AGRESIÓN EN LOS OSCAR

Posesión, violencia y justificación por amor: Will Smith, los Oscar y el "machismo de toda la vida"

Will Smith y Jada Pinkett Smith en la alfombra roja a su llegada a la 94º edición de los Premios Oscar.

Will Smith y Jada Pinkett Smith en la alfombra roja a su llegada a la 94º edición de los Premios Oscar. / Mike Blake | REUTERS

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Una broma hiriente de un cómico (Chris Rock) sobre el cuerpo de una mujer (Jada Pinkett), una agresión del marido erigido en protector (Will Smith) para defender el honor de la agraviada y luego la justificación de que por amor se hacen locuras. Todo esto ha ocurrido durante la celebración de los Premios Oscar. Machismo en prime time y ante una audiencia millonaria.

Reconstrucción de los hechos: el presentador de los Oscar, Chris Rock, hace alusión a la falta de pelo de Jada Pinkett, que padece alopecia. La actriz, que está presente en el Dolby Theatre, responde al comentario con un gesto de desagrado y hartazgo mientras las cámaras muestran a su marido, Will Smith, reírse. A los pocos segundos, Smith cambia de estado emocional, sube al escenario, interrumpe la gala, abofetea al cómico y le grita iracundo, en varias ocasiones, que deje de mentar a su esposa. Nada sabemos de Pinkett durante esta secuencia. Minutos después, Smith gana el Oscar a mejor actor y durante su discurso de agradecimiento justifica sus actos argumentando que "el amor lleva a cometer locuras" y pide a la Academia que lo vuelva a invitar a las galas.

Los titulares de los medios de todo el mundo son para Smith y Rock mientras Pinkett queda relegada a la invisibilidad en el relato de unos hechos que se desencadenaron con una broma hiriente y desafortunada sobre su cuerpo. Cuatro expertos analizan para EL PERIÓDICO DE ESPAÑA la polémica que ha protagonizado la 94 edición de los Premios Oscar.

"El chiste que se hizo no es que fuera de mal gusto, era lo siguiente, absolutamente machista e impresentable. Pero lo más llamativo es esa reacción violenta, en ese contexto, en ese escenario y ante millones de personas, por parte de un sujeto con un gran poder de seguimiento, incluso objeto de admiración por ser un actor de éxito, que además se lleva el Oscar este año. Es todo una paradoja tremenda. Luego la reacción, los aplausos, que no se haga ningún cuestionamiento por parte de quienes estaban presenciando aquello", sostiene el catedrático de la Universidad de Córdoba y experto en masculinidades Octavio Salazar.

La cosa empezó fatal, como subraya la psicóloga Clara Jiménez. "El discurso del presentador ha sido totalmente machista. Antes de pronunciar ese comentario totalmente desafortunado ya había invisibilizado a Penélope Cruz, a la que se había dirigido como la esposa de Javier Bardem, y de la que había dicho que si él ganaba el Oscar pero ella no, el actor no habrá ganado esta noche. Cómo se les puede haber ocurrido, después del #Metoo, que parece que levantó tanta conciencia contra el machismo en Hollywood. No he visto ninguna mejora. El comentario sobre Pinkett es totalmente desafortunado y está bien que se le afee a un presentador que haga un comentario sobre el físico de las mujeres. La respuesta habría sido denostar esos comentarios durante la gala, pero Smith tiene una respuesta violenta que es injustificable".

Hombre protector, masculinidad tóxica

La socióloga Beatriz Ranea, autora de Desarmar la masculinidad, destaca cómo Pinkett está siempre en un segundo plano, relegada. Parece que su relato es "irrelevante", lo que siente, porque a lo que se le pone el foco es al conflicto entre dos hombres, que pasan a ser protagonistas cuando luchan tras un insulto a una mujer: "Lo que ha pasado encaja perfectamente en la masculinidad que podemos denominar tóxica porque es cierto que el comentario de Rock es hiriente, y nada lo justifica, pero ese comentario tampoco justifica la violencia por parte de Will Smith. La conducta violenta la podemos englobar en la idea de macho protector que ante el insulto se ve en la obligación de demostrar que puede defenderla incluso utilizando la fuerza. Es esa idea de la masculinidad tradicional de normalizar la violencia como forma de resolver los conflictos".

Para el también sociólogo y experto en masculinidades de la asociación Otro Tiempo, Pablo Santos, lo sucedido es un "disparate". Incide así en esa "concepción de la masculinidad de pensar que el mundo es tuyo, que el tiempo y el espacio atienden a satisfacer tu deseo y tu necesidad". "Hay muchas personas trabajando en esa gala y este señor (Smith) decide ocupar ese espacio. Will Smith está riendo y, en una franja de 12 segundos, pasa de esa complicidad y esa risa a ocupar el espacio, a que la virilidad impulsiva le lleve a defender su territorio y su propiedad, en este caso su mujer. ¿Qué noción tienes de ti mismo y de la legitimidad de satisfacer lo que en ese momento consideras para subirte al escenario de los Oscar para partirle la cara a otro y dejarle muy claro que saque el nombre de tu esposa de su 'puta boca'? ¿Qué sujetos podrían permitirse ocupar el espacio de ese modo y legitimar la violencia en un contexto como ese? Un sujeto privilegiado", denuncia.

