Patrocina:

REVISANDO CLICHÉS

El Barroquista: "El canon del arte pone nombre a las estaciones de metro y a las calles, a la vez que olvida a otros pintores magníficos"

Desde su popular cuenta de twitter, este divulgador gallego pone en solfa muchas ideas preconcebidas sobre el arte, al que ahora también quita solemnidad en su primer libro.

La obra de Maurizio Cattelan ’Comedian’, vendida en Art Basel Miami 2019 por 120.000 dólares.

La obra de Maurizio Cattelan ’Comedian’, vendida en Art Basel Miami 2019 por 120.000 dólares. / Rhona Wise

12
Se lee en minutos
Rocío Niebla

Miguel Ángel Cajigal (A Coruña, 1981), conocido como El Barroquista, domina el Barroco desde distintas perspectivas -música, literatura y arte-. Hace años abrió un blog de divulgación con el mismo nombre y, a partir de ahí, las redes sociales fueron aliadas en su titánica tarea de divulgar el arte y sus historias. Acercarlo a desentendidos no es tarea fácil, pero si detrás de las obras hay una historia, una anécdota, un hecho entre extravagante y cómico, puede que el camino se allane sin mucha apisonadora. He ahí el enfoque de El Barroquista: quitarle gafas de pasta y elitismo al arte para hablar de él en bata y zapatillas de estar por casa, algo que hace desde múltiples plataformas, también como colaborador de El condensador de fluzo en RTVE.

Tiene formación como músico, diez años de conservatorio con el violín y canto. Ha cantado en grupos de música antigua, renacentista y barroca y en coros sinfónicos. Notas altas no le faltan, ritmo para escribir y contar tampoco. Trabaja en el Museo Centro Gaiás a tiempo completo y dirige el máster en Educación en Museos y Espacios Culturales de la Universidad Miguel de Cervantes. ¿Pueden los museos dejar de dar la espalda al público masivo y ser tan sexy como otros ocios posibles? Miguel Ángel Cajigal reflexiona y trabaja para que así sea. Otra historia del arte. No pasa nada si no te gustan Las Meninas (Plan B, 2021) es su primer libro, y en él reflexiona sobre los creadores y sus distorsiones, pero también sobre los ojos -en ocasiones miopes- de los espectadores.

Miguel Ángel Cajigal, El Barroquista, haciendo lo que mejor sabe: enseñar cosas.

/ Manuel G.Vicente

Dice que el arte proporciona muchas piezas de información de lo que en el siglo XX empezó a llamarse la historia de las mentalidades. ¿En qué consiste eso?

Es una corriente de investigación histórica que tiene que ver con la antropología, la sociología y la historia del arte. Intenta acercarse a cómo pensaba la gente y cómo serían las cosas en un determinado momento. En ocasiones nos quedamos solo con el hecho histórico: las fechas, los reyes, guerras o cuadros. En realidad, todo está más engrasado y permite pintar el panorama de una época, así como los pensamientos de la gente imperantes en esa época. Cómo eran sus emociones, los anhelos, las preocupaciones, cómo planteaban sus creencias a efectos religiosos o éticos. La historia del arte sirve principalmente para eso. Por ejemplo, las cerámicas griegas antiguas tienen mucha decoración historiada y se empleaban para comunicar la religión y los mitos. Digamos que el mejor diccionario que tenemos de mitología griega no son los textos sino las cerámicas. En la antigua Grecia alguien tenía un vaso de cerámica en el que se contaba la boda de Tetis y Peleo. Esto permite observar que tenían una estrecha y diaria relación con la religión.

Admiramos los mosaicos romanos en un museo como si fuesen la quintaesencia, cuando se crearon para pisarlos. ¿El pasado y la vitrina son un buen aval para el arte?

En los museos encontramos piezas funcionales que en su tiempo no tenían interés estético mayor que ser útil, que igual hasta se hacían en serie, y ahora, viéndolas en un museo y porque tienen 300 años, flipamos. Los museos son el aval universal. La mayoría de la gente piensa que por el hecho de estar allí es bueno, y por otra parte, para llegar al museo tiene que pasar tiempo porque es raro encontrar piezas de artistas en vida. Acaba de morir la sevillana Carmen Laffón y ahora sus pinturas van a entrar en el Museo Reina Sofía. Ahora, no antes.

Dice que el arte puede ser bueno y no gustarnos. Está el caso de su amigo, historiador del arte, al que no le gustan las Meninas. ¿Quién decide qué es bueno o malo? El canon, pero ¿quiénes son? ¿qué intereses tienen?

La clave es tomar conciencia de que el canon existe, porque hay gente que cree que hay una verdad inmutable que dice que Goya es maravilloso y por tanto hay que estudiar a Goya. En el Museo del Prado no se expone nada entre Velázquez y Goya, hay siglo y pico que está desaparecido, y no porque no tengan obras de la época, sino porque en el relato solo están Velázquez y Goya. El canon pone nombre a las estaciones de metro y a las calles, los canoniza, a la vez que olvida a otros pintores magníficos. Si entendemos cómo funciona el canon apreciamos que fuera de este nos estamos dejando a la otra mitad de la historia del arte.

