UNIVERSIDAD COMPLUTENSE

El origen de San Cemento: la fiesta universitaria que reúne a 5.000 estudiantes

Este macrobotellón congrega cada año a miles de jóvenes en las inmediaciones del campus de la Complutense

Jóvenes durante el botellón de San Cemento

Jóvenes durante el botellón de San Cemento / EPE

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Cada año, en torno al último jueves de mayo, una gran cantidad de estudiantes se reúne para celebrar 'San Cemento', la fiesta universitaria de la Complutense. Este año -la primera vez que se celebra desde el covid- se han congregado sobre 5.000 universitarios, frente a los 15.000 que se reunieron durante la última celebración en 2019.

La cifra del número de participantes la ha facilitado esta mañana la delegada del Gobierno en Madrid, Mercedes González, en una entrevista en 'Onda Madrid'. También, la delegada ha comunicado que "no se produjeron incidentes ni hubo ningún herido". Eso sí, los estudiantes dejaron gran cantidad de residuos en la zona que han retirado los equipos de limpieza a primera hora de la mañana.

"Desde el año pasado la Delegación y Ayuntamiento se coordinan para que la Policía pueda actuar y estar presente", transmitía la delegada durante la entrevista. Un gran dispositivo policial cercó los espacios verdes del campus para evitar imágenes de residuos en las inmediaciones de las facultades como las que se producen cada año.

Origen de San cemento

Concretar cuando fue la primera vez que se celebró esta fiesta es complicado, sin embargo, lo que si se conoce es como se organizó la primera festividad de San Cemento. La invención de este evento fue una ocurrencia de los alumnos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM). Sin embargo, el macrobotellón se celebra y, es considerado como propio, de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que es donde se celebra.

El primer San Cemento pospandemia

A media tarde, cuando los estudiantes terminaban sus últimas horas de clase, un reguero de jóvenes desfilaba desde cada una de las facultades hacía una ubicación desconocida donde reunirse para celebrar uno de los eventos extraoficiales más importantes de la Universidad Complutense. Hacía tres años que no se celebraba San Cemento, pese al tiempo, la rutina no se había olvidado, cientos de bolsas verdes con alcohol salían de la boca del metro.

Nadie sabía muy bien cuál era el punto de reunión, unos caminaban -bajo la atenta mirada de la policía- hacía el tradicional espacio entre la facultad de Filosofía y Derecho y otros paseaban sin rumbo hasta algún lugar donde congregarse. Sin embargo, un dispositivo policial impedía el acceso a las inmediaciones de las facultades. Pese a esto, los estudiantes no se rindieron y reubicaron el macrobotellón en un entorno desconocido en mitad de un arbolado descampado.

Los ánimos y las ganas de recuperar la tradición etílica no faltaron, desde el primer momento, los cánticos, la cerveza y la música no se quedaron atrás. Hasta un joven se animaba, pese a la peligrosidad, a saltar desde las ramas de un árbol hacia un grupo de personas que le recogieron, visto que no había sucedido ningún incidente, otro y otro le siguieron para repetir el proceso, afortunadamente nadie resultó herido.

Se vieron momentos particulares y especialmente llamativos como el alumbrado masivo que se produjo aleatoriamente. Todos los participantes -o la gran mayoría- sacaron sus móviles con el flash encendido para crear un efecto estrellado solamente visto en conciertos de las grandes estrellas de la música.

La fiesta se extendió hasta altas horas de la madrugada, cuando los estudiantes decidieron abandonar el descampado. Pese a la diversión, lamentablemente, la imagen de la multitud de residuos, como cada año, ensucio San Cemento y empantanó la perspectiva de los jóvenes sobre el disfrute del ocio recreativo, para solo dejar: un campo inhumano de basura.

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