PALESTINA 2022 (I)

Del lugar más profundo de la tierra al más santo: retratos de la ocupación israelí de Palestina

Jerusalén,  19 de septiembre de 2022.- Imagen de un grafiti sobre el muro de separación levantado por Israel para separar el territorio palestino.

Jerusalén, 19 de septiembre de 2022.- Imagen de un grafiti sobre el muro de separación levantado por Israel para separar el territorio palestino. / Issam Rimawi

Esta es la primera entrega de una serie de reportajes sobre la situación de la ocupación de Palestina antes de las elecciones israelíes del 1 de noviembre. Ha sido elaborada con más de una veintena de entrevistas a funcionarios y activistas palestinos, gente de a pie, diplomáticos y miembros de ONG europeas e internacionales. Han sido realizadas entre el 18 y el 24 de septiembre en distintas ciudades de Cisjordania (Palestina), territorio ocupado por Israel desde 1967.

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La vida nocturna en Ramala está llena de sorpresas. La capital “de facto” de Palestina, sede de su Gobierno, tiene lujosos bares de copas que ocupan las azoteas de los edificios altos. Música árabe electrónica, éxitos occidentales y una clientela sofisticada que disfruta de alcohol etiqueta roja. Algunos coches caros, minifaldas y ropa ceñida. Es parte de la vida en los territorios ocupados por Israel desde 1967, pero tiene algo de espejismo. Al despertar, tras la fiesta, volverán a enfrentarse a la ocupación. Los 39.000 habitantes de Ramala, ricos y pobres, están atrapados en una densa telaraña de puestos militares de control que les impide moverse por su propio territorio. Lo mismo que el resto de los cinco millones de palestinos que viven en Cisjordania y la franja de Gaza, los dos territorios que conforman Palestina.

“La vida aquí apesta”, dice en voz baja un palestino de mediana edad cuando se da cuenta de que la larga cola en el puesto de control de Qalandia le va a impedir llegar a tiempo a su cita en Jerusalén Este. Empieza a enviar mensajes por el móvil, frenético y ceñudo. El checkpoint es una especie de hangar angosto donde se apelotonan centenares de personas que esperan a pasar por el detector de metales. Hay mucha gente mayor, ancianos, y mujeres con niños en brazos. Algunos se cuelan. La sensación es de claustrofobia. Se escuchan de vez en cuando los gritos de dos jóvenes soldados israelíes que les apremian. No tienen más de 20 años. Ellas y otros reclutas de su generación deciden quién atraviesa ese acceso que conecta Cisjordania con Jerusalén, epicentro económico de la zona, además de ciudad santa para judíos, cristianos y musulmanes. “No aguanto más que sea un veinteañero el que decida si ese día paso o no. Es humillante”, se queja a este diario Jad Isaac, un septuagenario profesor palestino educado en Londres que dirige un instituto de investigación en la ciudad de Belén. "Cuando era joven, iba a Jerusalén casi a diario. Mi nieta prácticamente ya no lo conoce”, se lamenta.

Belén (Cisjordania, Palestina), 20 de septiembre de 2022.- El muro de separación en el campo de refugiados Aida 

/ Issam Rimawi

El palestino-israelí es un conflicto eterno (tres cuartos de siglo) y aparentemente congelado en el tiempo. En realidad, es una bomba de relojería que explota cada pocos meses. Esta misma semana, Cisjordania ha vivido otro rebrote de la violencia. El jueves, Rayyan Suleiman, un niño palestino de siete años, murió de un ataque al corazón mientras huía de tropas israelíes. El Ejército hebreo asegura que entró en su pueblo, Tekoa, para buscar a "sospechosos" de haberles tirado piedras. Cada año, centenares de niños y adolescentes palestinos son detenidos y juzgados en Israel, según la ONG palestina Defense for Children International. 

En los últimos días, el ejército israelí está llevando a cabo operaciones militares en el territorio ocupado de Cisjordania. Las redadas comenzaron hace seis meses, tras una serie de ataques cometidos por palestinos o árabes-israelíes en suelo israelí en los que murieron 18 personas, tres de ellos en un ataque en Tel Aviv en abril. Este mismo miércoles, cuatro palestinos murieron en Yenín durante enfrentamientos armados con el Ejército israelí. Desde el comienzo de 2022, más de un centenar de palestinos han sido asesinados en episodios violentos con las fuerzas de seguridad israelíes en territorio cisjordano. Está siendo el año más sangriento en la zona desde 2015. 