Afirma que en distintas culturas el arte se ha manifestado como creación colectiva. ¿Por qué hay tanta polémica con Leonardo da Vinci, su autoría y la pintura del Cristo Salvator Mundi?

Hay que replantearse la idea de la autoría única detrás de un cuadro. Leonardo trabajaba en equipo con ayudantes, auxiliares y aprendices. Nos hemos creído que el artista es una figura sagrada que lo hace todo y que cada centímetro cuadrado de un cuadro lo ha hecho él y es oro puro. A ver si nos pensamos que Velázquez preparó la tela de Las meninas con sus propias manos. O Rubens, que sabemos que tenía un ejército de ayudantes que le pintaban la mayor parte de los cuadros. El problema aparece cuando se pretende vender un cuadro como Salvator Mundi como si fuese de Leonardo y alguien paga 400 millones y luego resulta que, puede que Leonardo no pintara el cuadro entero o que hiciera algo pequeño.

El problema es cuando alguien paga 400 millones por un Leonardo y luego resulta que puede que Leonardo solo pintara una parte pequeña"

Es lo que usted llama el fetichismo de la firma.

Sí, además siempre existió. En la época de Miguel Ángel una mujer llamada Victoria Colona le escribió una carta para pedirle una obra de arte pero explícitamente que fuese hecha solo por él, por su mano. La cuestión es: ¿es un cuadro 100% pintado por Goya mejor que un cuadro pintado al 80% y un 20% por su taller? Pasó con Hombre con yelmo dorado, que se le atribuía a Rembrandt y en el último catálogo consideraron que no. Si una obra de arte es buena nos debería dar igual quién la firme. En este caso Hombre con yelmo es buenísimo, sea o no sea de Rembrandt.

Considera que los seres humanos somos lentos en la asimilación de las novedades estéticas. En el cine está el fracaso absoluto de Blade Runner cuando se estrenó, en arquitectura tendríamos a Gaudí con la Casa Milà -que los barceloneses apodaron despectivamente “La Pedrera”-, o en música, La leyenda del tiempo de Camarón que no gustó nada. ¿La historia del arte no es fundamentalmente una compilación de gente rompedora, original y radical?

Es un defectillo que tenemos los historiadores de arte. Nos fijamos demasiado en la gente rompedora e innovadora, y sobre todo cuándo fue la primera vez que alguien hizo tal cosa. Nos obsesionamos demasiado con la novedad. Ha habido artistas grandísimos pero como no hicieron nada necesariamente revolucionario al final se van cayendo del relato de la historia y eso es un peligro, porque esa gente también estaba en el mundo creativo y también aportaba. Está el caso de la neoyorkina Gertrude Vanderbilt, que era además millonaria, y con eso parece que esculpía por capricho. Es una escultora tremendamente interesante, pero como no hacía nada revolucionario no se conoce. También están los artistas considerados malos del cuento, los tradicionalistas, los retardatarios como los pintores de temática histórica franceses del siglo XIX que están todos estigmatizados. Los impresionistas reaccionaron mal contra ellos, considerándolos como “señores muy antiguos”, desfasados. Y hay algunos que son pintores extraordinarios, pero lo que pasa es que eran convencionales.

Es cierto que muchos artistas ahora sagrados en los museos sufrieron incomprensión y rechazo similares a los que la sociedad dedica al arte más vanguardista hoy en día.

Somos bastante tradicionales en cuanto a los gustos. Tenemos una etapa en nuestra vida que somos algo más experimentales, en la que escuchamos música o vemos pelis distintas y atrevidas, pero luego acabamos adaptándonos a que nos guste más o menos lo mismo. Las novedades nos cuestan y nos chocan. Esta semana ha habido el debate con el reggaeton; que si no es arte o que si no va a perdurar. Es evidente que a muchísimas personas les interesa más el reggaeton que Beethoven, y eso es por algo. En arte es todavía más complicado porque el reggaeton lo puedes escuchar en la radio pero los cuadros de una pintora de ahora, ¿dónde los ves? La gente no va a las galerías ni a los centros de arte contemporáneo y mucha obra por derechos de autor no puede verse en internet. Así que es difícil educar el gusto porque no es sencillo su acceso.

Sobre la famosa banana pegada a la pared con cinta americana del artista italiano Maurizio Cattelan, que se vendió por 120.000 dólares. ¿Hay que entender algo?

