Precarios y tapones

'Millennials' contra 'boomers': las pensiones desatan la gran batalla de nuestro tiempo

  • Los expertos afirman que subir las cotizaciones para pagar las pensiones de los mayores perjudica a los jóvenes

  • Distintas voces millennials cuestionan el actual sistema, mientras los boomers les acusan de no luchar como ellos

El peso electoral de los jóvenes es muy inferior al de los mayores de 65

El peso electoral de los jóvenes es muy inferior al de los mayores de 65

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Miles de pensionistas saldrán este sábado a la calle en distintas ciudades de España para protestar, una vez más, contra la reforma de las pensiones.

Piden, entre otras cosas, que suban cada año de acuerdo al coste "real" de la vida y que si la Seguridad Social no tiene dinero para pagarlas tire de los Presupuestos Generales del Estado: es decir, que utilice dinero procedente de impuestos como el IVA o el IRPF para garantizarlas, algo que ya sucede desde hace años a través de transferencias y préstamos millonarios.

Mientras tanto, el Gobierno desliza ideas para afrontar los difíciles años que el sistema tiene por delante —los de la jubilación de la generación del baby-boom, nacidos entre el 57 y el 77— y jóvenes y expertos observan atónitos la principal solución que hay sobre la mesa: subir las cotizaciones de los trabajadores para volver a llenar la "hucha" de las pensiones.

"Su propuesta es: no pasa nada, ya pagarán los millennials y los Z. Y eso no va a ocurrir", critica José Ignacio Conde Ruiz, subdirector de Fedea y catedrático de Economía por la Universidad Complutense de Madrid. "La gente tiene que entender que las pensiones no son como la sanidad. Yo pago a los jubilados de hoy porque espero que los siguientes me paguen a mí. Pero ahora hay tres personas pagando una pensión [el tope han sido 2,7 cotizantes por pensionista, actualmente está en dos] y dentro de 25 años solo habrá una y un poco de otra. El reto es adaptar el sistema a esta nueva realidad demográfica. Por primera vez se reconoce que hay un problema de sostenibilidad, pero subiendo las cotizaciones solo aumentas el coste laboral en un mercado con un paro estructural y juvenil elevadísimo. Es una situación que claramente va a perjudicar a los jóvenes".

A la alerta de este economista se empiezan a sumar distintas voces de la generación millennial, la que nació en los años 80 y primeros 90, los hijos de quienes ahora están a punto de terminar su vida laboral.

Azotados por dos crisis económicas y con serias dificultades para acceder a una vivienda, para algunos jóvenes adultos el discurso de la solidaridad intergeneracional hace agua, sobre todo cuando queda atravesado por la clase y ven que, en algunos casos, además de recibir una pensión máxima, el jubilado cobra alquileres de segundas o terceras propiedades, viaja a precios reducidos con el Imserso y coge el transporte público casi gratis.

"Dejo de ver La Isla de las Tentaciones porque mañana hay que cotizar para pagarle la pensión al casero", bromeaba recientemente el periodista Sergio de la Cruz en Twitter. "Debe de tener cinco o seis pisos. Lo único que le puedo dar de más es una transfusión de sangre", añade.

Según datos de la Seguridad Social, aproximadamente un millón de pensiones de jubilación son superiores a 2.000 euros mensuales (el máximo son 2.707 euros), lo que supone un 16% del total. Casi la mitad de las pensiones de jubilación superan la cuantía del salario mínimo, 965 euros. Por otro lado, un 37% de los jóvenes menores de 34 años cobra menos de 850 euros brutos al mes.

Durante los años posteriores a la crisis, la cuantía media de las nuevas pensiones era muy superior a la de los nuevos salarios. Y se espera que en los próximos años la pensión media aumente, porque buena parte de quienes se jubilen habrán tenido sueldos elevados.

A estos datos se suman los de la vivienda: el porcentaje de población de más de 45 años propietaria de una vivienda es cercano al 80%, al 90% en el caso de los de más de 65 años, mientras que los menores de 35 años empiezan a estar condenados al inquilinato, lo que a la postre reduce su riqueza acumulada y agudiza la extracción de rentas desde millennials de alquiler hacia boomers caseros.

Entre 2014 y 2017, los hogares con un cabeza de familia menor de 35 años sufrieron la mayor caída de su riqueza media, según el Banco de España con datos de la Encuesta Financiera de las Familias. "Este grupo demográfico también presenta el mayor retroceso de su riqueza media desde 2011, del 56%", apunta el informe.

