RELIGIÓN

Mujeres y casados mantienen las 'misas' en la España vaciada: "El futuro de la Iglesia será de los laicos"

Ana Vázquez, animadora de la Palabra, durante la celebración dominical en Cantiveros.

Ana Vázquez, animadora de la Palabra, durante la celebración dominical en Cantiveros. / ALBA VIGARAY

  • Aumentan los seglares que dirigen una 'misa' sin consagración, llamada Celebración de la Palabra, ante la falta de párrocos. Realizan incluso responsos en los entierros

  • Hay 2.700 curas menos que en 2011. "Seremos como misioneros que van a las iglesias cada año o cada mes", dice el vicario de Barbastro, con más animadores que curas

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Ana Isabel Velázquez, profesora de religión y animadora de la palabra, enciende con cuidado la cuarta y última vela de la corona de Adviento, frente al altar de la Iglesia de Cantiveros, un pequeño pueblo de Ávila de 112 habitantes cercano a Arévalo. La corona marca la inminente "llegada del Señor". Ana se desplaza al atril del presbiterio, donde inicia el rito de entrada de la ceremonia. Es domingo, el último domingo antes de Navidad.

"Estamos a pocos días de la encarnación del hijo de Dios", empieza a decir Ana ante 12 fieles, la inmensa mayoría mujeres mayores, que han desafiado el frío mañanero para ir a la celebración guardando la distancia de seguridad. Las dos estufas de gas no logran apenas paliar la rasca. Los vecinos no se quitan su abrigo, ni Ana tampoco.

Luces de colores parpadeantes iluminan un gran belén en uno de los laterales de la nave del templo, Iglesia de San Miguel Arcángel, que dispone de varios retablos de madera y unos coros bellamente tallados de estilo mudéjar.

Las campanas acaban de llamar a misa después de que Claudino, el alcalde, que vive justo frente a la Iglesia, as haya activado desde los bajos de la espadaña. Lo ha hecho tras ver llegar a Ana, que llega procedente de Fontiveros, a apenas un kilómetro, en su Honda CRV blanco.

Ana es una de los cientos de mujeres y de hombres laicos -tanto solteros como casados- que celebran misas sin consagración en la España vaciada, una tendencia que va a más ante la drástica caída del número de sacerdotes. "El futuro de la Iglesia será de los laicos", advierte el vicario general del Obispado de Barbastro-Monzón, al norte de Aragón, donde ya son más los laicos que realizan ritos, entre ellos responsos en funerales, que párrocos. Hace apenas ocho meses el Papa Francisco empezó a dar los primeros pasos para reconocer formalmente su ministerio, oficializando su labor.

La animadora de la Palabra reparte la comunión en la Iglesia de Cantiveros.

/ Alba Vigaray (Fotos)

De forma paralela, mientras baja año tras año el número de seminaristas, ha crecido el número de diáconos permanentes en nuestro país, pasando de 439 a 465 desde el año 2016. Se trata de laicos que reciben una formación teológica más exhaustiva y que además de la llamada celebración de la Palabra en ausencia de presbítero -como es llamada esa suerte de misa- pueden celebrar entierros, matrimonios o comuniones: "Donde no llega el párroco llegan ellos". 

Sin consagración

La ceremonia es muy similar a una misa, sólo que no hay consagración. "La liturgia de la palabra es exacta, desde el principio; también la liturgia del perdón, el comentario homelético y la oración de fieles", afirma Ana, que explica con sencillez y claridad la palabra del evangelio, en este caso María como "modelo de espera y de fe" y de entrega a los demás, ya que el pasaje que lee describe cómo ayuda en un trance a su prima Isabel. "Hay que acudir a quien necesita ayuda", concluye Ana, de 53 años. 

Le dijo al obispo, cuando se lo pidió, que su condición era poder dejarlo cuando quisiera. Y aquí sigue. Tras recibir un año de formación una vez al mes, suele realizar la celebración todos los domingos en alguno de los pueblos de la comarca de la Moraña que se reparte con los otros tres laicos cuando no pueden ir alguno de los tres sacerdotes. Cuando no le toca dice que lo "echa de menos". 

