INVASIÓN RUSA

Alarma entre los ganaderos españoles por el impacto de la guerra en sus costes

El 30% de las compras exteriores de maíz para alimentación animal proceden de Ucrania

Un pastor con su ganado en los campos de Ciudad Real

Un pastor con su ganado en los campos de Ciudad Real / EFE

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Que Ucrania es “el granero de Europa” no es un lugar común: es una realidad que conocen bien los ganaderos españoles, porque buena parte de la proteína vegetal que consumen sus animales procede de los campos de ese país. La invasión rusa ha hecho saltar todas las alarmas por los posibles cortes de suministro y encarecimiento de los costes que puede suponer para el sector, en un momento además en el que se apilan otros aumentos de precios por el repunte de la energía y por la sequía.

El 27,6% del maíz que importa España viene de Ucrania, así como el 12,9% del trigo, el 31,4% de las tortas de aceites vegetales y el 15,4% de las leguminosas (sobre todo, pipas de girasol), según los datos del ministerio de Agricultura. “Por supuesto que estamos muy preocupados, tenemos una dependencia muy importante de Ucrania para la alimentación animal, y tememos que haya problemas con el tráfico comercial por el conflicto”, resume Miguel Padilla, secretario general de la organización agraria COAG. "A España le afecta especialmente la guerra, porque somos de los países que más exportamos de Ucrania", añade José Manuel Roche, secretario de relaciones internacionales de UPA: las cifras del Gobierno apuntan a que España es el segundo país del mundo que más maíz importa de Ucrania (el 14% de todo lo que Kiev vende en el exterior) y también el segundo en pipa de girasol (17,5%).

Encontrar alternativas para un proveedor tan importante no es fácil, asegura Padilla: "el intercambio era bastante fluido, y cambiar de vendedor puede suponer dificultades importantes, como trabas burocráticas, u obtener las garantías necesarias de que el producto que se pacta es finalmente el que te llega". "Reconducir el comercio de un mercado tan engrasado nunca es fácil", apostilla por su parte Ignacio López García-Asenjo, director de relaciones internacionales de Asaja, "porque hay sequía en otros productores de proteína vegetal para animales -como nosotros, Portugal, sur de Francia y Brasil- y ya estamos viendo que además de los posibles problemas de aprovisionamiento, los precios no dejan de subir". Las cotizaciones de trigo y maíz en el mercado de Chicago, que ya estaban en máximos de una década por la escalada en la tensión de los últimos días, se disparaban con el anuncio del ataque forzando un bloqueo temporal de la cotización por superar la subida máxima fijada por el regulador, de algo más de un 5%. 

El alcance del problema para el campo español dependerá de la evolución del conflicto, apunta Roche: "De momento, se ha producido el cierre del espacio aéreo ucraniano, pero en principio se siguen manteniendo las relaciones comerciales a través de carretera y mar. Si la situación se agrava más, podría interrumpirse el suministro a la UE, generando un corte de abastecimiento y una subida de precios que pondría en jaque a miles de explotaciones ganaderas españolas", avanza. Por ello, desde su organización piden a la Comisión Europea un plan de contingencia que pueda mitigar los daños económicos que sufra el sector.

El encarecimiento de los cereales, dicen desde las organizaciones agrarias, afectará especialmente a las explotaciones de animales que sólo se alimentan de ese tipo de piensos, como las aves o los cerdos. La nueva crisis y su posible repercusión en los precios se suma a un incremento medio de los costes de los ganaderos durante el último año de un 30%, calculan en COAG, por la escalada de los precios de la energía, esencial en explotaciones como las de pollos y conejos (para mantener calientes las naves) o las lecheras (para conservar el producto en tanques refrigerados).

Por otro lado, el conflicto bélico iniciado este jueves abre la puerta a la imposición de nuevos embargos de Moscú a los productos del campo español, como el que ya puso en marcha en 2014 en respuesta a las sanciones de la UE por la invasión de Crimea y que cerró las puertas del mercado ruso al porcino y a las frutas y verduras españolas. Además, las subidas de los productos energéticos que ya está causando la guerra encarecen también productos agrícolas que dependen del gas para su fabricación, como los abonos y fertilizantes.

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