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La novela imprescindible de este verano tiene una sola frase y 1.200 páginas

La novelista británica, Lucy Ellmann.

La novelista británica, Lucy Ellmann.

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Carmen López

Stacey es una de las miles, millones de adolescentes enganchadas a los vídeos de Rutinas matutinas que otras chicas como ellas cuelgan en internet. Las creadoras ofrecen tutoriales de belleza, consejos sentimentales y psicología de andar por casa entre sorbos a los enormes cafés de Starbucks que tienen a su lado. Desde su casa en Ohio, consume estos contenidos de manera compulsiva aunque no se aplique ninguna de esas recomendaciones de maquillaje y acabe deprimida por no ser como esas jóvenes que conocen el camino a la perfección. Pero no puede parar, es una adicta que obvia la resaca emocional que tendrá después de la borrachera de sombras de ojos y afirmaciones como "nunca alcanzarás la felicidad si estás constantemente triste".

Su madre la observa y se dice que no puede culparla porque a ella le pasa lo mismo cuando hace demasiados puzzles online, aunque ese pensamiento salta de pronto a las Rocosas, Glacier Lake, montañas de sal y Montana. Ese barullo de ideas es similar al que todas las personas tienen en la mente constantemente, incluso cuando duermen. Apuntes internos, secretos se enquistan en el pensamiento, justificaciones que se repiten para aplacar la angustia, eslóganes comerciales escuchados de pasada en la radio, asociaciones con películas, reflexiones sobre el estado del mundo.

La escritora Lucy Ellmann ha tomado el posible monólogo silencioso de esa progenitora americana que hornea tartas en su cocina y lo ha desarrollado en su novela Patos, Newburyport. Un libro de 1.200 páginas escrito con una sola frase que Automática acaba de publicar en España traducido por Enrique Maldonado Roldán. Un trabajo titánico tanto para la autora, el traductor, la editorial e incluso el lector, que tiene que sacudirse la vagancia antes de enfrentarse al texto. Es posible que acabe enganchado como Stacey a las Rutinas matutinas, pero el tamaño impone a mucha gente, no hay duda.

Ese temor a los grandes volúmenes se nota en las ventas, confirma Darío Ochoa, editor de Automática. Ellos publican "aquello que nos maravilla y que queremos compartir con los lectores en español" y los títulos que no funcionan hasta que pasa el tiempo se ven compensados por los que sí lo consiguen más rápido. La novela de Ellmann "puede asustar de entrada, pero después de las primeras páginas, en las que parece que saltamos a un tren en marcha, uno se va sintiendo más y más atraído por lo que dice nuestra protagonista, y después, ya no lo puede abandonar". Si no fuese así, ni hubiese ganado los premios Goldsmiths y James Tait Black ni hubiese sido finalista del Booker en 2019.

Por supuesto, no es la primera vez que alguien lleva a cabo un experimento gramatical con los signos de puntuación. En la lista aparecen, entre otros, Camilo José Cela con Cristo versus Arizona, Samuel Beckett con Cómo es o José Saramago con Historia del cerco de Lisboa. Casualmente, el padre de la autora de Patos, Newburyport es Richard Ellmann, autor de una de las biografías más importantes de James Joyce, quien también probó a jugar con el flujo del pensamiento en su novela Ulises. Pero con su libro, la escritora británico-estadounidense no ha querido emular a nadie, sino resaltar que todo el mundo tiene ese discurso mental constante, "lo cual es fascinante y aterrador al mismo tiempo", dice a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.

Aquellos que dirigen el mundo también son humanos con pensamientos internos igual de irracionales que el resto. "¿En qué piensa Putin todo el día? ¿Cómo es estar dentro de esa cabeza? ¿O en la de Trump? O en cualquiera de los otros siete mil millones de mentes humanas que existen", se pregunta. Y en ese constante fluir se encuentra la respuesta a por qué solo ha utilizado una frase. "El libro se compone de una serie de extractos de los pensamientos en curso de la narradora. En algún momento se paran, pero es esencialmente un proceso de pensamiento continuo. Por lo tanto, es una oración", explica. "No usamos mucha puntuación dentro de nuestras cabezas sino que los pensamientos simplemente manan como en un río. [En la novela] estás interactuando con los pensamientos de una mujer sin intentar interrumpirlos. A las mujeres las interrumpen demasiado".

