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Stan Lee, el genio de Marvel que hubiera preferido trabajar en 'Playboy'

Stan Lee, en su oficina en Berverly Hills con el más conocido de sus personajes, en 2011.

Stan Lee, en su oficina en Berverly Hills con el más conocido de sus personajes, en 2011. / ARCHIVO

La figura de Stan Lee resulta controvertida y no deja indiferente. Mientras que la historia oficial lo ensalza como la persona que creó del universo Marvel, sus colegas de profesión lo acusaron de labrarse una carrera a base de apropiarse del talento ajeno. Una biografía recién publicada se adentra en las luces y las sombras de una vida marcada por la ambición desmedida y la mala suerte

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"No era un santo, pero tampoco era Satanás. Era un hombre demasiado humano, como todos nosotros", comenta Abraham Riesman sobre Stan Lee, uno de los creadores de cultura popular más importantes del siglo XX del que este año 2022 se cumple el centenario de su nacimiento. Coincidiendo con la efeméride, el periodista estadounidense ha publicado en España Verdadero creyente. Auge y caída de Stan Lee (EsPop, 2022), la que tal vez sea la biografía definitiva sobre este creador y empresario.

"Le debo mucho a las biografías de otros autores sobre Stan Lee, por lo que no me gustaría hacer comparaciones que pudieran dar la sensación de que esos otros libros son malos libros", comenta Riesman que, sin embargo, no se muestra tan cauto a la hora de juzgar las dos autobiografías que escribió el propio Stan Lee. "Solo son útiles como evidencia de lo que Stan quería que el mundo supiera sobre sí mismo, pero no como una prueba fehaciente de todo aquello que afirmaba. Dicho esto, también he de reconocer que yo tuve la ventaja de comenzar mi libro después de la muerte de Stan, lo que me ha permitido contar una historia más completa de lo que se había hecho hasta ahora".

Ese hecho diferencial que ha permitido a Riesman abordar la personalidad de aquel que se autoproclamó creador absoluto de hitos del cómic como Spiderman, Los 4 fantásticos o El increíble Hulk con más libertad y rigor, ha sido también la causa de que muchos de los fans de Marvel hayan llenado Amazon de reseñas negativas contra Verdadero creyente. Auge y caída de Stan Lee en las que, sin ningún reparo, reconocen que ni siquiera han leído el libro que desprecian. "En mi opinión, es desafortunado que algunos fans de Marvel hayan criticado mi trabajo sin leerlo, pero tampoco puedo hacer que nadie lea un libro que no quiere leer. En todo caso, debo decir que, en general, la respuesta a mi trabajo ha sido positiva".

Aunque muchos de esos lectores puedan llegar a dudarlo, también Abraham Riesman es un fan de Stan Lee. "Desde los seis años he estado rodeado de productos de la factoría Marvel. Durante mi adolescencia veía dibujos animados, leía enciclopedias sobre sus personajes y, por supuesto, disfrutaba de los cómics. En todo ese tiempo, siempre fui muy consciente del papel que desempeñaba Stan en todo ello", explica el periodista que, si bien llegó a coincidir con Lee en más de una convención de cómics —como prueba una de las fotografías que se incluyen en el libro—, nunca desarrolló esa fascinación por el personaje que, aún hoy, sienten muchos de sus seguidores. "Yo no lo idolatraba como lo hacían otros, por eso, investigar y descubrir aspectos desagradables de la vida de Stan resultó muy interesante. Aunque conocía algunas cosas por rumores, otras muchas resultaron completamente nuevas, no solo para mí, sino para todo el mundo. En ese sentido, como periodista, contar esa historia era un desafío que merecía la pena afrontar".

Inexactitudes y mentiras

Hijo de un matrimonio de emigrantes judíos que había llegado a Nueva York procedente de Rumanía, Stan Lee, cuyo nombre verdadero era Stanley Martin Lieber, inició su carrera profesional en el mundo de los cómics en 1940. "Vi un anuncio en la prensa. Pedían un ayudante de una editorial y pensé: '¡Oye, qué fetén!'. Acababa de terminar el instituto y quería ser escritor. No sabía que se trataba de una editorial de cómics. Como el anuncio ponía 'editorial' a secas, pensé que sería de libros o revistas", recordaba Stan Lee en una entrevista en la que detallaba cómo empezó a trabajar en Timely Cómics, empresa que se convertiría posteriormente en Marvel cómics y en la que ocuparía uno de los cargos de máxima responsabilidad. Lo que parecía olvidar es que ese meteórico ascenso no se debió a su talento como redactor, sino a su relación familiar con el propietario, Martin Goodman, que también le libró de pasar por cualquier tipo de proceso de selección, incluido contestar a ese supuesto anuncio por palabras.

