SANIDAD

El gran paso atrás del tabaquismo: España vuelve a fumar como hace una década

  • Los datos de consumo se aproximan de nuevo a los previos a la ley antitabaco tras diez años sin actualizarse 

  • Las tabacaleras se reinventan con nuevos productos igualmente nocivos y que seducen a fumadores y nuevos públicos

El gran paso atrás del tabaquismo: España vuelve a fumar como hace una década
5
Se lee en minutos
Miriam Ruiz Castro

Es el primer problema de salud pública del país y la primera causa de muerte evitable. Es otra pandemia, la del tabaquismo. Aunque es difícil ponerle cifras, cada año se lleva unas 69.000 vidas. La ley de 2005 y su actualización en 2010 fueron pioneras en tratar de poner coto a esta enfermedad crónica, pero han pasado ya 11 años en los que las tabacaleras han lanzado nuevos productos que se han ido colando por los resquicios que dejaba una norma que se ha quedado rezagada, como denuncian médicos y científicos. 

Los principales datos de consumo se publican cada dos años en la encuesta EDADES del Ministerio de Sanidad. La de 2017 la presentó un año después la entonces ministra María Luisa Carcedo. El presidente del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo (CNPT), Andrés Zamorano, cuenta que Carcedo no se explicaba el dato que arrojaba el estudio: un 34% de los españoles de entre 15 y 64 años consumía tabaco a diario, el porcentaje más alto desde 1999, antes de las leyes antitabaco y de tanto esfuerzo colectivo.

“Nosotros sí nos los explicamos, no se hicieron los deberes”, dice Zamorano. El último estudio, elaborado días antes de que estallara la pandemia de la covid-19, bajó el dato al 32,3%. Sigue siendo una cifra preocupante: cercana a niveles previos a la ley antitabaco de 2005 (32,8%) y lejos del mínimo de dos años después (29,6%). 

Zamorano trata de ser optimista: la encuesta europea de salud en España incluye también a la población de más de 65 y el porcentaje de consumidores diarios baja al 19,8%. “Hay un 20% de fumadores. Eso quiere decir que el 80% restante no lo somos”, insiste. El tabaco es la segunda sustancia psicoactiva más consumida en España tras el alcohol, y siete de cada 10 personas han fumado alguna vez en la vida.

Resquicios legales

Son estos nuevos productos los que se escapan de una ley que se está quedando obsoleta. Las marcas de tabaco calentado se saltan las limitaciones de publicidad anunciando el dispositivo con el que se fuma y no específicamente el tabaco. Además, han abierto tiendas en algunos de los barrios más exclusivos de las grandes ciudades. “Los cigarrillos huelen mal, dejan los dedos amarillos, deterioran los dientes… estos productos son percibidos como menos dañinos, y nada más lejos de la realidad”, indica Zamorano. 

Desde la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, Raúl de Simón señala que “lo que más puede modificar la prevalencia de fumadores son los cambios legislativos”. “La ley de 2005 es el hecho histórico que más ha ayudado a dejar de fumar”, sentencia.

Menores y tabaco

Leticia, de 26 años, recuerda perfectamente su primera calada. Tenía 15 años. La hermana de una de sus amigas les dio el cigarro que se fumaron a escondidas entre varias, iniciando un ritual que se repetiría los fines de semana. “Creía que me daba personalidad, porque era algo prohibido”, explica. Luisa Rubio, de 64 años, empezó a fumar a la misma edad. Era la moda, algo “natural”. Apenas caían tres cigarrillos diarios, lo dejó cuando se quedó embarazada y luego volvió a retomarlo. Las dos mujeres, aunque de generaciones distintas, rondan una estadística que se ha mantenido estable desde que existen datos: la edad de inicio en el tabaco son los 16.

Zamorano cuenta que cuando se pregunta a padres y madres a qué edad prefieren que empiecen a fumar sus hijos, el 99% -también los fumadores- señala que a ninguna. Pese a ello, sigue habiendo nuevos fumadores: en el último año, aproximadamente unas 340.000 personas.

También han caído en cinco puntos y medio los fumadores que se han planteado dejarlo. Son el 61,6% frente al 67,1% de 2017. Y una caída aún mayor: la de los que se lo han planteado y lo han intentado, del 65,5% al 37,2%. “No creo que tenga que dejarlo ahora”, dice Leticia, “no estoy convencida, ya me lo plantearé más adelante”.

Reconoce tener la información que generaciones anteriores no tenían. Sin embargo, es de las que se ha pasado al tabaco calentado porque cree que es un paso previo a quitarse el hábito. “Lo tengo asociado a unos eventos sociales o momentos diarios que no contemplo sin un cigarro. Creo que, ponderando, me compensan más esos momentos con tabaco que tener que reinventarlos sin un cigarro en la mano”, dice.

Negocio y salud

En 2010 se vendieron en España más de tres millones de cajetillas de tabaco. En 2020, no han llegado a los dos millones. Pero cuando un negocio languidece, se buscan sustitutos. Nicotina, en cualquiera de sus formas. Son grandes casas como Philip Morris, la mayor del mundo, las que están detrás de estos nuevos productos.

“Nuestro objetivo es reemplazar los cigarrillos por productos sin humo”, indican en su página web. Zamorano denuncia que “las tabacaleras se dedican a sembrar dudas para ganar tiempo”, y recuerda cuando añadieron los filtros a sus cigarrillos en los años 60. “¿Qué filtraban? Las personas siguieron muriendo”.

Dentro de la UE, España es uno de los países en los que más asequible es comprar una cajetilla de tabaco: 4,53 euros de media frente a los 5,27 de la UE. Además, entre los países de su entorno, solo es más barata en Grecia (4,19€). Lejos quedan países como Francia, con 9,70 euros, o los 6,40 de Bélgica. “Algunos de mis pacientes se pasan al tabaco de liar porque es más barato, tiene una fiscalidad diferente”, se lamenta Zamorano, que recuerda que una de las reivindicaciones de la CNPT es igualar los impuestos para todo tipo de productos de tabaco y evitar que se pueda cambiar de uno a otro. 

Hay regulaciones que, a juicio de la CNPT, han dado buenos resultados en otros países y que aquí no hemos puesto en práctica. “En Francia, cuando subieron el precio del tabaco, un millón de franceses dejaron de fumar. Así de sencillo”, dice Zamorano. La receta la tienen clara. Proponen un empaquetado neutro, una mayor inversión para tratamientos de deshabituación tabáquica y un mando único que coordine a todos los ministerios.

Además, piden aumentar los espacios sin humo, desde el interior de los coches a las terrazas de bares y los espacios con gran concurrencia de personas. Para el experto, el tabaquismo se combate “regulando, regulando y regulando”. Y cuando se constata que una norma no funciona, “se vuelve a regular”. Algunas de estas reivindicaciones aparecen en el borrador del nuevo Plan Integral contra el tabaco que prepara el Gobierno. Un nuevo impulso para tratar de poner fin a una pandemia contra la que no existe más vacuna que la prevención.

Noticias relacionadas
Temas

Sanidad Salud