Hebrón (Cisjordania, Palestina), 29 de septiembre de 2022.- Un palestino protesta contra la incursión israelí.

/ EFE/EPA/ABED AL HASHLAMOUN

Clasificación por colores

El “hotel con las peores vistas del mundo” es el The Walled Off, construido a pocos metros del enorme muro que separa a la ciudad palestina de Belén de Jerusalén. Una interminable barrera de separación ilegal de 500 kilómetros de longitud y hasta nueve metros de altura.

Belén (Palestina), 20 de septiembre de 2022.- El hotel del artista británico Bansky frente al muro de separación israelí en Belén, Cisjordania.

/ M.S.

El hotel es una excentricidad del misterioso artista británico Banksy. Tiene salones lujosos, un piano bar y obras de arte que valen centenares de miles de euros. El famoso grafitero ha dejado su huella por toda Palestina para denunciar el muro de separación y la ocupación del territorio palestino. En el establecimiento hay un pequeño museo que explica el conflicto. En él se puede ver una vitrina con los distintos tipos de identificación por colores que se le asignan a los palestinos. Los que residen en Jerusalén Este (la parte de la ciudad predominantemente árabe) portan un carnet de color azul. Los que viven en las ciudades del resto de Cisjordania (Ramala, Nablús, Jericó, Belén, etc.) llevan uno verde. Estos necesitan permisos especiales para entrar en Jerusalén. Los de Gaza, con un identificador también verde, prácticamente no pueden moverse de la estrecha franja. Hay, además, otras dos categorías de palestinos: los que se han ido del país y viven en el exilio o en campos de refugiados y no pueden volver. Y los árabes que se quedaron en Israel y tienen nacionalidad israelí.

El conflicto comenzó en 1947, cuando Naciones Unidas partió el entonces protectorado británico de Palestina en dos zonas, una para los palestinos que vivían allí y otra para los judíos que llegaban por miles de todo el mundo huyendo de la persecución o buscando Tierra Santa. Se complicó en 1967, tras la guerra entre varios países árabes e Israel. El ejército judío ganó y conquistó parte del territorio palestino, que ocupa y controla desde entonces por tierra, mar y aire. La franja de Gaza, bañada por el mediterráneo, es en esencia una cárcel al aire libre con la entrada y salida de personas y mercancías drásticamente restringida. Casi nada entra, casi nadie sale. Ya en el interior, separado de Gaza, está Cisjordania, un territorio ocupado parcialmente por Israel y repleto de colonias israelíes, ilegales para la comunidad internacional. El territorio ocupado palestino está formado por una serie de “bantustanes” aislados unos de otros, con checkpoints continuos y rodeados de carreteras de uso exclusivo para israelíes. Cisjordania está jalonada por más de 250 asentamientos israelíes levantados sobre territorio palestino. Allí viven más de 630.000 colonos judíos, según los datos más recientes de Naciones Unidas. 

Colonos extremistas

Una de esas colonias es Kochav Shachar. Está en lo alto de una colina en pleno valle del Jordán, una zona inhóspita y montañosa de color ocre, con aspecto de desierto yermo pero que es, en realidad, el área más fértil de Cisjordania. Kochav Shachar es un asentamiento judío, una comunidad religiosa habitada por cerca de 2.000 israelíes que siguen fielmente la Torá. Un poco más abajo, varios de los llamados “puestos de avanzadilla” (outpost), casas individuales alejadas unos centenares de metros de la colonia, ocupadas por las familias que más fervientemente creen que ese territorio (Judea y Samaria para los israelíes, Cisjordania para los palestinos y la comunidad internacional) es suyo. El objetivo es ir reclamando territorio, vigilar y molestar a los palestinos que viven un poco más abajo, en la comunidad beduina de Eim Samiya, explica un activista australiano que prefiere no dar el nombre de la ONG internacional a la que pertenece para evitar represalias israelíes.

En Eim Samiya viven 200 beduinos palestinos. El poblado está ahora en el epicentro de un conflicto diplomático entre la Unión Europea e Israel, que quiere derribar un pequeño colegio levantado con dinero europeo para que los niños de esa comunidad no tengan que viajar los 15 kilómetros que les separan de la escuela más cercana.

