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'Rumble In The Jungle': la historia del titánico combate que devolvió la corona a Muhammad Ali

Taschen reedita por primera vez en una edición no limitada 'The Fight', la crónica del 'match' que escribió Norman Mailer, con una impresionante selección de fotografías de Howard L. Bingham y Neil Leifer

El combate entre George Foreman y Muhammad Ali se celebró el 30 de octubre de 1974.

El combate entre George Foreman y Muhammad Ali se celebró el 30 de octubre de 1974. / ARCHIVO

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Juanjo Villalba

La mejor forma de hacerse una idea de la singularidad de un boxeador como Muhammad Ali es revisitar una de sus ruedas de prensa. Y un ejemplo perfecto de ello es la que aparece al comienzo del documental When We Were Kings, que se hizo con el Oscar en su categoría en 1997, realizada justo antes de que Ali partiera hacia Kinshasa (Zaire) para enfrentarse con el campeón de los pesos pesados del momento, George Foreman, en 1974.

En la grabación, somos testigos de cómo el campeón dice a la prensa con los ojos echando chispas: “Soy mucho mejor que cuando me visteis peleando con 22 años contra Sonny Liston. Ahora tengo experiencia profesional, me han roto la mandíbula, he perdido, varias veces por KO. ¡Soy malo! He hecho cosas nuevas para preparar esta pelea: me he peleado con un cocodrilo, le he zurrado a una ballena, he esposado a un rayo y he mandado a la cárcel a un trueno. ¡Soy malo! ¡La semana pasada asesiné a una roca, herí a una piedra y mandé al hospital a un ladrillo! Soy tan malo que pongo enferma a la medicina. ¡Y soy rápido! Anoche pulsé el interruptor de la luz de mi dormitorio y estaba en la cama antes de que se pusiera oscuro!”

Ali era un espectáculo, un hombre fuera de lo común, pero es que además era uno de los mejores boxeadores de la historia y precisamente aquella pelea en África, bautizada como Rumble In The Jungle (Trifulca en la jungla), fue el ingrediente que faltaba para convertirlo en una leyenda.

No obstante, aquella bravuconería escondía un cierto miedo. Un temor justificado. Muy pocos periodistas apostaban por una victoria de Ali, que ya rebasaba la treintena y había perdido su título de campeón mundial en 1967, tras declararse objetor de conciencia y no acudir a la Guerra de Vietnam. De ahí que le fuera retirada su licencia de boxeador y quedase expulsado de las competiciones. Por eso, tras recuperar su derecho a boxear, el púgil de Louisville (Kentucky) estaba obsesionado con recuperar su corona, en manos de un joven y poderoso boxeador de solo 25 años llamado George Foreman.

El combate de los 10 millones de dólares

Estaba claro que aquella pelea, de producirse, sería un negocio tremendo y muchos promotores andaban tras ella. El más avispado de todos, un tal Don King que con los años también llegaría a convertirse en una celebridad a pesar de tener un oscuro pasado que lo había hecho pasar alguna temporada entre rejas, consiguió que ambos boxeadores firmaran sendos contratos en los que se comprometían a luchar si recibían cada uno cinco millones de dólares, una auténtica fortuna en aquella época.

Pocos periodistas apostaban por la victoria de Ali, que ya rebasaba la treintena y había perdido su título de campeón mundial en 1967

Conseguir tal cantidad de dinero no era sencillo en un mundo occidental sumido en plena crisis del petróleo y King, que era muy listo y estaba dispuesto a cualquier cosa para conseguir sus objetivos, tuvo que ponerse creativo. Con la ayuda de un asesor estadounidense, convenció al megalómano y dictador zaireño Mobutu Sese Seko, conocido como “la encarnación africana de Josif Stalin”, de que gastar una enorme cantidad de dinero en la celebración de aquel combate sería una magnífica promoción para su país y para él mismo a escala internacional.

Inicialmente, se estableció que la pelea se celebraría el 25 de septiembre de 1974 en la capital de Zaire, concretamente en el Estadio 20 de mayo, tristemente famoso por haber sido utilizado como campo de prisioneros y torturas para los opositores al régimen de Mobutu. El combate estaría precedido por Zaire’74, un festival de música histórico que tendría lugar durante los tres días previos al match y en el que actuaron mitos de la música negra como James Brown, Celia Cruz and The Fania All-Stars, B.B. King, Miriam Makeba, The Spinners, Bill Withers, The Crusaders y Manu Dibango.

La previa a la Trifulca en la jungla

Foreman y Ali viajaron hasta allí unos meses antes para entrenar y acostumbrarse al abrasador clima congoleño. Su llegada supuso toda una conmoción en el país y en el resto del continente. La población local se volcó desde el principio con Ali, en parte porque Foreman era todavía poco conocido fuera de Estados Unidos y en parte porque la postura política de Ali le precedía y fascinaba a los congoleños.

Ali se movía bien como líder de masas, presentaba la pelea como una gran ocasión para unir a los negros de África con los de Estados Unidos

A Ali, la devoción de los zaireños le sentó estupendamente. El boxeador se movía bien como líder de masas, presentaba la pelea como una gran ocasión para unir a los negros de África con los de Estados Unidos, y solía entonar en sus apariciones frente a los medios el cántico en lengua bantú que se acuñó para animarle: “Ali, boma ye!”, que significaba literalmente, “Ali, ¡mátalo!”. Foreman, mucho más callado y tímido, cayó mal desde el principio. Entre otras cosas porque se le ocurrió viajar hasta África con Dago, su pastor alemán, que recordaba demasiado a los zaireños a los canes que los antiguos colonos belgas utilizaban para mantenerlos a raya.

