HUELGA

Kike Remolino, el chirigotero del metal: "Quieren convertir Cádiz en otro Magaluf"

Enrique García Rosado es uno de los compositores populares más famosos de Cádiz y trabajador del metal. Autor comprometido socialmente, la Policía Nacional registró su camerino en 2013 por una chirigota contra los desahucios. Ahora ha estado en las manifestaciones de la huelga.

Kike Remolino, compositor popular gaditano y trabajador del metal, en los restos de la batalla del metal.

Kike Remolino, compositor popular gaditano y trabajador del metal, en los restos de la batalla del metal. / Pablo Alías

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"Cuando algunos me cortan el puente / es porque están más que hartos. / Y es mi forma de gritar / que necesito que hagan barcos".

La letra ya tiene unos años, pero tiene la misma vigencia que cuando se compuso. "Hay canciones que no caducan. Temas de hace 20 años que valdrían hoy. Yo estoy como loco por componer una canción que diga "todos estamos muy contentos". Pero es que no puedo porque estamos igual".

Lo lamenta su autor. Pocos lo conocen como Manuel Enrique García Rosado. Con su nombre artístico, Kike Remolino, es una auténtica institución de la canción popular de Cádiz. Chirigota, pasodobles o cuplés, Remolino lleva casi 30 años tocando todos los palos y poniendo el hilo musical de su ciudad. Empezó a componer con 16 años y ahora tiene 42. Mucho ha cambiado la vida desde entonces; muy poco la situación laboral de los gaditanos. Especialmente la de su sector laboral, el metal.

Compuso estos versos hace años, mucho antes de esta última huelga. El puente al que se refiere es el de León de Carranza, el mismo que querían tomar los trabajadores del metal en la última jornada de protestas. Un punto emblemático, porque bloquearlo ha significado históricamente aislar Cádiz del resto de la península. El mismo escenario que desencadenó los enfrentamientos más violentos entre manifestantes y policías de todos los que se registraron durante la semana de disturbios.

Remolino atiende a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA en San Fernando. Allí vive, compone y trabaja como gruista en Navantia, aunque nació en Cádiz. San Fernando no es Cádiz, pero como si lo fuera. Un municipio que está a escasos 20 kilómetros y no es ajeno a los problemas del metal, porque también es la bahía. También tiene astilleros y vecinos trabajando en precario. San Fernando no es sólo Camarón de la Isla. San Fernando, como Puerto Real, es uno de esos municipios satélite de la capital que sufre con los recortes y las deslocalizaciones.

Paseamos por los escenarios obreros más emblemáticos de su ciudad, dejando atrás coches quemados y piedras empleadas en las últimas manifestaciones, en las que ha estado presente desde el minuto 1. "Que quede claro que yo no soy líder de nada. Solamente soy uno más entre todos los compañeros", aclara. Remolino es un autor tradicionalmente comprometido con las causas sociales, aunque no afecten directamente a su sector. "Soy obrero y estos temas, toquen o no al metal, me tocan muy de cerca. Por desgracia lo tenemos normalizado, que es lo peor que se puede decir sobre estos problemas sociales", prosigue, camino de los astilleros donde trabaja.

Registros policiales

"Ya no vuelves del trabajo / con la ropa de faena. / Dime padre por qué traes / moratones en las piernas".

Kike Remolino durante una de sus actuaciones en Carnaval

/ Carnaval Cádiz

Recuerda Kike durante el paseo que el susto grande se lo dieron en febrero de 2013. "En el Carnaval vino la policía a registrar los camerinos. Íbamos con una chirigota que se llamaba 'Los Recortaos' y llevábamos canciones contra los desahucios, los recortes en sanidad y en educación. Ya nos advirtieron de que podrían venir agentes a asegurarse de que no sacábamos en el pasacalles ninguna pancarta anticonstitucional. No nos pillaron nada, pero el susto antes de actuar te lo llevas. Vas a cantar y parece que vayas a robar un banco", recuerda con amargura.

A pesar de todo, sigue abordando este tipo de temáticas: "El Carnaval siempre ha sido de izquierdas. De hecho, era la tregua que le daba la iglesia al pueblo para que se divirtiese un poquito". Y va a seguir por esa senda, porque "nuestras canciones son periodismo cantado. Usamos el humor ácido, el sarcasmo y el canalleo, pero en el fondo son denuncias sociales. De los problemas laborales del metal llevo escuchando canciones desde que tengo uso de razón".

Pero Kike, como los demás, no vive de esto. "En Uruguay sí que hay la figura del murguero profesional. Aquí en Cádiz esto se hace por amor al arte y nunca mejor dicho. Vas un día al Falla (el teatro en el que se celebran los concursos musicales de Carnaval) y al otro a trabajar". Él se dedica a llevar una grúa en los astilleros, como en su momento la llevó en el sector de la construcción, que claudicó con la crisis. Y ahora, en el metal, ve cómo los obreros "tenemos que salir a las calles, pero no para que nos paguen más o porque no queramos trabajar. Salimos para que nos respeten el convenio, lo que está firmado. Tampoco es pedir tanto, ¿no? Lo que nos corresponde", sentencia.

