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Las críticas de cine de la semana: 'Hasta los huesos...', 'Pinocho de Guillermo del Toro', 'Historias para no contar'...

Taylor Russell y Timothée Chalamet en ’Hasta los huesos (Bones and All)’.

Taylor Russell y Timothée Chalamet en ’Hasta los huesos (Bones and All)’.

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'Hasta los huesos (Bones and All)' ★★★★

Aunque podrían buscarse paralelismos con otras películas que han tratado el tema del canibalismo desde una cierta abstracción formal, como Trouble Every Night de Claire Denis, o acercándose la temática desde una perspectiva más realista, tipo ¡Viven!, el último filme de Luca Guadagnino remite mejor a una estimulante tradición del cine norteamericano, la de los relatos de adolescentes en fuga. De este modo, el principal referente de Hasta los huesos (Bones and All) sería Malas tierras de Terrence Malick: dos jóvenes huyendo en coche, en un caso de la policía, en el otro de su propio instinto como devoradores de carne humana, recorriendo el país mientras intentan encontrar un destino y un sentido a sus aciagas existencias.

La luz, los cuerpos, el itinerario, incluso la banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross, remiten poderosamente a la primera película de Malick. Sin embargo, el de Guadagnino no es un filme deudor ni tributario. Su forma de encarar el canibalismo, como hizo Jim Jarmusch con el vampirismo en Solo los amantes sobreviven, es frontal, realista, sin medidas tintas. Unos matan para comer. Otros huelen un cuerpo que está a punto de fallecer y esperan pacientemente para saciar su sed de carne humana. Guadagnino no juzga. Comprende. Tan siquiera es efectista pese a algunas escenas gore absolutamente necesarias para la evolución de la historia. Su película es un retrato de la soledad, como ha hecho en otros filmes en apariencia más convencionales. Este es transgresor sin epatar (y con cameo de David Gordon Green, el último oficiante de la saga Halloween). Quim Casas

‘Pinocho de Guillermo del Toro’ ★★

Esta nueva versión de Pinocho lleva el nombre de su director pegado al título para diferenciarla de otras lecturas cinematográficas de la popular novela de Carlo Collodi. Popular e igual libre de derechos, porque en los últimos tres años se han realizado otros dos filmes además de este, el de Matteo Garrone con Roberto Benigni como Gepetto y el de Robert Zemeckis con Tom Hanks en el mismo papel, el del creador de la marioneta de madera y larga nariz con conciencia humana.

No falta la secuencia en el interior de la ballena, aunque aquí se trate de una extraña criatura marina, más feroz aún que el cetáceo original, ni las mentiras que hacen crecer más y más el apéndice nasal de la marioneta viviente. Pero esta adaptación en stop motion y números cantados se ambienta en otra época, la Italia de entreguerras, la que ve crecer el fascismo, lo que pone a Pinocho, Gepetto y el Grillo ante situaciones bien distintas a las imaginadas por Collodi en su libro de 1883.

La carga o contexto político, con todo, con la inclusión de las escenas dominadas por el fascista del pueblo y su obsesión en convertir a Pinocho en el soldado de madera invencible e inmortal, resulta insuficiente para dotar de mayor envergadura o personalidad a esta película algo complaciente, repleta de excelentes ideas visuales, eso sí, es un filme de Guillermo del Toro, pero lastrada por sosas escenas musicales. Quim Casas

'La mujer rey' ★★

Aunque usa su conciencia de género y raza como prueba de su originalidad, esta epopeya histórica se sustenta sobre los mismos clichés narrativos que títulos como Braveheart y Gladiator. Y entretanto, mientras rinde tributo a las Agojie -grupo exclusivamente femenino de soldados que protegieron fieramente el reino africano de Dahomey hasta principios del siglo pasado-, demuestra no estar segura de si prefiere funcionar como cine de acción o explorar con un mínimo de hondura asuntos como el esclavismo, el colonialismo y el abuso sexual.

Su mejor baza son el puñado de secuencias de combate que se desperdigan a lo largo de su metraje, a la vez vistosas y cargadas de significado; estas guerreras batallan para exorcizar los traumas que acarrean por ser mujeres, y eso dota sus coreografías de lucha de un componente catártico. Es una lástima, pues, que la película muestre mucho más empeño en apilar subtramas que hablan de venganzas, romances prohibidos y parientes perdidos improbablemente redescubiertos, y que la adentran a empujones en terreno melodramático.

