OPINIÓN

La fascinación literaria por Javier Marías

Muchos periodistas culturales, entre los que me incluyo, fuimos secuestrados, con devoción y placer, por la seducción editora de Jorge Herralde

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El escritor Javier Marías

El escritor Javier Marías / Paco Campos

La muerte de un escritor es adrenalina para una sección de Cultura. Las rutinas plácidas y relativamente controladas se agitan con el anuncio del fallecimiento de un autor. Hay nombres insustituibles en la cosmología literaria. Uno de ellos es Javier Marías. Y así, sin el preámbulo habitual que antecede a cualquier acto luctuoso, la maquinaria se pone en funcionamiento para una despedida honorable. Como la de un rey de la literatura.

Marías se va sin Nobel, como Jorge Luis Borges o Julio Cortázar. Esta es una de las cuestiones debatidas durante esta semana. Lo cierto es que no parece un hecho relevante. Porque, ¿cómo influye un premio en la literatura de un autor? Es cierto que, en muchos casos, se trata de un reconocimiento de gran valor. Pero al final acaba convirtiéndose en una promoción alejada de la calidad literaria. Un Nobel es igual a buena literatura, como un "no Nobel" también.

Lo cierto es que la inesperada muerte de Javier Marías ha situado su literatura en la centralidad del escenario de la rentrée de la temporada editorial.

Un ejemplo es nuestra portada, dedicada exclusivamente al escritor y con una excepcional entrevista póstuma concedida a Juan Cruz que formará parte de un libro de aniversario sobre la segunda editorial del autor: Alfaguara.

La charla no tiene desperdicio. Marías se enfrenta, de cara y con contenido, a algunos de los temas más espinosos de su carrera. Uno de ellos, su marcha de Anagrama. Aquello fue seguido con interés por los que nos apasionan las cuitas editoriales. El escritor habla de "editores con poder".

La cuestión es que, en ocasiones, el poder no es tal, sino admiración. Muchos periodistas culturales, entre los que me incluyo, fuimos secuestrados, con devoción y placer, por la seducción editora de Jorge Herralde. Y seguimos. Eso no es poder. Es fascinación. Y Marías, literatura pura.

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