'The Fight', por Norman Mailer

Entre los periodistas extranjeros que acudieron a África para cubrir el evento estaba el novelista Norman Mailer, que disfrutó de un acceso privilegiado a la preparación de Ali y de Foreman tanto en Estados Unidos como en África. Aquellos días junto a los dos campeones fueron el origen de su libro The Fight (El combate), una crónica periodística en la que el autor aparece como un personaje más y habla de sí mismo en tercera persona.

El libro es un gran ejemplo del nuevo periodismo y constituye el intento por parte de Mailer de hacer el retrato definitivo de un combate de boxeo. El autor profundiza en la psicología de los luchadores, así como en el espectáculo que suele rodear a este tipo de “combates del siglo”, presentando a los dos púgiles como dos fuerzas absolutamente opuestas: la fanfarronería de Ali frente a la parquedad de Foreman, la inteligencia del primero frente a la fuerza bruta del segundo, el antiamericanismo musulmán de Ali frente a la moral cristiana de Foreman. Trufó además el texto de reflexiones procedentes de la filosofía bantú, sobre la que había investigado durante los meses de entrenamiento de los dos boxeadores.

El libro, editado hace unos años en español por la editorial Contra, acaba de ser reeditado por Taschen en una edición ilustrada con imágenes de dos de los mejores fotógrafos que estuvieron presentes también en Kinshasa: Howard L. Bingham y Neil Leifer. Un libro que anteriormente había sido publicado solo en edición de coleccionista y que por primera vez está disponible en formato no limitado.

Finalmente, la pelea

Tras sufrir un retraso de más de un mes debido a una herida sufrida por Foreman solo unos días antes de la fecha inicial, el combate se acabó celebrando el 30 de octubre de 1974. Ali salió con fuerza y velocidad, dirigiendo a Foreman varios puñetazos directos que, aunque muy valientes, lo exponían muchísimo a los devastadores golpes del campeón. Foreman no se esperaba esta salida tan agresiva de Ali y tardó en reaccionar, pero pronto captó su táctica y respondió con fuerza. Todo apuntaba a que la victoria del boxeador más joven no se demoraría mucho.

Entonces, en el segundo asalto, pasó algo que nadie se esperaba. Ali se fue a las cuerdas, apoyándose en ellas y dejando que Foreman desplegara sobre él toda su furia. El campeón comenzó a zurrar a Ali, aunque solo alcanzaba a darle en el cuerpo y en los brazos. Nadie entendía qué estaba pasando, Ali no se despegaba de las cuerdas, ¿qué pretendía? ¿Esa era la manera en la que esperaba ganar el título?

El libro constituye el intento por parte de Mailer de hacer el retrato definitivo de un combate de boxeo

Conforme fueron pasando los asaltos, comenzó a quedar claro que quizá aquel plan secreto para ganar a Foreman que Ali había pregonado era mucho más innovador de lo que todos estaban esperando. Foreman sudó y sudó, golpeando superficialmente al esquivo Ali hasta que llegó el octavo asalto. Entonces, Ali, que había estado durante todo ese tiempo hablándole a Foreman y diciéndole cosas como “¿Eso es todo lo que tienes para mí, George?”, emprendió el contraataque.

El campeón estaba agotado y el aspirante, aunque dolorido, mantenía sus fuerzas casi intactas. Rápidamente conectó varios golpes durísimos que impactaron contra la cara de un Foreman exhausto y que acabó en el suelo, perdiendo el combate por KO. Ali había recuperado su título. Inmediatamente aquella táctica, bautizada por Ali como rope-a-dope, se convirtió en historia del deporte.

El legado de un enfrentamiento mítico

El evento, retransmitido en directo a todo el mundo (se celebró a las 4 de la mañana hora local para que pudiera verse en Estados Unidos a las 10 de la noche), se convirtió en la emisión deportiva más vista hasta ese momento, con una audiencia de 1.000 millones de personas.

Tras recuperar su título, muchos pensaron que Ali se retiraría, pero todavía peleó 22 combates más, colgando los guantes finalmente en 1981. Una larga época de decadencia, que desembocó en el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson en 1984, una dolencia que había empezado a manifestarse desde 1977. Fuera del ring, Ali fue una figura política muy importante en su país, influyendo en varias generaciones por su compromiso a favor de los derechos civiles de los afroamericanos y de la comunidad islámica.

Foreman cayó en una tremenda depresión tras perder su título que lo hizo dejar el boxeo en 1977 y ordenarse sacerdote

Por su parte, Foreman cayó en una tremenda depresión tras perder su título que lo hizo dejar el boxeo en 1977 y ordenarse sacerdote. Volvió a pelear con 45 años, haciéndose con el título de campeón de la WBA y retirándose finalmente a los 46 años como el campeón mundial de los pesos pesados más viejo de la historia. Posteriormente, fue comentarista deportivo y patrocinó una famosa parrilla de la que se vendieron y se venden todavía millones de unidades.

El combate de Kinshasa y todo lo que lo rodeó continúa siendo considerado a día de hoy como uno de los momentos cumbre de la historia del boxeo y del deporte en general. Con los años, Ali y Foreman se hicieron amigos.

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