Eim Samiya (Cisjordania, Palestina), 21 de septiembre de 2022.- Poblado beduino en el Área C de Cisjordania, controlada por Israel. Al fondo se ve el asentamiento judío Kokhav HaShahar

/ Mohammad Silwadi

Representantes de la UE, embajadores y cónsules organizaron el pasado 12 de agosto una visita a la escuela para protestar por la decisión de un tribunal israelí de derribar el colegio. “Israel, como potencia ocupante, debe respetar el derecho a la educación bajo la legislación internacional”, dijo el representante de la UE para Palestina, el alemán Sven Kuhn. “Los niños palestinos del Área C, Gaza y el resto de las áreas ocupadas tienen derecho a acceder fácilmente a sus colegios”.

El Área C es una de las claves del conflicto actual. En los acuerdos de Oslo de 1993-95, firmados por el líder palestino Yasir Arafat y el primer ministro israelí Isaac Rabin, se dividió de forma transitoria el territorio de Cisjordania en tres zonas: Área A, bajo control de la autoridad palestina; Área B, administrativamente palestina pero con la seguridad controlada conjuntamente con Israel; y Área C, bajo administración israelí. Esta ocupa el 60% del territorio de Cisjordania. En principio no se puede construir, pero la expansión de los asentamientos israelíes continúa y hay un plan explícito de anexión lanzado por el ex primer ministro Benjamin Netanyahu, que gobernó Israel durante 12 años hasta el pasado año y que que está de nuevo en cabeza en las encuestas para las elecciones del próximo 1 de noviembre.

“Los colonos bajan a atacarnos con palos a cuyo extremo atan cuchillos”, asegura el portavoz de los beduinos, Muhammad Kaanba. “Se cubren el rostro. Nosotros llamamos a la policía israelí pero no hacen nada”, dice en un remedo de casa fabricada con vigas estrechas y tablones de madera. Esa misma mañana, un bulldozer israelí ha ido a derribar un corral para los animales que acababan de construir. Dejaron atrás un amasijo de hierros y piedras. No tenían permiso. En el Área C no se puede construir, salvo si se trata de un puesto militar o, de facto, de un asentamiento israelí.

El mercado inmobiliario de Jericó

Más al norte de Eim Samiya, todavía en el valle del Jordán y cerca de la frontera con Jordania, está la ciudad de Jericó. Es un oasis ubicado a 258 metros por debajo del nivel del mar, el lugar más profundo de tierra firme. Hay grandes plantaciones de palmeras y se cosechan y envasan dátiles. “Son mucho mejores que los israelíes porque usamos agua natural y no aguas residuales”, dice el director de la que es la mayor de las productoras de la ciudad. Cuanto más grandes y carnosos, más caros. 

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En Jericó se está produciendo un boom inmobiliario, cuenta una agente palestina que dice estar ganando grandes sumas en los últimos meses. Las clases pudientes palestinas invierten allí; algunos tienen su segunda vivienda en este lugar, de clima cálido en invierno. Fluye también parte del dinero de altos funcionarios palestinos, acusados por la comunidad internacional y por parte de su propio pueblo, especialmente la gente joven, de corrupción. El índice de percepción de la corrupción sitúa a la Autoridad Palestina en la posición 107 de los 158 países analizados por Transparencia Internacional.

Ramala (Cisjordania, Palestina), 19 de septiembre de 2022.- Un grupo de jóvenes palestinos observa un puesto de avanzada israelí desde el que, dicen, les atacan.

/ M.S.

La corrupción es uno de los problemas que provoca desafección popular hacia la Autoridad Palestina en Cisjordania, gobernada por Fatah. El partido fundado por el histórico Yasir Arafat está ahora liderado por Mahmoud Abbas, un anciano de 87 años que es también el presidente de Palestina. En Gaza gobierna Hamás, un partido islamista incluido en la lista de terroristas por Estados Unidos, Israel o la UE. Ambos partidos rompieron la unidad tradicional tras las elecciones de 2006, en las que salió ganador Hamás pero cuyo resultado no fue reconocido, y que acabaron en un sangriento enfrentamiento. “Palestina está en una de las peores situaciones de su historia porque no hay horizonte político claro, la situación económica es muy complicada y la atención internacional está desviada hacia el conflicto de Ucrania”, dice Amal Jadou, viceministra de Exteriores palestina. Ambas facciones políticas palestinas celebran este domingo una reunión en Argelia para retomar el diálogo de reconciliación nacional. Uno de los objetivos es realizar unas nuevas elecciones, siempre que Israel permita celebrar los comicios también en la Jerusalén ocupada.