NUEVO CURSO

Después de la tormenta: el arte vuelve a la normalidad

Deslocalización de exposiciones, auge de lo virtual y los NFTs, unas compras afectadas por la crisis general, museos y galerías que son algo más que espacios expositivos... En el mundo del arte postpandémico, todo cambia pero todo sigue más o menos igual

Público viendo una exposición en el CA2M.

Público viendo una exposición en el CA2M. / Cedida

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Tras la enésima ola de COVID (¿octava?, ¿novena?), el arte español se prepara para la madre de todas las rentrées. Sin mascarillas ni restricciones a la vista, galerías e instituciones encaran un comienzo de curso como los de antes del fin del mundo. Pero, tras la excepcionalidad, la nueva normalidad y la normalidad vulgar, ¿ha cambiado algo?

"Creo que lo primero es asumir que todas esas cosas acerca de lo reforzados que íbamos a salir y sobre la normalidad a la que nadie parecía querer volver se han quedado en nada", reflexiona el comisario y crítico Ángel Calvo Ulloa. "Somos los mismos que en enero de 2020, más controlados, eso sí. Si algo nos ha dejado esto, además de la evidencia de que ante una pandemia no todos éramos iguales —sino más bien todo lo contario—, es que este sistema se ha construido a partir de la premisa del sálvese quien pueda. Y la pandemia nos lo demostró una vez más".

Hay un cansancio real y existencial por la sucesión de ferias, el llamado 'fairtigue'"

Rebeca Blanchard, galerista

Septiembre de 2022 llega tras unos meses de acelerón en los que se ha despachado todo lo pendiente: ferias solapando sus ediciones, inauguraciones sucediéndose a un ritmo vertiginoso, etcétera. "Por lo que he visto en eventos como la Bienal de Venecia o Art Basel, el público ha vuelto como antes, aunque hay una nueva conciencia, que ya estaba surgiendo antes de la pandemia: un cansancio real y existencial por la sucesión de ferias, el llamado 'fairtigue', que sufren tanto las galerías como los visitantes", dice la galerista Rebeca Blanchard.

Ella, como otros tantos galeristas, ha explorado otros modos de plantear exposiciones, intentando evitar, en la medida de lo posible, el estrés que se impone en el sector. "En el 2021, por ejemplo, apostamos por un modelo que había lanzado la galería Bombon Projects de Barcelona en el 2020, dirigido a nuestros clientes locales y nos unimos —a ellos y a la Galería Joan Prats— para abrir un espacio colectivo temporal en Fonteta, un pequeño pueblo del Ampurdán, en defensa de un ritmo más lento de entender nuestra profesión y poniendo en valor el encuentro físico con la obra de arte, cuestionando el furor por las 'exposiciones online' y siguiendo el ejemplo de otras galerías deslocalizadas en los Hamptons o Aspen, en Mallorca o en Puglia".

Alex Nogueras y Rebeca Blanchard, fundadores de la galería NoguerasBlanchard, con sedes en Madrid y Barcelona.

/ Roberto Ruiz

"La secuela principal ha sido la caída de las ventas, ya que la gente tiene otras preocupaciones", declara la veterana galerista Helga de Alvear. "Es obvio que ha costado bastante", añade Paloma González Dotor, codirectora de la galería F2, "y desgraciadamente todavía no hemos vuelto a los niveles de visitas previos a la pandemia. Hay gente reticente a visitar las galerías y otra que, simplemente, se ha acostumbrado al mundo virtual".

Habrá que ver cómo madura el frenesí de lo virtual que, entre otras ocurrencias, ha provocado el auge, engrosamiento y estallido de la burbuja de los NFT. Irónicamente, las exposiciones digitales o las visitas en streaming han dejado claro que nada sustituye al encuentro directo con la obra; no porque el espectador, en presencia de un lienzo, experimente un éxtasis místico que no alcanza mediante Instagram. Más bien, porque los cuadros o las esculturas son objetos y su dimensión material (el color, la textura, el volumen de espacio que ocupan) se pierde a través de la pantalla.

El aumento del uso de las plataformas digitales como soporte para contenidos culturales ha venido para quedarse"

Pilar Soler Montes, comisaria

A pesar de eso, parece haber cierto consenso en que, como dice la comisaria Pilar Soler Montes, "el aumento del uso de las plataformas digitales como soporte para contenidos culturales ha venido para quedarse". A la inminente desaparición de las publicaciones periódicas en papel se ha sumado una creciente desaparición del público. Durante toda la pandemia, instituciones como la Fundación Juan March continuaron con su ciclo de conferencias a puerta cerrada, ofreciendo sus contenidos exclusivamente a través de su página web.