Este tipo de olvidos e inexactitudes —cuando no falsedades dolosas— trufan toda la biografía de Stan Lee, cuya figura ha quedado ensombrecida por su tendencia a apropiarse del trabajo ajeno o ningunear a los dibujantes con los que colaboró, como hizo en su día con un gigante como Jack Kirby, cocreador —como mínimo— de muchos de sus personajes. Kirby fue uno de los pocos en atreverse a demandar a la todopoderosa Marvel, de la que Lee era directivo, por derechos de autor. También se ha acusado a Lee de enriquecerse de forma irregular por la venta del merchandising de los personajes del universo Marvel, y las sospechas de haber acumulado cientos de originales de la época dorada de la editorial que no fueron devueltos a sus autores, y cuyo valor actual ascendería a cientos de miles de dólares, siempre han estado ahí.

Una viñeta de 'Los 4 fantásticos', creados por Lee y Kirby.

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De hecho, de no haber quedado eclipsado por esa ambición desmedida, Stan Lee sería considerado un visionario cuya capacidad para anticiparse a la competencia y a las tendencias del mercado se estudiaría en todas las escuelas de negocios y facultades de sociología. Durante años, por ejemplo, luchó infructuosamente para que las productoras de Hollywood adaptasen a la gran pantalla las aventuras de los personajes de Marvel. También intentó hacer una versión estadounidense de la serie japonesa Super Sentai, apostó por los contenidos online en los albores de internet hasta que la crisis de las punto com lo arruinó y mantuvo contactos con creadores de la talla de Kurt Vonnegut, Vàclav Havel o Anthony Burgess para que desarrollasen proyectos para Marvel.

En la actualidad, años después de los vanos intentos de Lee, Marvel es una de las franquicias más rentables de Hollywood, Super Sentai —renombrada como Power Rangers— arrasó en las televisiones occidentales y, tanto unos como otros contenidos pueden ser disfrutados por los espectadores desde sus casas a través de internet. Por último, y aunque ninguno de esos tres intelectuales acabaron desarrollando contenidos para Lee, autores de la talla de Federico Fellini, Alan Resnais o Tom Wolfe se declararon admiradores de la obra de Stan Lee y llegaron a mantener una relación de amistad con él.

"Es un hecho que Stan pensó antes que nadie en Hollywood que los contenidos para frikis podían ser un gran negocio. Por otra parte, hubo artistas como esos que mencionas que vieron en los cómics cosas que ni siquiera Stan fue capaz de intuir. Para algunos de ellos, Marvel era algo camp, en ocasiones un poco simplón, pero muy potente desde el punto de vista artístico. Para otros, Marvel era una vía para crear mitos modernos al estilo de los griegos o los nórdicos", explica Riesman que, a pesar del entusiasmo por parte de personalidades tan destacadas, llama la atención sobre el desinterés que siempre demostró Stan Lee por los tebeos como manifestación cultural: "para él los cómics de Marvel eran simplemente un trabajo que estaba obligado a realizar para conseguir cosas más grandes".

A pesar de la falta de escrúpulos que desplegó a la hora de lograr esos ambiciosos objetivos, la carrera de Stan Lee no fue tan exitosa como hubiera deseado. Después de años siendo su cara más visible, Marvel relegó a Lee a tareas sin relevancia como paso previo a su despido. Durante décadas, su hija lo chantajeó emocionalmente para que le financiase sus caprichos y gastos suntuosos. Por si no fuera bastante, sus últimos años de vida estuvieron marcados por el control que ejercía sobre él una camarilla de desaprensivos que, ya octogenario, le obligaban a ir de convención en convención para vender, por unos pocos dólares, fotos firmadas a catervas de niños y adolescentes que lo idolatraban, pero con los que nunca terminó de llevarse bien. De hecho, y como demuestran muchos de sus proyectos nunca realizados, si por Lee hubiera sido, en lugar de escribir historias protagonizadas por hombres y mujeres en mallas ultraceñidas, hubiera creado otras en las que esos personajes aparecían desprovistos totalmente de ellas.

"Definitivamente, en lugar de un creador de obras para jóvenes, Stan hubiera preferido ser visto como un creador de obras para adultos. Anhelaba ser tomado en serio como creador de cine, televisión y estaba obsesionado con el contenido sexual. Podríamos decir casi con toda certeza que lo que verdaderamente le hubiera gustado era ser Hugh Hefner, el fundador de Playboy", concluye Abraham Riesman.

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