COMPETENCIA EN EL "NORTE EXTREMO"

La OTAN alerta contra una escalada militar de Rusia en el Ártico

  • Putin acaba de botar el rompehielos más grande del mundo

  • La Alianza advierte de que Moscú está renovando bases soviéticas para controlar esa zona de alta importancia geoestratégica

  • El deshielo debido al cambio climático promete nuevas rutas comerciales

Un helicóptero sueco, posado en un iceberg en el ártico canadiense, el pasado 25 de julio de 2019.

Un helicóptero sueco, posado en un iceberg en el ártico canadiense, el pasado 25 de julio de 2019. / Inner Space Center via REUTERS

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Rusia ha botado este martes un flamante rompehielos atómico. Se llama Yakutia y es de la serie 22220, la de mayor envergadura del mundo, con 170 metros de eslora y un fornido escudo que rompe el hielo mientras navega propulsado por dos reactores nucleares, diseñados por la agencia atómica rusa. Vladímir Putin ha presidido en San Petersburgo la ceremonia de botadura. “Incrementaremos el potencial de nuestra flota de rompehielos atómicos” ha dicho el presidente ruso, para desarrollar una Ruta Marítima Ártica que “permita a Rusia aprovechar todo su potencial exportador”.

En los próximos cinco años está prevista la salida de los astilleros rusos de otros tres de estos barcos, que se unirán a una flota que tiene ya siete rompehielos nucleares y otros 30 de motor diésel. Estados Unidos y China tan sólo tienen dos, y son diésel. Sólo los nucleares garantizan poder navegar durante todo el año, incluyendo el duro invierno de temperaturas medias de -40ºC. 

San Petersburgo, Rusia, 22 de noviembre de 2022.- Botadura del rompehielos Yakutia

/ REUTERS/Igor Russak

Rusia es la potencia ártica por excelencia, y quiere crear una ruta logística alternativa a la que pasa por el Canal de Suez. Pretende unir sus mares del norte con los puertos del sur de Asia aprovechándose de un aliado inesperado: el cambio climático. 

“El Ártico se está calentando tres veces más rápido que el resto del mundo y podría quedarse sin hielo tan pronto como en 2050, haciéndolo más navegable para los cargueros de mercancías”, explica a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA desde Moscú Pavel Devyatkin, del centro de estudios para la seguridad polar The Arctic Institute. Se empezó a hablar con mucho interés de esa ruta del norte tras el bloqueo del Canal de Suez por el atasco de un barco en 2021. La alta demanda y precio del petróleo y del gas ruso por parte de India o China han hecho el resto. La protección de esa joya económica explica en parte la renovada presencia militar rusa en esa zona, explica el analista. Desde que comenzara la invasión de Ucrania, Rusia ha realizado una serie de movimientos militares en el Ártico que preocupan en las cancillerías occidentales. Moscú proyecta en el Ártico un poder en el que no tiene rival.

Imágenes satélite recientes de los servicios de inteligencia israelíes han mostrado el traslado de siete de los bombarderos rusos más grandes (cuatro Túpolev Tu-160 y tres Tu-95) a una de sus bases en el círculo polar ártico cercanas a Finlandia, la de Olenya, en la Península de Kola. Unos movimientos que se han producido en medio del ruido de sables nuclear provocado por el Kremlin. 

Mientras, la zona se está convirtiendo en un lugar más inestable para la aviación. Rusia está aumentando las advertencias a los pilotos de otros países que operan en la zona sobre posibles riesgos. Se conocen como avisos NOTAM (Notices To Aviation Messages, en sus siglas en inglés) y son una forma habitual en que las autoridades de aviación de un país avisan a los tripulantes de las aeronaves de peligros a lo largo de una ruta de vuelo. Esas notificaciones se han incrementado en los últimos meses, según un análisis recogido por el The Barents Observer. Van desde advertencias de caídas de restos de misiles lanzados por el Ejército ruso a alertas por maniobras militares de artillería. 