En vez de haber un ofertorio en el rito se hace una exposición del santísimo y una pequeña adoración, "y ahí retomamos el padrenuestro, la paz, la comunión, y la despedida". Para repartir la comunión, que recoge del sagrario, se baja a la zona de los fieles, como hacen los párracos normalmente. Entre las diferentes partes de la celebración, Ana también lidera los cánticos con una voz grave que todo lo inunda. 

Al acabar, los feligreses se dirigen poco a poco fuera de la Iglesia. Se dirigen saludos. Algunos charlan. "Gusta más venir a misa, pero la celebración está bien", dice Begoña, una de ellas. "Es que la misa es más...no sé... pero a la celebración venimos con el mismo sentimiento". 

Los fieles salen de la iglesia de Cantiveros tras la celebración en ausencia de presbítero.

/ ALBA VIGARAY

"El párroco es una figura fundamental, hay decisiones que no las puede tomar un laico solo", razona Ana tras la celebración, admitiendo que cada vez "parece que hay más laicos" al frente de determinadas celebraciones porque "hay menos sacerdotes". Al principio, reconoce que causó algo de extrañeza su presencia en el altar. "A una amiga mía le preguntaron si yo era monja en un pueblo, pero cuando vieron las pulseras y anillos que tenía llegaron a la conclusión de que no", recuerda con una sonrisa. 

Me siguen temblando las piernas, sobre todo a la hora de sacar al Santísimo

Pese a que lleva 14 años haciendo las celebraciones afirma que le "siguen temblando las piernas, sobre todo a la hora de sacar el Santísimo", y cree fundamental que se mantengan los ritos en la España vaciada, porque un pueblo que cierra su Iglesia es como si se muriera un poco: "La gente siente mucho cuando se cierra la iglesia, es lo último que se cierra. Se cierra el colegio, las tiendas, el médico pasa a venir cada tres días, pero los vecinos ven que si se cierra la Iglesia el pueblo se acaba, y la quieren abierta. Si no se tocan las campanas es como si no hubiera vida".

Y para que sigan repicando las campanas es inevitable el refuerzo de los laicos, que ya ayudan a la Iglesia desde el siglo pasado, aunque cada vez su presencia es mayor: el descenso de las vocaciones religiosas y la jubilación de muchos párrocos van dejando sin atención los templos, pese a que siguen llegando, aunque en menor medida, curas del extranjero, principalmente de Latinoamérica y África. Si en 2011 había 19.621 sacerdotes para atender 22.993 parroquias, casi la mitad de ellas en el medio rural, ahora hay 16.960 párrocos, casi 3.000 menos. 

Las nuevas vocaciones, entretanto, siguen en caída libre. Según datos de la Conferencia Episcopal Española (CES), el número total de seminaristas descendió hasta los 1.066 en el curso 2020-2021, 62 menos que el curso anterior. Es la cifra más baja desde que la CES comenzó a publicar los datos, hace 18 años. 

Esta situación provoca que en algunas provincias, como Palencia, llegue a haber sacerdotes que se encargan de hasta 40 iglesias. Lo que los Obispados suelen hacer en estos casos es fusionar varios municipios para la celebración de la misa dominical, haciendo que uno de ellos acoja cada semana la eucaristía. 

En Valladolid hay párrocos que llevan en su propio coche a los fieles de un pueblo a otro

Así, se producen situaciones curiosas, como que sea el párroco el que traslade en su propio vehículo a los fieles a los determinados templos. Eso ocurre, por ejemplo en Valladolid, en la zona de Mayorga. "El mismo párroco que a lo mejor tiene ocho pueblos a su cargo lleva a los feligreses de un pueblo a otro, un domingo en un sitio y otro día en otro", explican en la Diócesis de la provincia.  

Refuerzo

La diócesis de Barbastro-Monzón, por ejemplo, ya cuenta con 65 "animadores de la comunidad", como les han venido en llamar a estos celebradores de la palabra. Son casi 20 más que los párrocos que siguen en activo en esta zona del norte de Aragón. 