Espacios de transformación social

El Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M), cuyo público es esencialmente local, no turístico, solo registró una caída en torno al 30% de sus visitas durante el otoño-invierno del 2020. "También pudimos realizar casi siempre las actividades programadas (siempre gratuitas), aun contando con un aforo menor desde septiembre de 2020", explica Manuel Segade, su director. "El aprendizaje más complejo ha sido el de mantener el ansia de desinstitucionalizar o –si prefieres— un tono de baja institucionalidad en un momento en el que se pedía militarizar a los públicos. Hemos aprendido mucho aplicando el planteamiento habitual de este museo a la pandemia: los museos de arte contemporáneo son espacios que contribuyen a la transformación social".

Tendremos que permanecer atentos para ver cómo se resuelven o resucitan los traumas de estos dos años. "Ante el desconocimiento sobre qué nos depara el futuro, las vacunas, haber pasado la enfermedad y el aburrimiento, en estos momentos me agarro a la fe de que ya hemos superado este capítulo", reconoce Soler Montes. Calvo Ulloa, sin embargo, se siente menos optimista: "Dudo que haya pasado. De pronto nos asomamos a una nueva crisis que, aunque no es sanitaria, marcará aún más las diferencias. Imagino que muchas instituciones verán de nuevo sus presupuestos congelados, sesgados o directamente eliminados.

El modelo está claro, nos dirigimos desde hace años hacia la privatización masiva de lo público, hacia la concentración en manos privadas de la difusión del arte -del arte que ellos consideren económicamente rentable- y eso a unos cuantos les llenará el bolsillo". A Segade le llaman la atención "los efectos 'morales'. Por ejemplo, hay una falta de compromiso que ha nacido con la pandemia, una nueva 'cronopolítica' o política de gestión del tiempo. Después de tanto retraso o cancelación, parece que ya se pudiese llegar tarde a todo, que incumplir plazos o no acudir a citas sin previo aviso fuese la tónica habitual. Hay una relajación en la culpa en el retraso y parece que vino para quedarse como un nuevo estándar protocolario. En el arte y en el dentista".

Manuel Segade, director del CA2M.

/ Aad Hoogendoorn

En estos últimos días de agosto, los agentes entrevistados en este artículo se encuentran ultimando proyectos para la vuelta del verano. La galería Nogueras Blanchard traslada su sede madrileña al barrio de Justicia, donde inaugurará una exposición individual de Joan Brossa. Lo propio (la inauguración, no la mudanza) harán en F2, con el fotógrafo jerezano Juan del Junco, y en Helga de Alvear, con Lucio Fontana, un artista histórico. Pilar Soler Montes comisaría la individual de Blanca Gracia en la Sala de Arte Joven y Ángel Calvo prepara una exposición de Miguel Fructuoso en la sala Verónicas de Murcia y la muestra colectiva Anidar en el gesto. Unas estanterías de Alberto, que parte de las estanterías que diseñó Alberto Sánchez para el Pabellón Español de la Exposición Internacional de París en 1937, y que podrá verse en la Fundación Cerezales.

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En el CA2M su director destaca "dos grandes momentos: la individual de Mitsuo Miura –debida sin duda por las instituciones madrileñas— comisariada por Tania Pardo y con una publicación de lujo para acompañarla y el sueño húmedo de internacionalización de una institución media en el Estado español: la retrospectiva de Martin Wong comisariada por Krist Gruijthuijsen y Agustín Pérez Rubio; se trata del estreno de la gira europea de la primera retrospectiva del fallecido artista fundamental, que luego viajará al KW de Berlín, al Camden Arts Center de Londres y al Stedelijk Museum de Amsterdam".

'Una mirada' (2011), una obra de Mitsuo Miura.

/ Cortesía del artista

Ignoro si, por esas extrañezas del ser humano, acabaremos romantizando y anhelando los felices tiempos del confinamiento, las restricciones y los aforos limitados. No deja de ser llamativo que todos los participantes en este texto echen de menos el tiempo que la pandemia les dejó para leer. Somos, por decirlo suavemente, un sector paradójico. Volverá septiembre y, con él, el feliz reencuentro con amigos y conocidos, el afán de novedades y la curiosidad por las nuevas propuestas. "La rentrée es una época estupenda para verse de nuevo, a mí me encanta porque todo el mundo está feliz y renovado por las vacaciones", confiesa Soler. "Las inauguraciones son una celebración importante en estas fechas porque marcan el pulso de la temporada". "Del mundo del arte me quedo con eso", remata Calvo Ulloa, "con la vuelta a los talleres de los artistas, a las exposiciones y a los bares. La pandemia ha sido un drama y decir lo contrario sería una imbecilidad".

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