"Los jóvenes siempre sentimos que lo tenemos muy difícil. La diferencia es que por primera vez los datos demuestran que sí, que somos una generación cuyos salarios y condiciones de vida no son mejores que los de sus padres", valora la politóloga y periodista Estefanía Molina, de 29 años, que trató este tema en una columna ("El joven precario pagará tu pensión, boomer: no es solidario"). "Nadie cuestiona el esfuerzo de los padres, pero los datos avalan que los jóvenes lo tienen peor. Esto constata que hay una guerra generacional encubierta, porque los jóvenes se sienten perdedores de este sistema".

"Es que los jóvenes no protestan"

María Isabel Mesón tiene 75 años y es portavoz de la Mesa Estatal por el Blindaje de las Pensiones (MERP), una de las organizadoras de las marchas de este fin de semana. Eleva el tono cuando se le pregunta si de verdad peligran sus pensiones.

"¿Tú crees que estamos protegidos después de 40 años trabajando y pagando nuestras cotizaciones?", inquiere. "Uno de los pilares del estado del bienestar son las pensiones. En 2008, cuando llegó la crisis, ¿quién mantuvo a los hijos? Los pensionistas, porque teníamos una pensión. Pagamos los recibos del agua, la luz y los trajimos a casa porque les habían desahuciado. Es un pilar fundamental y de la economía, porque también gastamos".

'Boomer' en una protesta sobre pensiones

/ EPE

Mesón, que cobra 950 euros al mes, pide a través de la MERP que las pensiones queden blindadas en la Constitución. Pelean desde 2013, cuando el PP limitó la subida anual al 0,25%, lo que provocó la ira de muchos pensionistas.

"Llevamos tres millones de firmas recogidas, hemos sumado a asociaciones y sindicatos y nos hemos reunido con todos los partidos menos con Vox", afirma. Desde la MERP han unido a personalidades como Manuela Carmena, Miguel Ángel Revilla, Verónica Forqué o Antonio Resines, que han firmado un manifiesto publicado en el diario El País.

La gente joven no se organiza ni sale a defenderse

María Isabel Mesón, portavoz de la Mesa por el Blindaje de las Pensiones (MERP)

Para esta jubilada, "todo se puede discutir" cuando se trata de abordar la cuestión generacional.

"Yo si fuera joven defendería un trabajo digno para poder tener unas pensiones dignas", anota. "La gente joven no se organiza ni sale a defenderse. Hay falta de solidaridad y de compromiso. Si no tienes un trabajo a partir de los 20 y tantos, ¿cómo llegas a la pensión? ¿Qué haces para intentar que eso no sea así? La solución es movilizarse y votar a quien de verdad defiende los intereses de los más necesitados. En los 60 salíamos a la calle los universitarios y los obreros. Ahora salimos los jubilados. Y somos los mismos".

¿Cómo se defiende "un trabajo digno"? Es más, ¿qué es exactamente un "trabajo digno"?

"Hablar de generaciones es generalizar mucho, pero creo que los boomers han perdido la perspectiva sobre cómo han gestionado la situación en la que estamos", considera Fernando Arancón, de 29 años y director del medio de análisis internacional El Orden Mundial. "Dónde estamos ahora es consecuencia directa de su gestión de las pensiones y del mercado laboral. Yo en los 90 y 2000 no voté, yo no he avalado la burbuja inmobiliaria, ni el dar dinero a los bancos, ni he pedido hipotecas al 120%. Eso lo hizo la generación de mis padres. Nosotros asumimos una herencia y ellos generan un discurso exonerado de culpa. Se desentienden, es todo muy exculpatorio: esto ha pasado pero los jóvenes no luchan como nosotros luchamos por las pensiones".

Jóvenes Z protestando contra el cambio climático

/ EPE

Arancón considera que si los jóvenes "no luchan" es porque su problemática es mucho más amplia.

"No me parece equiparable la agenda de las pensiones a la agenda joven. La revalorización de las pensiones es extremadamente concreta: queremos que suban más que el IPC. Los jóvenes no tienen un problema concreto, no hay un objetivo —por ejemplo, un salario mínimo de 1.300 euros— al que llegar y hacer check. El problema está en los salarios, en los alquileres... Algunos dirán que quieren vivir de lo suyo, otros que quieren poder trabajar en su provincia. Es una agenda mucho más amplia y variada".