En cambio, La mujer rey no se molesta en profundizar en la historia de las Agojie, ni en poner en sus bocas más que aforismos y discursos motivadores, ni en darnos más motivos que su feminidad para justificar por qué debemos estar de su parte y no de la de sus enemigos. Está tan ocupada en subrayar su relevancia simbólica que se olvida de hacerlas interesantes. Nando Salvá

'Historias para no contar' ★★★

A Cesc Gay siempre le han gustado los relatos corales. A través de ellos ha compuesto una serie de puzles contemporáneos sobre las miserias de nuestro tiempo y, casualmente (o no), en casi todos había historias para no contar, como reza el título de su nuevo trabajo. Sus personajes siempre tenían algo que era mejor esconder en la trastienda, que era mejor que no viera la luz y que tenía que ver no solo con los secretos inconfesables, sino también con prejuicios, con los juicios morales. 

Su nueva película podría ser la cara B de lo que supuso Una pistola en cada mano aunque, en realidad, todas sus obras se encuentran de alguna manera conectadas entre sí y plantean temas similares en forma de rima asimétrica. En esta ocasión el director vuelve a abordar la masculinidad a través de su estancamiento y sus debilidades, entre la cobardía, los tabús y el amor propio. Lo hace a través de pequeñas fábulas morales que nos destapan las mentiras que se esconden bajo la máscara de las apariencias y que se encargan de evidenciar el verdadero rostro bajo la pátina de las buenas intenciones. Entonces, la hipocresía se revela, así como la sinceridad o su ausencia. Relaciones estancadas, transfobia, suggar daddys, infidelidades, expectativas vs. realidad. Un mosaico que en manos del director resulta tan ágil como cercano y que cuenta con una nómina de actores en estado de gracia en sus minúsculas aportaciones. Beatriz Martínez

'Abrázame fuerte' ★★★★

La trayectoria del excelente actor Mathie Amalric como director ya cuenta con siete largometrajes y unos documentales dedicados al autor de cómics Joann Sfar y al músico de vanguardia John Zorn. Cada vez más seguro de sus posibilidades con la cámara, tras adaptar a Georges Simenon –La habitación azul– o rodar un anti-biopic sobre la cantante Barbara, nos sumerge ahora en un bello y sofisticado, triste y doloroso, estado mental.

La primera secuencia muestra como una mujer abandona su casa, y con ella a su pareja y dos hijos. Sobre el papel, Abrázame fuerte gira en torno a la huida de esta mujer, Clarisse. Pero pronto, mediante imágenes que no concuerdan entre sí, voces que anticipan hechos que no se han producido y un meticuloso trabajo de montaje que relaciona lo que hace la mujer con lo que intentan hacer los suyos tras el abandono, Amalric nos coloca ante una duda que poco a poco se convierte certeza: ¿estamos viendo realmente a una mujer que huye de su familia?

El dispositivo nos sitúa en las marismas del cine que abole el relato tradicional, pero todo encaja delicadamente y vamos comprendiendo con tranquilidad lo que ocurre por un lado y lo que el cineasta nos muestra por el otro. Este preciado sistema de contar no habría sido lo mismo sin el prodigioso trabajo de Vicky Krieps, la actriz de El hilo invisible, La isla de Bergman y la inmediata La emperatriz rebelde. Quim Casas

'Close', de Lukas Dhont ★★★★


En su segundo largometraje, el belga Lukas Dhont contempla cómo un atisbo de felicidad inmaculada se ve brutalmente corrompido por las presiones sociales. Su premisa, en concreto, es una amistad tan intensa entre dos preadolescentes que, cuando uno de ellos decide romperla por miedo al bullying y la exclusión, el otro corta el vínculo de la manera trágica y definitiva. Considerando que su detallada mirada a una niñez marchitada resulta suficientemente conmovedora por sí misma, la necesidad de recurrir a un giro argumental tan drástico es debatible, y habrá quien lo considere una forma de abrir la puerta al melodramatismo facilón.

Pero ni ese golpe de efecto ni la excesiva autoconsciencia que por momentos aqueja en su esfuerzo por resultar pudorosa menoscaban la eficacia de la película a la hora de extraer emotividad rotunda a través de la sutil observación; como ya hizo en su ópera prima, Girl -historia de una joven ‘trans’ que sueña con convertirse en bailarina-, Dhont logra extraer la máxima expresividad de los rostros de sus protagonistas, leyendo en ellos el tipo de sentimientos que los niños a menudo sienten pero aún no entienden. Y en el proceso ofrece reflexiones cautivadoras acerca de la amistad y sobre todo de la soledad, de cómo nuestra personalidad se ve deformada por la carga de los prejuicios, y tanto del dolor que madurar obliga a sobrellevar en silencio como del que obliga a infligir a los demás. Nando Salvá



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