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Cinco motivos para leer a Ali Smith este verano

Frente a las narraciones que funcionan al dictado de la trama, esta escritora reivindica la literatura como tote bag, esas bolsazas de tela en las que, sí, te cabe todo, pero todo sin compartimentar

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La escritora escocesa Ali Smith.

La escritora escocesa Ali Smith. / Efe

Entre 2016 y 2020 la escritora escocesa Ali Smith publicó las cuatro novelas que componen su Cuarteto estacional: Otoño, Invierno, Primavera y Verano; casi a razón de una por año y cada título en la estación que le correspondía (en España las ha publicado Nórdica, estupendamente traducidas por Magdalena Palmer). Este artículo se ceñirá a esta tetralogía, pero tampoco errará el tiro quien prefiera empezar por su último libro, Chica conoce chico, o alguno de los anteriores. Vamos con los motivos:

Uno

Hay quienes encuentran en la lectura sobre el presente una cierta forma de catarsis, un acompañamiento, o una ayuda para entender qué está pasando. Si uno es más de inmersión que de evasión, las sucesivas olas de calor de este verano son el momento indicado para leer el Cuarteto. Nuestra relación con el medio es uno de los temas principales. Pero no hay catastrofismo en su planteamiento político ni preciosismo en su recreación de la naturaleza. Ali Smith plantea más bien una radical toma de conciencia del medio que habitamos y revela su belleza, como en esa historia que se cuenta sobre los vencejos, en cuyo interior intuye la protagonista que se esconde la palabra «verano». Porque la naturaleza para Smith no es solo naturaleza, es también un constructo cultural, forjado por el Cuento de invierno y El sueño de una noche de verano de Shakespeare, las alondras de Emily Dickinson o el arte digital. El talante iconoclasta de la autora se dirige contra las propias estaciones o, más bien, contra su significado acumulado, y abre la puerta a descubrir muchos otros inviernos bajo el frío habitual y veranos más inhóspitos que los vacacionales.

Dos

Es fácil conseguir la identificación de los lectores cuando se apela a lo generacional. Quizás por eso Smith sortea ese tipo de vínculos. En las más de mil páginas del conjunto no hay ninguna conversación entre dos personajes de la misma edad (igual exagero, pero muy poquito). Tenemos el hermoso vínculo entre una niña y el vecino que la cuida, la relación entre un hombre errático y su madre herida y opresiva, el fantasmagórico encuentro entre la empleada de un CIE y una niña todopoderosa, el encandile de ese niño rabioso y superdotado con una mujer recién separada y deseosa de empezar a militar en política. Las cuatro novelas destilan un sentimiento de comunidad muy fuerte, es más, diría que esa forma de convivencia es su apuesta política. Y para forjarla es necesario rehuir los atajos que ofrece el relato generacional.

Tres

La premisa de la autora para este proyecto era escribir cada novela en tiempo real, sin apenas revisarlas (de ahí la importancia de publicar cada libro en su estación correspondiente) y dejando la actualidad se filtrara en la escritura. Abrirle la puerta a la actualidad, con la consiguiente falta de perspectiva que eso implica, es una buena manera de arruinar una novela. Así se ha visto en los apresurados relatos que se han hecho del Covid. Y sin embargo Smith le hinca el diente al Brexit, al repliegue fronterizo y a la propia pandemia. Quizás con esta última es donde más se resiente su precisión, pero en general la escritora demuestra una enorme intuición para captar los indicios de época, esos que permiten elaborar un diagnóstico político e incluso orientar la rabia. Y digo esto último porque la de Ali Smith, como la de Belén Gopegui, no es una literatura de preguntas etéreas, sino de apuestas, capaz de introducir nuevas guías en nuestro imaginario para el tiempo político que viene. Smith cartografía territorios que normalmente incomodan a la ficción, como los Centros de Internamiento de Extranjeros y nos muestra una red de activistas organizados que trata de hacerlos caer. Entre muchas otras cosas, el Cuarteto estacional es la respuesta más precisa que se me ocurre a la cansina pregunta de tantas entrevistas y coloquios sobre si es posible una literatura política que no sea dogmática ni reduccionista.

Cuatro

Asomarse a los abismos del mal, tratar de comprender su origen, fascinarse con sus formas de reproducción son cosas que a Ali Smith no parecen interesarle lo más mínimo. El Cuarteto es una indagación sobre el bien. Sin asociarlo al simplismo, la cursilería, la ingenuidad, el idealismo ni ningún otro de los tópicos de los que suele ir acompañado. Lo explica muy bien Gonzalo Torné en este artículo. La autora relativiza la fascinación por el mal en pasajes como este, que pone en boca de un personaje: «La maldad solo quiere una cosa, más de sí misma. Quiere más más más de mí, nada más que maldad una y otra vez. Empiezo a darme cuenta de que eso la asemeja al musgo que se extiende rápidamente por otras partes, pero que puede arrancarse fácilmente con el pie porque su agarre es muy superficial».

Cinco

Frente a las narraciones que funcionan al dictado de la trama, Ali Smith reivindica la literatura como tote bag, esas bolsazas de tela en las que, sí, te cabe todo, pero todo sin compartimentar: alégrate de poder llevarte páginas ensayísticas, largos diálogos, cartas escritas y pensadas, breves digresiones etimológicas, escenas divertidísimas y una cabeza flotante pero luego no te quejes si no encuentras justo lo que tú buscabas.

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