PRECARIEDAD

Las trabajadoras de ayuda a la dependencia, hartas: "Somos maltratadas y estamos abandonadas"

Las auxiliares de ayuda a domicilio exigen que se les reconozcan las enfermedades laborales y que se desprivatice el servicio

Las auxiliares de ayuda a domicilio se quejan del abandono institucional que padecen.

Las auxiliares de ayuda a domicilio se quejan del abandono institucional que padecen. / Imagen de archivo

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Las auxiliares de ayuda a domicilio, trabajadoras esenciales del sistema de dependencia, están hartas. Se sienten abandonadas, creen ser invisibles y están defraudadas por que ni el Gobierno ni ningún partido han hecho nada por solucionar su precariedad.

"Necesitamos dejar de ser invisibles. Somos maltratadas laboralmente y estamos abandonadas desde hace más de 30 años. La ayuda a domicilio es un nicho de precariedad y pobreza", denuncia Eva Miguel, de la Plataforma Unitaria Auxiliares de Ayuda Domicilio.

Se trata de un trabajo muy sacrificado, con sueldos bajos y que desempeñan mayoritariamente mujeres. Desde 2015, este colectivo reclama que se desprivatice el servicio, que se lleve a cabo un estudio de los riesgos laborales en el lugar de trabajo -los domicilios-, que se reconozcan sus enfermedades profesionales y que se les aplique el epígrafe reductor de la jubilación a los 60 años, pues la carga de trabajo físico y mental que asumen dificulta que puedan trabajar hasta los 67.

"El servicio de ayuda a domicilio fue de titularidad pública, sin embargo lo han privatizado y es un suculento pastel para todas estas empresas. Exigimos que se deje de comercializar, de hacer negocio con los cuidados, y se vuelva a gestionar de manera pública en todo el territorio español porque se paga con el dinero público de los ciudadanos y se lo están llevando cuatro empresas que han visto en la ayuda a domicilio una forma de enriquecerse a costa de nuestro trabajo, de nuestra salud y de las propias personas dependientes", lamenta.

Cansadas de ser desoídas, Miguel y otras compañeras acamparon el pasado noviembre a las puertas del Ministerio de Trabajo con el objetivo de que las recibiera la ministra Yolanda Díaz. Tras varios días de acampada, abandonaron la protesta sin que la reunión se celebrase y sin ver atendidas su reclamaciones. Con el comienzo del año, las auxiliares han retomado sus acciones reivindicativas: esta semana, en Ciudad Real las trabajadoras han llevado a cabo paros parciales para exigir la negociación del convenio colectivo, en Asturias ha habido concentraciones y aseguran que esto es sólo el principio.

"Una decepción total"

"No terminó todo en Nuevos Ministerios, fue el principio del cambio para la ayuda a domicilio y tenemos pensado empezar a realizar acciones a partir de febrero. Vamos a seguir con la lucha y las reivindicaciones y si no nos escuchan, iremos más lejos, no nos vamos a quedar aquí", asevera Miguel.

Sole Pérez tiene 63 años, es auxiliar en Murcia y también participó en la protesta frente al departamento que dirige Yolanda Díaz. "Hay tantas injusticias en nuestro trabajo... Estamos totalmente abandonadas y te puedo decir que no sólo por el Gobierno actual, da igual el color político, el problema nuestro no lo trata ningún partido de ningún color político. No se nos quieren reconocer nuestros derechos: o hay voluntad política o difícilmente se nos va a solucionar el tema".

Miguel siente una "decepción total" por el hecho de que una ministra "que es de izquierdas, que es feminista, no haga nada por desbloquear esto y que tenga a 150.000 trabajadoras en esta situación": "Me parece vergonzoso y lamentable".

Las auxiliares explican que este trabajo -que se financia con el presupuesto de ayuda a la dependencia pero en un altísimo porcentaje de territorios está subcontratado- padece una alta eventualidad y suele cubrirse con contratos parciales y con jornadas partidas que impiden la conciliación.

Un gran desgaste físico

"Hicieron de los cuidados una profesión, los profesionalizaron, pero nunca los dignificaron. Somos trabajadoras cualificadas, formadas y sin embargo discriminadas. (...) Pedimos el reconocimiento de las enfermedades laborales que padecemos, que son muchas a nivel físico, pero también psicosocial por las duras circunstancias que vivimos en los domicilios y por el estrés que nos acarrea tener poco tiempo para desarrollar muchas tareas y nuestra propia precariedad", continúa Miguel.

