ELECCIONES 18-F

El PSOE se agarra al titubeo de Feijóo con el indulto para frenar su caída en Galicia

El cisne negro en la campaña al que se abona el PSOE ha dejado en segundo lugar su apuesta por cambiar la conversación de la amnistía a través de anuncios en clave económica

Su máxima para intentar frenar el desgaste electoral, que según la encuesta de Gesop para Prensa Ibérica Galicia sería acusado - al caer de 14 a 11-12-, pasa por deslegitimar la estrategia de oposición del PP

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al candidato del PSdeG, José Ramón Besteiro, y el alcalde de Vigo, Abel Caballero, durante un mitin el pasado sábado.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al candidato del PSdeG, José Ramón Besteiro, y el alcalde de Vigo, Abel Caballero, durante un mitin el pasado sábado. / Marta G. Brea

El PSOE vira 180 grados su estrategia para las elecciones gallegas. De poner en cuarentena la amnistía, para centrar el foco durante la campaña de las gallegas en la marcha de la economía y la agenda social, a apostarlo todo al titubeo de Alberto Núñez Feijóo con el indulto a Carles Puigdemont y la medida de gracia. El encargado de voltear el discurso de los socialistas en la campaña del 18-F fue el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien este domingo cargó durante un mitin en Ferrol contra la "hipocresía" y la "gran mentira" sobre la posición de Génova desde el acuerdo de investidura con Junts. "La próxima manifestación la va a convocar Feijóo contra Feijóo o el PP contra el PP", ironizó para desautorizar la estrategia de oposición de los populares.

Antes de que Zapatero verbalizase junto a otros dirigentes del PSdeG la nueva estrategia de los socialistas para intentar frenar el desgaste que según la encuesta de Gesop para Prensa Ibérica Galicia sería acusado -al caer de 14 a 11-12-, los ministros socialistas ya se lanzaron en tromba contra Feijóo. Su máxima, deslegitimar su estrategia de oposición y ratificarse en la decisión de promover una ley de amnistía con el argumento de que el PP no dudaría en hacer lo propio. Cuando el presidente del PP trata de nacionalizar la campaña de las gallegas para trasladar a las urnas el coste de los pactos del PSOE con los independentistas, los socialistas entran de lleno en este marco para voltearlo a su favor.

No solo neutralizar a Feijóo, sino empujarlo en la última semana de campaña hacia un atolladero que ya le jugó una mala pasada en las últimas elecciones generales. Los socialistas consideran ahora ratificada la tesis que vienen manteniendo de que “si Feijóo no dependiera de Vox, habría aprobado la amnistía” para gobernar con los votos de Junts. En Moncloa y en Ferraz ha visto una oportunidad de oro las informaciones sobre que el líder del PP exploró esta opción en conversaciones con Junts el pasado verano, para desecharla en prácticamente 24 horas, pero plantearse el indulto a Carles Puigdemont. Una medida de gracia que, como publicó El Periódico de España, en la cúpula del PP defienden como “una posibilidad” si existe “un interés de reconciliación real” y una renuncia expresa a la unilateralidad. Condiciones que, según matizaba este domingo, Feijóo, no se dan en estos momentos: "Dije y digo que no porque no se dan las condiciones".

Las matizaciones del líder del PP, atrapado en la polémica, no han hecho más que reafirmar a Ferraz y Moncloa con su relato. "Es gordo", señalaban fuentes del Gobierno para avanzar que en las próximas horas seguirán dirigiendo sus reacciones a este cambio de posición. "Todo se sabrá", señalaban por su parte en la dirección del partido para argumentar que estas informaciones se conocen debido a la amenaza de Carles Puigdemont en una carta remitida esta semana a los eurodiputados a la que añadía que no saldrían adelante las acusaciones de terrorismo si hubiese investido con sus votos a Feijóo.

Zapatero ya se centró en explicar que saliesen a la luz "las mentiras" del PP por la amenaza del "todo se sabrá" de Carles Puigdemont. Según su relato de los hechos, el expresident lanzó este aviso solo unas horas antes de que el PP hiciese "control de daños" y se decantase por "una voladora controlada". "Si esto es controlada, cómo será la no controlada", se preguntó para vaticinar que el PP "tendrá turbulencias" y que "Ayuso ya está calentando para saltar a la cancha".

El cisne negro en la campaña al que se quiere agarrar el PSOE, como última oportunidad para combatir los sondeos y empujar un vuelco electoral que en cualquier caso lideraría el BNG, ha dejado en segundo lugar la receta empleada hasta ahora por el PSOE. Sin demasiados resultados por el momento, la apuesta se centraba hasta el sábado por la noche en redoblar los anuncios en clave económica.

Cambio de discurso

Desde que la semana previa al arranque de la campaña el presidente del Gobierno se desplazase a Navantia Ferrol para anunciar la construcción de un nuevo buque de la Armada, Sánchez dio el pistoletazo de salida a la ampliación del Aeropuerto de Barajas, con una inversión de 2.400 millones, llevó al primer Consejo de Ministros celebrado durante la campaña electoral la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) -tres semanas después de firmarse el acuerdo con los sindicatos- y este viernes anunció en un acto institucional en A Coruña la creación de la Oficina Nacional de Asesoramiento Científico.