El plátano de Cattelan lo que busca es provocar y como provocación es efectiva. Mucha gente cuando lo pegó a la pared en el Art Basel de Miami afirmó que solo buscaba titulares. Y pensaba yo, consigue tú tanta atención mediática pegando un plátano con cinta en la pared si es tan fácil. ¿Por qué a nadie se le ocurrió antes? Fue original. Cattelan estaba jugando y hablando con otras cosas: con la propia iconografía de la fruta o con la idea de que es algo perecedero y efímero. Está latente la crítica o la paradoja de que quien compre eso no lo va a poseer porque se va a pudrir, o bien, va a tener que cambiar el plátano cada dos o tres días. Detrás de esto hay una intención de provocar, de pegar una sacudida mental, y esto es lo que los artistas de los últimos 50 años están buscando. Sobre todo cómo cambiar el paradigma.

Otra provocación que le interesa fueron las latas de caca del propio artista conceptual Manzoni, que las vendía a peso de oro.

Es una obra maravillosa, no estéticamente porque no deja de ser una lata de conservas, pero intelectualmente es una provocación muy fuerte. El planteamiento es: ¿todo lo que sale de un artista es arte automáticamente? Pues Manzoni pensó enlatar su propia caca y firmarlas, porque si todo lo que él hace es considerado arte... pues lo que caga también. Es absurdo pero detrás subyacen ideas complejas que nos obligan a plantearnos las cosas de otra manera. Me pregunto, ¿por qué un folio en blanco con un garabato de Picasso vale más que un folio en blanco dibujado por otro artista y exactamente igual?

Afirma que si la Capilla Sixtina estuviera en un monasterio aislado no sería considerada un culmen de la pintura.

Hay una relación directa entre el disfrute del arte y la ubicación del arte. El ejemplo son los mármoles del Partenón que están en Londres. Gracias a que están allí se convirtieron en el centro de una estética que llamamos neoclasicismo. Si los mármoles se hubiesen quedado en Atenas los artistas ingleses y europeos se tendrían que haber buscado otro modelo. En Grecia hay esculturas clásicas como los mármoles del Partenón que no conoce casi nadie porque están donde les toca, en Olimpia por ejemplo. Al final los artistas más famosos son los que están representados en ciudades-visita: París, Londres, Roma. Es muy difícil convertirte en un artista reconocido y que tus esculturas o cuadros estén lejos de donde la gente acude. Leonardo no sería tan famoso si el museo con más cuadros de él no fuese el Louvre y estuviese en París.

¿Le ha perjudicado a Velázquez tener la mayoría de su obra en un solo museo?

Velázquez es mucho menos conocido fuera de España que Caravaggio, Rubens, Rembrandt o Vermeer porque los cuadros de estos están muy bien repartidos. La mayoría de cuadros importantes de Velázquez están en el Prado. En Londres ha interesado Velázquez porque está la Venus del Espejo por ejemplo. Cuando vino el pintor francés Édouard Manet a Madrid y descubrió a Velázquez se quedó alucinado. Le impactó mucho y no lo conocía en profundidad, porque en Francia no hay arte de Velázquez.

Entonces, ¿qué considera sobre el posible (o no) traslado de la Dama de Elche?

La visión de los museos como lugares en los que se guardan objetos que casi mágicamente atraen a los visitantes es un poco anticuada. Me parece tremendo que en pleno siglo XXI los museos se estén peleando por las piezas. Deberán centrarse en otras cosas: ¿cómo pueden responder mejor a la sociedad? ¿Cómo relacionarse mejor con el resto de personas que no son el pequeño público que acude? ¿Cómo crear espacios más útiles? ¿Cómo atraer a aquellos que han sido expulsados de los museos? ¿Cómo gestionar el mundo digital?

¿Si la Dama vuelve a Elche no podría caer en lo que usted comentaba de Velázquez o la Capilla Sixtina? ¿No sería invisibilizarla de alguna manera?

Pueden pasar cosas muy diferentes. Hay un antecedente claro: los Bronces de Riace se encontraron en el fondo del mar en Calabria. Es de las esculturas más importantes de época griega que se conserva, a la altura de la Auriga de Delfos. Se decidió que no se mandaban a Roma y se quedaba en el Museo Provincial de Calabria. Y no va nadie a verlos, están allí absolutamente abandonados. Incluso en los manuales de arte griego no aparecen porque está en un museo al que no va nadie. También hay que pensar que si se manda a Roma la gente de Calabria dirá, “oye, que son nuestros”. Así que es un dilema que hay estudiar en ambas direcciones.

¿Qué le gusta del arte?

Me interesa porque me permite conectar con la gente de otras culturas, tiempos y lugares. Por lo menos traslado mi manera de pensar a cómo o desde dónde lo hacían ellos. El arte también es diversidad y tolerancia. Tenía un profesor de historia de la música, Carlos Villanueva, que decía que cuando escuchas una misa de Giovanni Pierluigi da Palestrina tienes que ser creyente aunque sea durante unos minutos. Y eso pasa, escuchas su música del siglo XVI sin necesidad de ser católico y puedes entender una serie de sentimientos o emociones como la fe.

Noticias relacionadas
Temas

Arte Libros