OPINIÓN

España y Alemania: justicia poética

El gobierno español gravará a las energéticas para ayudar a las familias. El alemán gravará a hogares y empresas para rescatar a las gasistas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al canciller alemán, Olaf Scholz, después de su reunión en Berlín.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al canciller alemán, Olaf Scholz, después de su reunión en Berlín. / EFE/EPA/FILIP SINGER

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En España, el Gobierno ha fijado un gravamen sobre las grandes energéticas (también sobre la banca) para que aporten recursos con los que financiar políticas de alivio a favor de familias y empresas asfixiadas por la inflación y el encarecimiento desmedido de la electricidad.

En Alemania, el Gobierno ha fijado un gravamen sobre familias y empresas para que aporten recursos con los que financiar políticas de alivio a favor de las energéticas asfixiadas por el progresivo cerrojazo ruso del gas.

El paralelismo es evidente. Pero es justo a revés. En España, las grandes energéticas pondrán dinero para ayudar a las familias. En Alemania, las familias pondrán dinero para rescatar a las energéticas. Hogares y empresas alemanas pagarán a partir de octubre a las gasistas un recargo de 2,4 céntimos por kilovatio hora (unos 500 euros al año para una familia de cuatro miembros). Y aunque cuatro días después de fijar esta tasa, el Gobierno alemán, en una extraña decisión, anunció este jueves una rebaja del IVA del gas del 19% al 7%, lo cierto es que lo que pretende el Ejecutivo germano es que la tasa de 2,4 céntimos proveniente de los consumidores contribuya a evitar la quiebra de las gasistas (ya ha tenido que ser rescatada con dinero público Uniper, la mayor importadora de gas ruso).

Lo que está en juego -añaden- es garantizar el suministro de energía a la población. Se argumenta, además, que un colapso del sistema energético alemán arrastraría a la mayor parte del europeo. Es como cuando el Gobierno español adoptó el rescate de la banca, en 2012, con dinero público para garantizar los ahorros y el crédito a la población y evitar una crisis sistémica en el sistema financiero europeo. Otro paralelismo más.

Cualquiera que se empeñe en ello puede encontrar cierta justicia poética en la actual necesidad de Alemania de pedir ayuda energética España (a través de un gasoducto que permita conducir el gas almacenado en España) y en su emergencia por rescatar a sus gasistas. Hace unos años era España quien, en un plano de inferioridad, pedía árnica de Alemania. Ahora es al revés. Hace unos años, Alemania acusaba al Sur de haberse endeudado por encima de sus posibilidades. Ahora es al revés.

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