EN VILLACARRILLO (JAÉN)

La Guardia Civil busca pistas de un temporero en el garaje de su patrón, que fue investigado por la desaparición de otro inmigrante

Ginés Vicente fue condenado por explotar a un jornalero que desapareció hace 9 años tras reclamarle un salario digno, pero quedó absuelto de su secuestro. El año pasado se perdió el rastro a otro empleado suyo. La UCO y el juez lo investigan

La Guardia Civil busca pistas de un temporero en el garaje de su patrón, que fue investigado por la desaparición de otro inmigrante
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Agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil están registrando a esta hora un garaje de Villacarrillo (Jaén) que, según ha sabido CASO ABIERTO, está relacionado con la desaparición de Ibrahima Diouf, un senegalés de 32 años que trabajaba recogiendo aceitunas en el pueblo cuando su rastro se perdió el 5 de enero de 2021.

Un amigo del temporero denunció entonces que el joven había desaparecido en extrañas circunstancias después de haber estado con el patrón que lo tenía empleado en su olivar aquella temporada. Según explicó a la Guardia Civil, Ibrahima acababa de anunciar a sus compatriotas que quería dejar su trabajo e iba a marcharse con su compañero a Cartaya (Huelva), donde ya había recolectado naranjas en años anteriores, pero nunca cogió el autobús ni llegó a su nuevo destino.

La última persona que estuvo con él antes de que se le perdiera la pista, en la casa que Ibrahima compartía en Villacarrillo con otros jornaleros, fue su jefe, Ginés Vicente, según explicaron los compañeros del senegalés. Se trata de un empresario de 53 años con antecedentes por explotar a otro joven africano que desapareció en 2013 mientras trabajaba para el mismo patrón y después de discutir con él por sus condiciones laborales. Su familia no ha vuelto a saber de él.

Discutió con el patrón

Ahora, la Guardia Civil inspecciona el garaje del empresario en busca de pruebas y elementos incriminatorios que puedan vincularlo con la desaparición de Ibrahima. El juzgado de instrucción 1 de Villacarrillo se ha hecho cargo del caso, que se encuentra bajo secreto de sumario, según confirman fuentes judiciales. Al frente de la investigación se ha puesto la UCO, la misma unidad que ya resolvió otros casos complejos de personas desaparecidas que finalmente fueron encontradas, como el de Diana Quer o el niño Gabriel Cruz, y que este lunes está realizando los registros.

Ocho años antes de que a Ibrahima se lo tragara la tierra, Tidiany Coulibaly, otro inmigrante llegado de Mali para hacer la temporada de la aceituna en la finca de Ginés Vicente, desapareció de la misma vivienda que el senegalés. Aquel 17 de diciembre de 2013, Coulibaly, de 22 años, había discutido con el empresario después de reclamarle un salario digno para él y para su cuadrilla, al igual que habría hecho Ibrahima antes de desaparecer.

Según daría por probado luego la Audiencia de Jaén, el patrón pagaba a Coulibaly y a sus compatriotas entre 20 y 30 euros diarios, es decir, muy por debajo del salario mínimo establecido en 50,36 euros. Además, el hombre, que descontaba del sueldo de sus empleados el precio del material que rompían durante su jornada laboral, tenía a varios empleados en situación irregular y sin dar de alta.

El rastro de Tidiany Coulibaly se perdió en 2013, cuando trabajaba para el mismo empresario que Ibrahima. La Guardia Civil encontró las orejeras de Coulibaly en una finca gestionada por el patrón. / Caso Abierto

Unas orejeras con su ADN

Después de aquella discusión con el patrón, la familia y los amigos de Coulibaly no volvieron a saber de él y denunciaron su desaparición. La Guardia Civil detuvo a Ginés Vicente después de encontrar unas orejeras del jornalero con su ADN en 'La Moratilla', una finca de olivos de unas cuatro hectáreas que el empresario gestionaba a las afueras de la localidad jienense de Villanueva del Arzobispo y donde el temporero nunca había estado trabajando.

El teléfono móvil del patrón lo situaba en aquel terreno la mañana en que Coulibaly desapareció. Además, Elton, el perro de la Guardia Civil que participó en numerosas búsquedas de personas desaparecidas, como la de Diana Quer, marcó restos biológicos en un olivo de la finca que se encontraba a escasos metros del lugar donde hallaron las orejeras del joven africano.

Elton, marcando un neceser durante el registro de la finca 'La Moratilla' tras la desaparición del primer jornalero. / Caso Abierto

El empresario se sentó en el banquillo acusado de desaparición forzosa, dos delitos continuados contra los derechos de los trabajadores, dos delitos contra la Administración de Justicia, un delito de desobediencia a la autoridad, otro contra la salud pública (los agentes encontraron 330 gramos de marihuana en una de sus propiedades) y una falta por defraudación del fluido eléctrico en la casa donde alojaba a los temporeros.

Antes de que se celebrara el juicio, en el que el fiscal pidió para Vicente 16 años de cárcel, mientras que la familia de Coulibaly solicitó una condena de 29 años, el empresario trató de coaccionar a dos testigos para que mintieran en su declaración ante la Guardia Civil. Les pidió que dijeran que lo habían visto el día que desapareció su empleado, a la hora en que precisamente no tenía coartada. A cambio, según la sentencia de la Audiencia de Jaén, Vicente les prometió perdonarles una deuda.

"Aquí el negro soy yo"

Diez días antes de que el tribunal dictara sentencia, el empresario acusado se expresaba así en declaraciones a la revista Interviú: "Sé que me van a condenar, porque yo ya he sido condenado. Me han estigmatizado, con el matiz del negrito desmayado que acusa al empresario, ¿a quién van a escuchar? A la parte más noble por así decirlo".

El hombre añadió: "Estos chavales me inspiran compasión, pero en el fondo nadie les obliga a estar aquí y serán nómadas o como quieran llamarlos, pero tienen dinero, porque no gastan y nosotros les damos hasta la ropa que llevan. Hay gente de los nuestros que lo está pasando mal y son incapaces de pedir un kilo de garbanzos, pero esta gente se pone mil veces en la cola para pedir". Por último, el empresario de Villacarrillo aseguraba que la Guardia Civil se había enseñado "con el más pobre": "aquí el negro soy yo".

Finalmente, fue condenado a dos años y medio de cárcel por "explotar" a sus trabajadores. El tribunal consideró acreditado que los "engañó y abusó de ellos" aprovechando que se trataba de "inmigrantes extranjeros, algunos de ellos sin papeles, y que no conocían apenas nuestro idioma". La Audiencia de Jaén también consideró culpable a Ginés Vicente de un delito de obstrucción a la Justicia, pero lo absolvió del delito secuestro por falta de pruebas.

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