En este contexto, el pasado 19 de septiembre los guardacostas de Estados Unidos se encontraron por sorpresa con barcos de guerra chinos y rusos operando en formación en aguas del Mar de Bering, cerca de Alaska. 

Cabe recordar también que Rusia tiene a su Flota Norte y sus submarinos nucleares en la Península de Kola del Ártico.

Alertas de la OTAN

Hay ocho países que comparten partes del Ártico. Cinco de ellos pertenecen a la OTAN (Estados Unidos, Canadá, Dinamarca -el autónomo de Groenlandia-, Noruega e Islandia). Dos están a un paso de hacerlo (Suecia y Finlandia). El otro es Rusia. A esta ecuación geopolítica se quiere sumar China, que se autodefine como “país cercano al ártico”, porque aunque no tiene territorio allí, sí ostenta un enorme interés geoestratégico en la región. De su fondo de la Ruta de la Seda han salido miles de millones de dólares en proyectos de hidrocarburos en la península de Yamal, una auténtica “gasolinera” rusa desde donde se exporta buena parte del gas y petróleo al resto del mundo. 

En la Asamblea de la OTAN de Madrid de este lunes, Islandia ha advertido de que, aunque su “objetivo es cooperar en el Ártico”, la Alianza “tiene que prepararse para una posición de confrontación de Rusia".

El secretario general de la organización, Jens Stoltenberg, ha querido tranquilizar a los aliados y dice que están preparados. “La OTAN es también una alianza ártica con siete de los ocho países del Ártico”, ha dicho el noruego. Desde que comenzó la guerra, Stoltenberg ha venido advirtiendo contra la creciente militarización rusa de la zona. La OTAN considera el aumento de la presencia de Rusia en el Ártico como un desafío. “Rusia ha establecido un nuevo Comando Ártico. Ha abierto cientos de nuevos y antiguos sitios militares del Ártico de la era soviética, incluidos aeródromos y puertos de aguas profundas. Rusia también está utilizando la región como banco de pruebas para muchos de sus nuevos sistemas de armas", afirmó Stoltenberg tras una visita a los territorios árticos.

Occidente también enseña músculo en la zona. En marzo, la OTAN realizó unos ejercicios militares anuales “Respuesta Fría 2022” con 30.000 soldados desplegados en zonas como Bjerkvik, en el círculo polar ártico noruego. Durante casi todo el mes de octubre, ha desplegado más de 60 aviones en la zona dentro de sus ejercicios militares nucleares “Luna Firme”. 

24 de marzo de 2022.- Miembros del ejército noruego participan en las maniobras militares Cold Response 2022

/ YVES HERMAN

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Son todo indicios de una especie de nueva Guerra Fría, muy fría, en la zona. Entre otras cosas, porque los foros multilaterales han caído como daños colaterales de la invasión rusa de Ucrania. A principios de marzo, a las pocas semanas de que comenzara la guerra, se suspendieron las reuniones del Consejo del Ártico, el principal foro de cooperación entre esos ocho Gobiernos. 

“La región del Ártico se ha puesto entre las primeras preocupaciones geopolíticas de Estados Unidos, Rusia y China por su posición estratégica: es la distancia más corta para los misiles entre los dos primeros”, explica Devyatkin. Aunque si hay un conflicto en el Ártico, alega, en realidad tendrá poco que ver con lo que ocurre en ese “Norte Extremo”. No será por una reclamación de territorio, por ejemplo. Hay foros que han funcionado durante mucho tiempo para solucionar las disputas en esta región rica en recursos, entre otros el CCL de Naciones Unidas que aplica los tratados ya firmados entre los países para dirimir los diferendos. Por el momento, todo está pausado por la situación en Ucrania. La gran cuestión en el aire gélido del ártico es si la guerra dará paso a una carrera geopolítica alrededor del Polo Norte entre potencias, acelerada por el deshielo y el cambio climático.