Pérez atiende a seis personas dependientes y cuenta que si cada una de ellas pesa una media 80 kilos y la tiene que mover de la cama a la silla de ruedas, de la silla de ruedas a la ducha y vuelta a hacer lo mismo, puede mover alrededor de 300 o 400 kilos en una sola casa. "Imagínate la cantidad de peso que llega a soportar nuestra espalda", subraya. Además de los problemas musculoesqueléticos, afrontan "mucha carga psicológica", trabajan con productos químicos tóxicos y en ocasiones padecen incluso abusos sexuales y agresiones físicas.

"El desgaste físico es muy grande, pero también el psicológico. Tenemos que atender a personas con enfermedades graves, a usuarios complicados, a veces sufrimos abusos, una persona que se te acerca y te toca el culo...", destaca Estefanía, auxiliar de ayuda a domicilio en un municipio gaditano.

En mayor cumplirá 11 años en ese trabajo -en el que durante casi seis años estuvo cubriendo vacaciones, con turnos malos y con mucha distancia entre las casas de sus usuarios. "Antes era secretaria y no lo cambio. Coges una experiencia y una vida, haces de psicóloga, no eres experta, pero entras en una casa y ayudas, acompañas. No se trata sólo de limpiar, soy auxiliar sociosanitaria y si sale una llaguita, la atiendes, te cercioras de que la persona ha comido, de que se ha tomado sus pastillas, de que va aseada, de que tenga sus curas y de que mentalmente esté bien. Yo estoy para eso y lo tienes que hacer como si fuera tu madre o como te gustaría que te lo hicieran a ti", subraya

Todos los días, Estefanía lleva a pasear a un niño con discapacidad intelectual, atiende a una chica encamada con un elevado grado de dependencia, a una nonagenaria y a una señora con depresión, a la que acompaña a la calle, le hace la comida y asea. Su jornada laboral comienza a las ocho menos diez de la mañana y termina a las 14.35 horas.

Esta auxiliar incide en que las empresas encargadas de estos servicios "no están ahí por amor al arte" y considera que si se municipalizaran el dinero que ganan estas compañías podría invertirse en más servicios, más calidad para los usuarios y mejores condiciones laborales para las auxiliares.

Negociar a la baja

La regulación de las condiciones laborales de la dependencia es compleja. Un convenio estatal de 2018 rige el marco general de las relaciones que tienen que ver con la dependencia y que afecta a cuatro sectores: las residencias de ancianos, los centros de día, el servicio de ayuda domicilio y la teleasistencia. Esa "miscelánea", explica Juan José Montoya desde CCOO, dificulta la negociación colectiva porque participan diversas patronales con intereses muy diferentes "que hacen que sea prácticamente inviable".

Además, distintas comunidades autónomas tienen convenios propios, que suelen mejorar las condiciones del estatal, y existen convenios de empresa o de centros de trabajo.

Montoya reconoce en conversación con EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que el servicio de ayuda a domicilio es un "nicho de trabajo femenino precario" y denuncia que uno de los principales problemas del sector es que las retribuciones son muy bajas: "El trabajo es penoso y sacrificado y está muy mal retribuido, poco por encima del salario mínimo profesional. Las trabajadoras, si pueden, se van al comercio o a la hostelería".

El portavoz sindical critica que las empresas que ofrecen estos servicios presentan "ofertas a la baja" para que se le adjudique una licitación y "la única forma de ahorrar que tienen es con el gasto de personal" en este sector intensivo de mano de obra.

"Hay un error sectorial. Las empresas deben darse cuenta de que la política de precios bajos, eso de 'lo hago más barato y me quedo con la contrata', empobrece al sector y da el mensaje de que los cuidados se pueden ofrecer más baratos", critica.

A los salarios bajos, continúa, se añade que la mayoría de contratos son parciales, no de jornada completa.

Montoya incide en que está pendiente retomar la negociación colectiva y defiende que tanto CCOO como UGT están convencidos de que se debe dar "un empujón" a esta situación y retomar la negociación colectiva.

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