/ ALBA VIGARAY

"Tenemos mucho núcleo despoblado al norte, pueblos de cuatro, cinco o 20 habitantes y 175 parroquias. Hace seis años teníamos solo seis animadores, pero en los últimos años lo hemos promocionado. Estamos muy contentos con el grupo", afirma Noguero, vicario general del Obispado y encargado de los animadores, que rondan entre los 50 y 70 años. "Como dice el obispo, Ángel Javier Pérez, Dios nos ha echado una mano con ellos. Son un refuerzo fundamental. Mientras haya un vecino en el pueblo Dios está ahí". 

Los animadores, entre los que hay enfermeros, profesores, jubilados o incluso empresarios, reciben formación litúrgica y los que quieren pueden incluso acudir a cursos sobre Teología en la universidad religiosa de Zaragoza a la que acuden los propios seminaristas. 

Todas las semanas en la página web de la Diócesis se publica el auxilio con "las lecturas, el inicio de la celebración y la petición de perdón" y los celebradores se desplazan los domingos con "el Santísimo", el cuerpo de Cristo, en un pixide -recipiente usado en ceremonias litúrgicas-. El feedback no puede ser mejor. "Ellos nos dicen 'recibimos más de lo que damos', afirma Noguera. 

"Los curas tenemos que ser casi como misioneros que vamos de cuando en cuando, dependiendo del pueblo, una vez al año, al mes, dependerá de la población".

En la diócesis de Zaragoza también llevan muchos años trabajando con seglares para las celebraciones en ausencia de presbítero, sobre todo en la comarca de Laroca, "donde hay multitud de pequeñas localidades entre 20 y 80 habitantes o Egea de los Caballeros", explica José Antonio Calvo, delegado de medios del Obispado de Zaragoza. En algunas ocasiones los laicos se desplazan a los pueblos desde Zaragoza capital. 

"El número de párrocos todavía es suficiente, veremos dentro de 10 o 15 años", señala el portavoz, que subraya que también ha supuesto un "refuerzo" importante la incorporación de los diáconos permanentes. Esta Diócesis cuenta con siete y los primeros se oficializaron con monseñor Vicente Jiménez recientemente, en 2019. Jaén es otra provincia donde se han ordenado varios hace poco tiempo.

El copón donde se guarda el Cuerpo de Cristo. 

/ ALBA VIGARAY

Los diáconos permanentes, en algunos casos laicos casados -si no lo están cuando son ordenados no podrán desposarse-, son un paso más de la Iglesia dentro de este camino intermedio en el que no termina de permitir que los curas abandonen su celibato, como se pide desde un sector crítico con este voto. De hecho, se calcula que hay 8.000 curas casados en nuestro país, según datos del Movimiento Pro Celibato Opcional (Moceop).

El papel de los diáconos permanentes ha sido reforzado durante el Papado de Francisco I y son ordenados por el Obispo tras recibir una exhaustiva formación. Aparte de ayudar a los párrocos, pueden bautizar, bendecir matrimonios, asistir a los enfermos, celebrar la liturgia de la Palabra, predicar, evangelizar y catequizar. Lo que no pueden, obviamente, es celebrar el sacramento de la Eucaristía (misa) o confesar.

"Aquí en Zaragoza no tenemos un problema acuciante de falta de párrocos, pero hay que pensar en el futuro. Sin descuidar las vocaciones sacerdotales es necesario cultivar otras vocaciones, como las de diácono permanente o de laicos que dirijan ceremonias de la palabra", comentan en la Diócesis.

Responsos en funerales

En Zamora, Salamanca o Valladolid, entre otras provincias, los seglares se encargan incluso de realizar los responsos en los funerales cuando falta el párroco. Realizan breves oraciones durante una ceremonia que suele durar dos minutos y que tiene diferencias importantes con respecto a la que lleva a cabo un párroco. Las oraciones y los pasos a dar están reglados según la propia Diócesis. 

"Durante el ritual de la exequia, por ejemplo, el sacerdote acaba con una bendición, pero el laico lo que hace es una oración conclusiva", explica Johnatan Espinilla, voluntario laico de 27 años que estuvo ayudando a la Diócesis de Valladolid durante la pandemia ante el elevado número de entierros.  

Llegó a oficiar las exequias en 13 sepulturas al día en el Cementerio del Carmen. "Al final no dejas de introducirte en el papel de un sacerdote", asegura el seglar, que valora muy positivamente la experiencia: "Acompañar y orar arropando a gente que lo pasa mal, y que con una pequeña palabra puedes ayudarle o rezar con él es algo que te reconforta, te sientes útil". 