La campaña basada en anuncios con el apoyo del BOE y el Consejo de Ministros no resultó fructífera en las pasadas elecciones municipales y autonómicas. Una estrategia que no pretende ahora replicarse de cara al 18-F, pero sí utilizarla de apoyo para reforzar el mensaje de que “España va en la buena dirección, y que nuestra economía crece, crea empleo y lo hace en contextos internacionales complicados”, según el argumentario del partido. El pasado sábado, durante un mitin en Vigo, Sánchez anunció que el Gobierno aprobará en el Consejo de Ministros de este martes un fondo del ICO para avalar la compra de vivienda por los jóvenes dotado con 2.500 millones de euros.

Los socialistas aducían que el PP quiere nacionalizar la campaña y hablar de la amnistía porque “no quiere hablar de que España va bien”. Frente al “ruido” buscaban responder con la bandera de la “política útil” y la templanza como seña de identidad. Imponer el mensaje de la gestión y los datos económicos y de creación de empleo a nivel estatal en contraposición a los gallegos.

Los ministros socialistas, que están desembarcando en Galicia para arropar al candidato del PSdeG, José Ramón Gómez Besteiro, al igual que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, tienen ahora el cometido de buscar el cuerpo a cuerpo con Feijóo. Apostar la movilización en la última semana de campaña a destapar las supuestas contradicciones del PP, convencidos de que un aumento de la participación en pocos puntos de los votantes progresistas producirá un vuelco electoral.

La tesis del terrorismo

“La desfachatez del PP de Feijóo no tiene límites. Dijo que no es Presidente porque no quiso y ocultó a los españoles que estaba dispuesto a conceder indultos. Frente a sus mentiras, el Gobierno seguirá trabajando por la convivencia en Cataluña y en toda España”, resumía la vicepresidenta primera y número dos del PSOE, María Jesús Montero, a través de la red social X.

La otra tesis del Gobierno sobre la que se ratifican por las reflexiones lanzadas desde la dirección de Génova es que no hubo terrorismo durante el ‘procés’. Precisamente, los indicios que apunta en su auto el juez de la Audiencia Nacional, Manuel García Castellón, sobre la causa de Tsunami Democràtic que, entre otros, situaría fuera del perímetro de la amnistía al expresident catalán. Las fuentes próximas a Feijóo citadas por este medio reconocen ahora que ven “dificultades” para que se pueda probar realmente que Puigdemont cometió delitos de terrorismo. Los populares siguen defendiendo que hubo "terror" en algunos disturbios en Cataluña, pero cambian de estrategia y afirman que "no son jueces a diferencia del Gobierno".

El ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, ironizaba con que, coincidiendo con la entrega de los premios Goya, “el PP y Feijóo nos cuentan que su oposición apocalíptica a la amnistía es solo una interpretación” y que “saben que no hubo terrorismo y quieren la reconciliación y los indultos”. Tras ello, se preguntaba si en el PP “pedirán perdón por las barbaridades que nos han dicho”.

El liderazgo de Feijóo

Desde el PSOE pretenden desactivar el debate territorial y el efecto de los acuerdos con los independentistas desde la perspectiva de que el PP no dudaría en plantearse soluciones similares para la "reconciliación". La movilización para recuperar terreno se trata de empujar combatiendo modelos, pero también con el discurso más emocional de que el cambio es posible en Galicia tras cuatro legislaturas consecutivas con mayoría absoluta del PP. Combatir la paradoja de que, según su análisis, los gallegos querrían cambio pero creen que no es posible.

La fortaleza que reconocen al BNG no ayuda a sus expectativas por el efecto del voto útil dentro del voto progresista, si bien en Ferraz firman con espantar el fantasma del desgaste y contribuir a que sume una mayoría progresista para alinearla con el Ejecutivo central. Un escenario más propicio para encarar el ciclo electoral que continuará con las vascas y las europeas el próximo 9 de junio.

En la dirección del PSOE se abona la tesis de que una derrota de los populares complicaría la continuidad de Feijóo al frente del partido o, al menos lo debilitaría para el duelo de las europeas, poniendo en cuestión su estrategia de oposición. Según subrayan en Ferraz, la mayoría está más ajustada de lo que señalan los sondeos y los últimos días de campaña tendrán gran relevancia por las cifras de indecisos que antes de iniciarse la campaña se acercaba a un tercio de los votantes.

La clave estará, según su lectura, en los últimos escaños en juego en A Coruña y Pontevedra. Las dos circunscripciones en las que Sumar tiene más opciones de obtener representación y arrebatarle con ello el último diputado al PP. Si la plataforma liderada por la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz no consigue representación, el bloque progresista podría ganar en votos, pero no en escaños.