico... Los que saben de esto", dice convencido. "Yo me siento legitimado para hacer lo que hago. Me puedo equivocar, evidentemente, pero lo asumo. Lo que digan los críticos más radicales me da igual, aquí el radical soy yo".

Abierto a meterse en todos los charcos

Cuando se le pregunta si piensa llevar Tres golpes a los escenarios, Tomás de Perrate asiente, pero matiza que anda metido en multitud de proyectos. Por poner un ejemplo cita las cuatro apariciones que tiene previstas en la próxima Bienal de Flamenco de Sevilla, que tendrá lugar el próximo mes de septiembre, el gran evento de este arte en el que todos los artistas quieren estar. Menciona que está trabajando con la bailaora Ana Morales en un espectáculo en el que explora esa manera de hacer el cante una octava por debajo de su tesitura vocal, acompañado además por una intérprete de arpa (Ana Crisman). Pero también habla de una improvisación en la que empezó a trabajar en el pasado festival de música indie Alhambra Monkey Week, junto al guitarrista Raúl Cantizano y Marcos Cerrato, de un trabajo en torno a los tangos de Piazzolla de la mano de nuevo de Pedro G. Romero y de una propuesta de colaboración con el grupo experimental Za!. Además del interés propio, explica, cree que estos encuentros acercan a otros públicos al flamenco. "Claro, si no conoces nada ¿qué vas a hacer? ¿Ponerte a escuchar a Chocolate cantando por seguiriyas? Yo estoy en eso, en acercar a más público a esto, esa ha sido siempre mi intención. Siempre estoy abierto a meterme en todos los charcos".

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