Perspectiva de la iglesia de Cantiveros durante la ceremonia del pasado domingo

/ ALBA VIGARAY

En Palencia en la actualidad hay un diácono y se están formando otros dos o tres. "Suponen un desahogo", admiten en el Obispado de la provincia, que cuenta con una población muy envejecida y muy dispersa, con hasta 470 parroquias. "Es imposible atender la eucaristía dominical de manera continuada", afirma Chomin Pérez, delegado de comunicación de la Diócesis, que matiza que la situación "se va solventando entre los animadores de la palabra y los sacerdotes jubilados". 

Para Pérez, mantener la tradición es importante en la España vaciada. "Es que si desaparece la misa desaparecen más cosas de los pueblos. La comunidad se reúne, la parroquia se abre a la vida del pueblo, la gente socializa y se toma un vino después...", relata a modo nostálgico.  

La escasez de nuevos curas -los seminaristas nuevos tardan hasta 12 años en formarse y estar en activo- provoca que la Iglesia vaya abriendo puertas que antes eran impensables. "La escasez de sacerdotes obliga a crear una nueva estructura pastoral que hará que algunos pueblos sean atendidos por comunidades de laicos”, llegó a deslizar recientemente el Obispo de Zamora, en una entrevista en LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA. 

Todo hace indicar que será en otra fase, aunque desde la Conferencia Episcopal Española, la institución administrativa formada por todos los obispos, recuerdan que ellos no imponen directrices, ya que no son un órgano ejecutivo, por lo que "cada obispo en su diócesis toma sus propias decisiones". 


/ ALBA VIGARAY

El aumento de los celebradores de la palabra no es visto en cualquier caso con extrañeza. "Es normal que mientras baja el número de sacerdotes la atención en las ceremonias que no requieren presbiterio las realicen los seglares. No es algo extraño. La oración es algo que es de todo el pueblo de Dios", aseguran fuentes de la Conferencia Episcopal Española. 

Un ministerio

Ante el aumento de laicos con un papel activo en la Iglesia, el Papa Francisco, el pasado mayo, aprobado el Rito de Institución del nuevo ministerio de catequistas laicos para facilitar su participación. Es de alguna forma reconocerlos como parte fundamental del día a día de la Iglesia. 

Algo que antes era puntual se instituye como un ministerio, con su rito propio

"Es muy importante porque algo que parecía puntual se instituye ahora en ministerio, con su rito propio. Se está jugando qué será la Iglesia en el futuro. Esto es mucho más que laicos yendo a dar la comunión a un pueblo. Habrá que ver como lo acoge cada diócesis, suele haber mucho recelo a los cambios. La Iglesia está reflexionando sobre el papel, si es solo litúrgico o más pastoral", señala Gonzalo Pedroche, asesor de empresas online que lleva ocho años siendo celebrador en seis pueblos del arciprestazgo de Sepúlveda-Pedraza, en Segovia, y que recuerda que cualquier cristiano, una vez bautizado, está llamado a "anunciar el evangelio a toda criatura".

En Segovia hay alrededor de 80 laicos con un papel activo en las parroquias, aunque la mayoría sólo actúan en época estival. No sólo realizan las celebraciones de la palabra, sino que atienden las comunidades, o visitan a los enfermos, además de gestionar los cementerios o las propias iglesias. "El problema es que los primeros celebradores son mayores y la media de edad empieza a ser elevada".

Otro avance que se ha concretado también en este último Papado ha sido el del papel más activo de la mujer. Hace alrededor de un año, el Papa Francisco, en un "motu proprio" (documento pontificio) que introduce cambios en el código de Derecho Canónico, oficializó que las mujeres puedan leer la Palabra de Dios, ayudar en el altar durante las misas y distribuir la comunión, aunque, por el momento, mantendrá el sacerdocio como algo exclusivo para los hombres. "Se ha formalizado ahora, pero es algo que ya se venía haciendo desde hace muchos años", matizan desde la Conferencia Episcopal sobre otra clara muestra de que la Iglesia se transforma en la coyuntura actual.

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