Jóvenes 'millennials' que protestaron por los salarios y la vivienda

/ EPE

"¿Qué es un trabajo digno? Porque para mí son palabras que parece que dicen mucho y en realidad no dicen nada", añade la periodista y escritora N.P (37 años), que firma sus columnas en El Salto Diario como Domingos en Chándal. "Entras en las movilizaciones laborales cuando tienes algo que perder. Pero nuestra realidad laboral no tiene nada que ver con la que tuvieron ellos. Se te alarga la formación, pasa tiempo hasta que te hacen indefinido, no sabes cuánto vas a estar hasta que te despidan. La gente joven sí se moviliza, pero una cosa es hacerlo por el trabajo en general y otra por un puesto de trabajo particular. Además, ¿quién es nuestro empleador? Si yo trabajo en una empresa que tiene un 10% de capital español y otra parte de un fondo de inversión, al final no sé ni quién es mi patrón".

"Los millennials son conscientes de haber tenido una expectativa de cambio en el sistema: el 15M", añade Molina. "Los nuevos partidos introdujeron esa ilusión, pero el sistema no ha cambiado necesariamente a mejor. Su expectativa está frustrada. Creo que la percepción de los más jóvenes, de 20 y 22 años, es desesperanzadora. Saben que si no les gustan las condiciones de un trabajo lo va a coger otro, son cosas que el contexto te mete en la cabeza y que en la Universidad te repiten como mantra. Están en causas relativas a los derechos y libertades, como el feminismo o el cambio climático, porque ahí sí hay expectativas de que pueda ir a mejor. Los discursos son más esperanzadores".

"Llevo toda la vida cotizando, ya me he pagado mi pensión"

Entre los jubilados se repite la idea de que al haber cotizado durante 40 años —en realidad, el sistema permite jubilarse con 35 años cotizados, aunque aumentará paulatinamente hasta los 37— se han pagado su pensión.

La realidad es que el sistema es solidario e intergeneracional porque son los trabajadores en activo los que pagan las pensiones.

Si el Gobierno y el Pacto de Toledo buscan fórmulas para reformarlo es porque la demografía ha cambiado: nacen menos niños y los mayores viven muchos más años.

Está previsto que la tasa de dependencia (la proporción de población pasiva, menor de 16 o mayor de 66, sobre la población en edad de trabajar) aumente hasta el 77% en 2050.

Sencillamente, habrá menos trabajadores para pagar cada pensión.

"Yo he trabajado desde los 14 hasta los 60 años. He pagado de más a la Seguridad Social. He pagado mi jubilación anticipada, así que tengo derecho, y tú también, a tener una pensión digna", sostiene Damián Rodríguez García (67 años), bombero jubilado y portavoz de la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Publico de Pensiones (COESPE). "Ahora tengo mi casa y mi pensión. Si tuviera más de una casa me la habría pagado con mi salario, no he robado a nadie. Si yo he podido tener un determinado nivel de vida es producto de mi trabajo. Y ese no es el caso de los jóvenes españoles".

Los baby-boomers "han asumido que las pensiones funcionan como una hucha: que empiezan a cotizar el día uno, echan dinerito y cuando se jubilan el estado se la abre. A ver cómo desmontas eso en siete millones de cabezas. Boomers, creíais que esto era así, pero estabais equivocados", añade Arancón.

Además, durante los años de superávit de la Seguridad Social, el dinero de las cotizaciones se utilizó para otras partidas presupuestarias, como la sanidad pública y las políticas activas de empleo. También permitió que la presión fiscal fuera mucho más baja que la actual, esto es: mejoró las rentas disponibles de los españoles.

Pensionistas protestando por el Pacto de Toledo cuando gobernaba Rajoy

/ EPE

El jubilado Rodríguez culpa al "poder político y financiero" de la situación de los jóvenes. "No es solo decir que se tienen que movilizar. Es qué han hecho los poderes para que los jóvenes crean que no va a haber pensiones. Les han quitado la cultura del sindicalismo y metido la individualidad, el disputar a otros el puesto de trabajo. Mis hijos me ven pelear, pero están rodeados de gente que piensa que tiene todo perdido".

Una generación tapón

A los baby-boomers en España —más jóvenes que los boomers americanos, que nacieron tras la Segunda Guerra Mundial— también se les ha calificado como "generación tapón". El término lo acuñó Josep Sala i Cullel, profesor residente en Noruega y autor del libro Generación Tapón. Sala i Cullel nació en el 79, así que se encuentra a caballo entre millennials y baby-boomers.