La solución es el matriarcado

El libro tiene un inequívoco carácter feminista. La narradora, que no tiene nombre, transita por su vida como profesional, por cómo la perciben los demás por su labor como cuidadora de su hogar y las personas que habitan en él, por su papel de madre. Este último punto tiene un peso muy importante en la vida de la protagonista, que continuamente se juzga a sí misma como progenitora. "La importancia de las madres parece estar muy subestimada en el mundo moderno. Esto era de esperar, ya que atacar la maternidad le es muy útil al patriarcado. Biológicamente, dada la sobrepoblación, la maternidad es un atributo pasado de moda; pero, como fuerza primordial, todavía tiene relevancia. Menospreciar a las madres es un ataque a la esencia de la feminidad, un ataque al propio cuerpo femenino", afirma Ellmann.

La política, el sistema sanitario estadounidense y el futuro que depara el cambio climático son otros de los asuntos que aparecen, como las estrofas de canciones y los nombres de marcas comerciales, en el monólogo interno que compone la novela. La escritora está convencida de que el matriarcado sería la solución a los problemas de un planeta que se acerca, cada vez más rápido, a la autodestrucción. Si las mujeres dominasen el mundo, la dirección hacia la que se dirige sería muy diferente.

"La mayor parte de la prehistoria fue aparentemente matriarcal y nadie destruyó el planeta. ¿No es esta evidencia suficiente de que el matriarcado funciona? Las mujeres debemos dejar de dudar nosotras mismas", expone. "No digo que todo vaya a ir sobre ruedas en cuanto expulsemos a los hombres del centro del escenario. Llevará mucho tiempo deshacerse de la intolerancia y recuperarse del trauma del patriarcado. Pero sin mujeres al frente, sólo podemos implosionar. El cambio climático nos matará. Pronto el planeta será inhabitable y nos destruiremos a nosotros mismos y a todo lo que nos rodea. Una huelga de sexo podría ser todo lo que se necesita para cambiar las cosas a favor de las mujeres, y pronto seguirían el socialismo y la libertad. Pero sé que estoy silbando al viento (¡y ni siquiera puedo silbar!)".

Dos años sin puntos

A Enrique Maldonado Roldán le llegó el encargo de traducir Patos, Newburyport justo antes del confinamiento y lo terminó dos años después. Aunque durante ese periodo de tiempo tuvo más trabajos – "para poder comer había que hacer más cosas", dice– habitó en la cabeza de esa mujer de Ohio, que se acabó apoderando de parte de su vida, sus sueños y su forma de hablar. El traductor no solo tuvo que hacer que los pensamientos de la narradora tuvieran sentido en castellano, sino que también tuvo que consultar el doblaje que se había hecho en español de los cientos de películas que se citan en las más de 1.200 páginas del libro, además de jugar con trabalenguas, palíndromos, chistes y otras complejidades. El volumen publicado por Automática incluye un glosario de 50 páginas con la explicación de las abreviaturas que aparecen en el texto.

Maldonado Roldán considera que las virtudes de la novela de Ellmann, que tan bien conoce, son muchas. "Una de ellas es su capacidad para transmitir la complejidad del ser humano de la manera más directa posible: metiéndonos en la cabeza de una madre en este aceleradísimo siglo XXI", afirma. Para él, la experiencia que supone adentrarse en el libro es similar a la tromba de estímulos y mensajes que cualquier persona de la sociedad Occidental recibe cada día y de manera constante. Además, refleja "esa incapacidad para la concentración de la que advierten todos los estudios sobre la educación y la lectura, esa búsqueda de la verdad en un océano de titulares contradictorios, dirigidos únicamente a captar nuestra atención y no a informarnos. En este sentido, la obra es magistral".

Para los lectores y lectoras que aún no tengan claro si la novela de la escritora merece la pena su atención, su traductor tiene un consejo: "hay que dejarse llevar, en la vida y en la literatura. Renuncien al miedo: no es este un texto críptico, ni mucho menos". Los participantes en los primeros clubes de lectura del libro que se han llevado a cabo, han concluido que se lee muy bien, comenta a la vez que añade que esto es un alivio para el traductor.

Lo que no es tan sencillo es cargar con el volumen hasta la playa o sostenerlo durante horas, pero la propia Lucy Ellmann es consciente de ese problema (menor, en realidad) y ofrece una solución. "Patos, Newburyport tiene el tamaño que necesita tener. Pero no era mi intención batir un récord, romper brazos o golpear la nariz de la gente que intenta leer en la cama. Confío en que los lectores encuentren una manera cómoda de manejar el libro. ¿Una mesa, tal vez?".

'Patos, Newburyport'

Autor: Lucy Ellmann

Traducido por: Enrique Maldonado Roldán

1.272 páginas. 36,00 euros.

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