Respecto a los disturbios de los últimos días, deja claro Remolino que no es plato de buen gusto para nadie. "Yo no justifico la violencia. Nadie sale de su casa con la idea de abrirle la cabeza a un policía. Sabemos que siempre hay locos y si vemos algún exaltado- ya intentamos calmarlo. Somos mayoría los que no queremos ningún problema. Salimos solamente a que se respeten nuestros derechos, los que tenemos firmados en un papel. Pero es que pase lo que pase quedamos como violentos. Nos tiran piedras y pelotas de goma. Sacan una tanqueta para intimidar. Pero siempre vamos a quedar nosotros de violentos".

El chiringuito de España

"Que tu padre es del metal / y si te preguntan por qué cogemos y tiramos piedras / diles que esas piedras son nuestros gritos de la impotencia / ante represiones tan desmedidas, pelotas de goma y tanquetas / y la patronal tan sinvergüenza".

Kike Remolino, delante de una pintada de protesta en los muros de los astilleros

/ Pablo Alías

Teme Kike por el futuro de Cádiz, de la generación de sus hijos. "Tengo un chaval de 16 años y una niña de 12. Se dan cuenta de las cosas y preguntan. "¿Papa, estáis de revueltas?", y le tienes que colar alguna mentira piadosa para que no se preocupe. Es una pena, pero yo no puedo animar a mi hijo a que siga el trabajo de su padre. No puedo animarle a que se ponga a estudiar Ingeniería Naval salvo que se quiera largar de Cádiz. Aquí somos los mejores haciendo barcos, pero se va a tener que ir fuera de su ciudad si quiere trabajar", resume.

Porque, aunque parece que el problema se ha solucionado (después la entrevista, patronal y sindicatos cerraron un preacuerdo que ha calmado un poco las aguas), Kike sigue sin ver cuál es la apuesta estratégica de los gobiernos con Cádiz y aledaños. "Digo gobiernos, en plural, porque aquí nadie se ha preocupado del futuro de Cádiz. No hay un plan que refuerce los astilleros y el metal, que es un emblema de Cádiz y lo que ha dado de comer a mucha gente. No solamente a los trabajadores directos. Este bar vive de eso, de los trabajadores que vienen a comer aquí. Las tiendas, todas las actividades económicas. Pero nadie lo cuida. Se llevan Delphi, se llevan Airbus... y aquí no pasa nada. En los astilleros de Ferrol o en Cartagena hay faena en espera, pero de aquí se la llevan".

Entonces, ¿qué futuro le espera a Cádiz?: "La hostelería, el chiringuito en verano para que venga la gente de Madrid y Barcelona. La guitarrita y la gracia de los gaditanos. Un entretenimiento de vacaciones para los turistas. El estereotipo del cachondeo. Han convertido a Cádiz en el chiringuito de España. ¿Qué es lo que quieren de Cádiz? ¿Convertirla en otro Magaluf? Ni siquiera nuestra universidad puede preparar a nuestros jóvenes para afrontar un futuro laboral en nuestra ciudad. Sabemos que los chavales van a tener que largarse a buscarse la vida fuera. Vemos a gaditanos que están muy preparados para hacer y reparar barcos aquí en Cádiz, pero lo mismo se han tenido que ir a Dubai a trabajar", sentencia.

Los restos de la batalla

"Esta guerra es del pueblo / y si el pueblo se rebela / no habrá quién pueda / nunca jamás con la clase obrera".

Kike Remolino en el puente que lleva a los astilleros donde trabaja

/ Pablo Alías

Kike Remolino actúa con su agrupación este fin de semana en La Latina (Madrid). Ha sido una semana dura, de madrugar, acostarse tarde y no cobrar por ello. De gritos y movilizaciones. De tanquetas y pelotas de goma. De llorar de impotencia y también por los gases lacrimógenos que ha lanzado la policía para dispersar a los manifestantes. En el puente que lleva a los astilleros de San Fernando, Kike se detiene. Es un puente de un solo carril donde se colocan las fuerzas de seguridad para pasar cuentas después de las concentraciones. No hay escapatoria. Cuenta que "en cada manifestación nos identifican y nos dicen que ya nos llegarán las multas por vandalismo".

Ahora parece que el conflicto se está arreglando. Al menos, de cara a la opinión pública. Cádiz dejará de aparecer en las noticias hasta los próximos carnavales, cuando vuelva a ser para toda España sinónimo de broma y alegría. Presten atención entonces a las letras de los temas. Que no todas las canciones son cachondeo. Hay más amargura de la que nadie se pueda imaginar. Muy a menudo de lo que parece son denuncias sociales que contienen las auténticas miserias de Cádiz y alrededores. Las mismas por las que los trabajadores del metal se han plantado esta vez, hasta el próximo incumplimiento.

(Nota: los versos reproducidos en este reportaje son temas compuestos por Kike Remolino).

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