Sin rastro desde el 19 de septiembre de 2021

José Antonio, desaparecido hace un año, podría estar en algún albergue o deambulando por las calles de Madrid

Llamó a su hermana diciendo que le habían robado y necesitaba dinero para volver a su casa, en Irún (Guipúzcoa). No han vuelto a saber de él | Estaba en un momento vulnerable, había perdido un hijo, su padre murió por Covid y su madre había fallecido de cáncer

5
Se lee en minutos

Tiene 49 años y desde hace uno lo esperan en casa, en Irún (Guipúzcoa). Su pista se perdió el 19 de septiembre del año pasado. Su mujer, su hija, sus hermanos -son seis- buscan sin descanso; esperan... y vuelven a buscar. La mirada está en Madrid, la esperanza en sus calles. Desde allí llamó por última vez a su hermana: "me han robado todo el dinero y el móvil. Estoy comiendo en un albergue. Por favor, ¿puedes ingresarme algo para volver a casa?".

La llamada se cortó. Desde entonces no han vuelto a saber de él. Desde aquel día, no hay más. José Antonio Torres Espinosa no está.

Amante de las motos, su familia le busca desde hace un año. / CASO ABIERTO

Barrio conflictivo

"En agosto del año pasado llegó a Madrid con su mujer", cuenta Rocío, su hermana pequeña. "Mi padre falleció un año antes, habíamos cobrado parte de una herencia y él decidió comprar una furgoneta con parte del dinero. El vehículo estaba en Madrid, por lo que viajaron hasta allí". El viaje fue tranquilo, en autobús, pero se enturbió en la misma estación. "Un chico los esperaba en la puerta, nada más salir. Según hemos podido saber después, la furgoneta estaba en un barrio conflictivo, por lo que pensamos que pudo estar con malas compañías y visitar lugares peligrosos". José Antonio no llegó a hacer la compra. Desapareció poco después.

Murió su hijo

Albañil, carpintero, operario... el hombre llegó a Madrid desempleado. "Trabajaba en lo que le iba saliendo", describe su hermana. Era un buscador, luchador. "Tuvo momentos de adicción", cuenta Rocío. La droga llamó a su puerta con 19 años, "empezó fumando porros", un coqueteo, sin más, "luego llegaron las malas compañías, la cocaína vino después".

José Antonio tocó fondo, más de una vez, pero "tras años de lucha y constancia logró encaminar su vida", afirma su hermana, "estaba limpio". Un reto constante, un continuo pulso que superaba, por temporadas, con esfuerzo, metadona y medicación.

Le vinieron mal dadas, "falleció un hijo suyo, prematuro, y se enganchó". Salió de todo de nuevo. Rehízo su vida, se enamoró y tuvo una hija. Después, volvió a caer. "Se reenganchó cuando mi madre murió de cáncer". Una vez más, superó la adicción, consiguió salir del infierno, "entonces mi padre falleció por Covid, una muerte inesperada que nos afectó a todos y mi hermano tocó fondo otra vez".

Un 'cundero' de la droga

"A Madrid llegó limpio", lamenta Rocío. "Nada más salir de la estación estaba ese chico en la puerta. No sé cómo lo conoció, si fue casualidad, si estaba allí para eso", cuenta su hermana, "pero se quedó con él y todo se enredó".

"Mi hermano llevaba 4.800 euros encima y conoció a un chico que era conductor de una de las ‘cundas’ de la droga que llevan a los poblados", cuenta Rocío

Ese chico era conductor de una de las ‘cundas’ de la droga (taxis de la droga) que llevan a los poblados. "Mi hermano llevaba 4.800 euros encima para comprar el vehículo. Al parecer, este chico le prometió el oro y el moro... mi hermano le prestó dinero, todo se torció". Su mujer, atemorizada, dejó Madrid. "No estaba consumiendo, seguía limpio, aseguró, pero el entorno era peligroso. Ella se asustó, volvió con la niña. Mi hermano se quedó".

Un mes sin señales

"José Antonio no pasa dos días sin llamarme y eso nos alertó". Una semana después, su familia interpuso una denuncia en la Guardia Civil. Las pesquisas llevaron al hombre que le había recogido en la estación. "Mi hermano no estaba, pero su documentación, su teléfono, todo... lo tenía él".

Se abrió una investigación, que trajo resultados: estaba en Madrid, dormía en albergues, en la calle. Comía en comedores sociales. Cesó el 19 de septiembre del pasado año cuando José Antonio llamó.

Fotos compartidas por la familia para facilitar su localización. /

"Sonó el teléfono, un número desconocido, lo cojo, y es él. Me dice que sigue en Madrid, que le han quitado el dinero, el teléfono, todo. Que había prestado lo que tenía para la furgoneta y le habían dejado sin nada. Que no podía hablar mucho, que llamaba con un teléfono que le había dejado una persona".

La conversación fue corta, fugaz, "me contó que había estado comiendo en un comedor social, se llamaba 'cachito de cielo' y que, por favor, si le podía ingresar dinero para volver al País Vasco", revive Rocío. "Le dije que sí, que me diera un número de cuenta, le pregunté si le hacía un Bizum a algún número de teléfono. Él me respondió que el camarero de un bar le había dicho que podía hacerle una transferencia a su cuenta y que luego él le daría el dinero a mi hermano. Se cortó la llamada y ya nunca supimos más".

"Le ha podido pasar algo"

Hospitales, comedores sociales y albergues. La familia de José Antonio llamó a todos. "En los hospitales nos dijeron que no había nadie con ese nombre, en los comedores que, por confidencialidad, no piden nombre ni DNI a las personas que acuden allí...". La desesperación llevó a la familia del hombre a contactar con el conductor de aquella "cunda" que estuvo con él los últimos días.

"No nos aportó ningún dato. Nos dijo que mi hermano no consumía, que seguía limpio, pero que al entrar en las zonas que había entrado, poblados, chabolas, le había podido pasar algo". Por recomendación policial cortaron la comunicación.

Fotos compartidas por la familia de José Antonio. /

El teléfono de José Antonio no ha vuelto a dar señal. Su cuenta bancaria no ha tenido movimientos, tampoco hay registros en la seguridad social. "Necesitamos ayuda, por favor, tengo la sensación de que, por su pasado, porque tiene la cruz de su adicción… no lo buscan", se duele Rocío.

De complexión delgada, 1.70 m de altura. Pelo y ojos castaños. Su afición: las motos; su hobby: dibujar. Su pasión: su hija, su mujer. "Creo que le ha pasado algo malo. No se habría separado de ellas sin motivo, sin avisar".

No hay pistas. "Llevamos un año sin respuestas, sin saber nada de él, castigando nuestras cabezas imaginando el peor de los desenlaces posibles, viviendo una de las peores pesadillas". Todo está abierto, "puede no estar, puede que sí...". Podría caminar sin rumbo, sin nada -como cuando llamó tras un mes sin rastro- por las calles de Madrid. 

Noticias relacionadas