"Los baby-boomers se encontraron con el desarrollismo y con una gran etapa de crecimiento económico. Hay un período de treinta años en España en el que el PIB solo baja un año hasta 2008. Hay paro estructural, pero en general las perspectivas son mejores. Encuentran trabajo en la industria, porque hay. Y las élites son, con treinta años, directores de periódico y catedráticos de universidad. Antonio Franco, que acaba de morir, fue director de El Periódico de Catalunya con 31 años. Entraron en todas partes y económicamente lo tuvieron más fácil. Con una tercera parte del sueldo de una pareja se podían comprar su piso. Mi tesis, que no es original y se da en todo Occidente, es que son los únicos que van a vivir plenamente el estado del bienestar y el modelo socialdemócrata posterior a la Segunda Guerra Mundial".

El autor va más allá y afirma que la "generación tapón" se ha beneficiado del sistema "destruyendo el futuro de sus hijos y nietos".

Los 'boomers' son una generación de sociópatas que ha destruido el futuro de sus hijos

Josep Sala i Cullel, autor del libro Generación Tapón

"Hay un libro que salió el año pasado en Estados Unidos que los califica como una generación de sociópatas. Y yo estoy de acuerdo", apunta. "Un ejemplo de clase obrera: los taxistas que consiguieron en los 70 una licencia del taxi por cuatro duros y se la han vendido a un joven por 100.000 euros. Otro: las dobles escalas salariales. Llegaba Nissan y decía que tenía que reducir la masa salarial un 10%. Y en vez de reducirse todos el sueldo, los sindicatos firmaban mantenerlo y que los nuevos cobraran la mitad".

Las dobles escalas salariales se generalizaron en los convenios colectivos a partir de 1994, tras la reforma laboral socialista.

Nissan, Seat, Michelín, Damm, Hertz... Un viejo documento de CGT recoge un listado de empresas con dobles escalas y las justificaciones que daban los sindicatos para aceptarlas, como la de Tudor. "Ante la posible pérdida de puestos de trabajo, la evidente desigualdad de la doble escala salarial supone ventajas: más vale tener un empleo con un salario menor que estar en el paro".

Después llegarían las externalizaciones, que se extendieron como un virus en el sector de la hostelería tras la reforma laboral del PP en 2012. Un caso paradigmático fue el de la cadena hotelera NH, que en 2013 presentó un ERE para despedir a 646 trabajadores (el 12% de la plantilla en España) y externalizar los departamentos de pisos, limpieza y mantenimiento. Eran despidos baratos para sustituir trabajadores y pagar menos a los siguientes, que estarían bajo peores convenios. Los sindicatos UGT y CC.OO firmaron.

NH hizo un nuevo ERE el año pasado, tras la pandemia, en las oficinas centrales y la central de reservas. Solo este último centro de trabajo estaba sindicado y logró pararlo. En oficinas centrales no había representación ni se encontró gente suficiente para montar un comité.

Como recuerda un actual empleado, "los sindicatos tienen interés en demostrar que hacen algo, pero la gente está quemada de cómo pasaron por el aro en el pasado".

El verdadero melón: los mayores votan más

Las distintas decisiones políticas sobre pensiones terminan favoreciendo a los mayores por una sencilla razón: son más y votan más.

"Es una losa para los jóvenes", dice el subdirector de Fedea. "¿Qué les ofreces? La educación española es de las peores en rendimiento del PISA. El mercado laboral, un disparate de temporalidad y precariedad. La vivienda, disparada. Y después de todo, les dices que encima tienen que pagar las pensiones porque hay un déficit estructural. Lo que harán será irse a otro país".

"El peso de los jóvenes en el censo electoral es inferior al 10% y el de los mayores de 65 está en torno al 25%. Son tres veces más y votan más porque socializaron políticamente durante la Transición. Es un derecho que no quieren perder. Los jóvenes se repolitizaron con el 15M, pero al ver que salió el PP volvieron a desmovilizarse. Esto es algo que pasa en todos los países", valora José Pablo Ferrándiz, sociólogo y director de Elemental Research. "Desde el punto de vista sociológico y político es muy importante. Se vio en el Brexit: la gente mayor era más partidaria y decidió el futuro, pese a ser quienes menos futuro tienen".

Para Ferrándiz, es muy evidente que la atención política en España se dirige a los mayores.

"Cuando hay campaña electoral les digo a mis alumnos que busquen las promesas para jóvenes. En los discursos sí que se menciona una preocupación, pero donde está el peso es en cuestiones que afectan a los mayores. Además, los dos grandes partidos que siempre han gobernado son los que más electorado mayor tienen", concluye. "Durante la crisis económica se revitalizó la imagen de los jubilados porque muchas familias sobrevivieron gracias a la pensión, pero lo cierto es que esta guerra generacional existe y solo va a ir a más".

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