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Cristina Peri Rossi, la poeta que ama a borbotones

Cristina Peri Rossi, en su despacho. 

Cristina Peri Rossi, en su despacho.  / ARCHIVO

Los labios carnosos de Peri Rossi vuelven loco a cualquiera. Ella lo sabe. Y es que su trazo por la vida es una seducción continua. Solo así se puede entender su literatura. Fuerza, vigor, sexo y amor por las personas

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Álex Sàlmon

Si por ella fuera, estaría amando a cada segundo. En cada instante. Como el poema dedicado al 11-S. "El once de septiembre del año dos mil uno/ a las tres de la tarde, hora de España, / un avión se estrellaba en Nueva York, / y yo gozaba haciendo el amor".

Nada hay que la haga sentir más viva que amar a otra mujer. Esos momentos son los que han ido construyendo su obra. La literatura de Peri Rossi son amores y desamores. Sobre todo, los momentos de ruptura que la poeta ha ido catalizando en sus versos.

Y el amor por encima de todo. Me escribió en un WhatsApp hace unos años: "El amor es más importante que la inteligencia. Y no me refiero al amor erótico. El amor es compasivo, generoso, y se pone en el lugar del otro, en lugar de huir egoístamente". Ella sufre los abandonos y los que han sido decisión propia y los convierte en un acto de pasión intelectual. No se trata de hablar de sus amoríos. No hace falta. Están incrustados en sus versos. Como en el poema Historia de un amor. "Para que yo pudiera amarte/ en España hubo una guerra civil/ y Lorca murió asesinado/ después de haber viajado a Nueva York".

El Premio Cervantes le llega en un momento de su vida donde la poeta se siente agobiada. Es una enferma consciente. Por ello no asistirá a la ceremonia. Las afecciones a sus pulmones que la hicieron temer por un cáncer, aunque quedó en "una neumonía cruel"; ese asma crónico que la persigue; el dolor de artrosis.

Sus dos aficiones han sido siempre una adicción a los prospectos médicos y el fútbol. Dos temas donde la conversación con la poeta brota: la profundización sobre la química y sus contraindicaciones y las jugadas de Messi o Iniesta como si fueran trabajos escultóricos.

A pesar de todo, Peri Rossi está feliz. En los últimos años no ha parado de recibir premios. Le llenó el José Donoso, "porque no te presentas", asegura. En su discurso a distancia acabó diciendo: "Leemos porque no sabemos y porque cualquier relato o poema cruel es muchísimo menos cruel que la realidad y la belleza, más perdurable".

El Cervantes los supera a todos. Hay una razón. Dice que el autor de La Mancha construyó el primer discurso feminista en la voz de Marcela, la pastora del Quijote. Y eso tira. Escribe la premiada: "El relato de Marcela descubre una posibilidad de mujer liberada, autónoma, independiente y que rechaza el matrimonio y a los hombres, prefiriendo estar con mujeres de condición social inferior (pastoras), ser ella misma una pastora, aunque sea de origen rico y tenga fortuna propia". La Marcela empoderada que proclama: "Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y mi hermosura".

Su vida es Marcela, a la que seguro habría amado.

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