La psicóloga Paula Roldán explica que "la violencia siempre acude cuando no media la palabra" y señala que el actor podría haber utilizado su poder para hacer de altavoz alternativo, denunciar un chiste de mal gusto, convocar y movilizar a la transformación social, si bien ha optado por reproducir esa visión de la mujer objeto a la que había recurrido inicialmente el humorista.

Santos destaca cómo salen a relucir dos roles de una masculinidad tradicional: el de hombre protector que asume el mandato de la defensa de los débiles y desde ahí se siente legitimado para hacer uso de la violencia y el rol de la autosuficiencia y la omnipotencia que le lleva a actuar sin miedo ni dudas. Además, "quita a la mujer toda agencia de tomar responsabilidad en una agresión que ha sufrido ella" y pasa a ser "absolutamente invisibilizada".

El actor Will Smith llora tras recoger el premio Oscar a mejor actor. 

/ EFE/EPA/ETIENNE LAURENT

También Salazar refiere cómo Smith entiende que su mujer es una posesión que debe proteger con la violencia: "Es el patriarcado y el machismo de toda la vida. (...) La imagen que transmites es que las mujeres son incapaces de responder, de tener voz propia y de plantarle cara a una agresión verbal como esa. Soy yo, el marido, el que tiene que salir a defender el honor. Me ha recordado a cuando, en siglos anteriores, los hombres hacían duelos porque algún comportamiento de otro hombre afectaba a su mujer".

Minutos después de la bofetada y los gritos, Smith volvía a subir al escenario, esta vez para recoger la estatuilla a mejor actor. Tenía una oportunidad de oro para mostrar su arrepentimiento, pero sólo se disculpó ante la Academia y sus compañeros nominados.

"El amor te hace cometer locuras"

En su discurso afirmó, entre lágrimas, que en el negocio del cine hay que aguantar las faltas de respeto y comentarios "locos" ante los que hay que sonreír "como si todo fuera bien". Además de presumir de haber protegido a las actrices de su película, aseguró que ha sido llamado por Dios a proteger y a amar a las personas, a ser un faro para su gente y justificó su comportamiento diciendo que "el amor te hace cometer locuras". También defendió a su personaje, Richard Williams -padre de las hermanas Serena y Venus Williams- como un "feroz defensor de su familia".

"Vuelve a justificar lo injustificable y a la vez hace un alegato de la defensa tóxica del personaje por el que le están dando el premio", critica la psicóloga Jiménez. "Es el papel de un tipo que explota el talento de sus hijas, que les quita prácticamente la voz y la palabra, lo mismo que ha hecho Smith con su mujer, para conseguir un beneficio económico y un estatus de éxito", recuerda Salazar.

La socióloga Beatriz Ranea alerta de las reminiscencias que tiene ese discurso que justifica los actos con el amor. "Suena a lo que tradicionalmente se ha dicho de la violencia de género, a cómo se englobaba dentro de los crímenes pasionales porque el amor todo lo justificaba, incluso el ejercicio de la violencia contra quienes vulneran tu propiedad o contra tu propia propiedad, que es tu mujer. Es un discurso peligroso, más ante una audiencia tan grande. Poner encima de la mesa que todo se puede justificar si está amparado si se hace en nombre del amor es algo tóxico que desde el feminismo intentamos rebatir, el amor no va unido a la violencia".

Un público complaciente

Los expertos también han hecho referencia a la actitud del público presente en el Dolby Theatre, que ni ha cuestionado o recriminado la broma hiriente de Rock ni ha dejado de aplaudir a Smith después de asistir en directo a la agresión o de justificar su comportamiento.

"Aplaudir a un hombre que acaba de violentar a otro en el escenario es difícil de justificar", denuncia Ranea. A Jiménez le llama la atención la "complicidad general" que se ha dado y que la gala haya seguido "como si nada.

Esos aplausos generalizados, llama la atención Salazar, son el "reflejo de lo que pasa en la sociedad con el machismo": frente a actitudes machistas, una gran mayoría permanece cómplice, no es capaz de manifestar crítica, enfado o al menos desagrado.

El catedrático se declara escandalizado por la corriente de apoyo que ha suscitado la conducta de Smith e insiste en que el problema para erradicar el machismo es que "muchísimos hombres son cómplices con este comportamiento, se sienten ofendidos cuando se critica": "Los hombres deberíamos posicionarnos de manera muy crítica con este tipo de comportamiento y decir 'no quiero ser como Will Smith y tampoco quiero que mi hijo lo sea. Pero veo que no, que una mayoría de los hombres no se dan por aludidos y los que sí, lo hacen para reaccionar exactamente a la contra de lo que sería deseable", concluye.

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