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El otro Real Madrid-Eintracht (7-3), la mejor final de la historia del fútbol

  • Los clubes que juegan este miércoles la final de la Supercopa se disputaron en 1960 la Copa de Europa, en un encuentro en el que los vikingos conquistaron su quinta orejona consecutiva

  • Di Stefano y Puskas fueron los principales artífices de la victoria blanca, con Miguel Muñoz dirigiendo desde el banquillo y Santiago Bernabéu como presidente

El guardameta alemán, Loy, tras recibir uno de los siete goles del Madrid.

El guardameta alemán, Loy, tras recibir uno de los siete goles del Madrid. / LNE

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El 18 de mayo de 1960, en el estadio Hampden Park de Glasgow, los clubes que juegan este miércoles en Helsinki la final de la Supercopa disputaron el que ha sido considerado durante muchos años el mejor partido de fútbol de todos los tiempos, en el que los madridistas conquistaron su quinta Copa de Europa consecutiva.

Casi 130.000 espectadores, en su inmensa mayoría escoceses, puesto que en aquellos días no eran frecuentes los desplazamientos de las hinchadas a otros países, fueron testigos de aquella recordada exhibición futbolística desplegada por el Real Madrid y el Eintracht de Fráncfort, un partido memorable que concluyó con diez goles.

Y pudieron ser más, porque hubo seis disparos a los palos, cuatro de ellos para el Madrid. Un fútbol ofensivo sin ambages, una descarada intencionalidad ofensiva marcó aquel encuentro. Fue un deleite para los espectadores, con un vendaval de acciones espectaculares de toda clase y un carrusel incesante de remates. Las ocasiones de gol se sucedieron a una velocidad vertiginosa.

Por el Real Madrid jugaron Domínguez; Marquitos, Santamaría, Pachín; Vidal, Zárraga; Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskás y Gento. El Eintracht alineó a Loy; Lutz, Eigenbrodt, Höfer; Weilbächer, Stinka; Kress, Lindner, Stein, Pfaff y Meier.

Aquel día de cielo despejado en Glasgow sobre el césped destacó el talento mayúsculo de Alfredo Di Stéfano, que anotó tres goles y, sobre todo, el fútbol prodigioso del húngaro Ferenc Puskas, que marcó otros cuatro. Puskas había llegado al Madrid en 1958 con 31 años y muchos kilos de más, lo que llevó tanto al secretario técnico como al entrenador de entonces (José Samitier y el argentino Luis Carniglia, respectivamente) a posicionarse en contra de su fichaje. La estrella del fútbol húngaro acabó nacionalizado español y jugando nueve temporadas en el Real Madrid. Su póker de goles en la final demostraba que tenía aún mucho fútbol en sus botas.

Se adelantó el Eintracht

Antes de aquel 18 de mayo de 1960, los blancos habían conquistado ya cuatro Copas de Europa, las primeras en celebrarse. Los alemanes llegaban con el propósito de poner fin al reinado madridista. Al inicio del encuentro comenzaron desplegando un mejor juego y a los 18 minutos Kress adelantó al Eintracht. El gol de los teutones obligó al Real Madrid a reaccionar. Di Stéfano, que desplegaba su juego prácticamente por todo el terreno de juego, se encargó de dar la vuelta al marcador. En apenas tres minutos anotó dos tantos. Después, Puskas, al que en España se apodó ‘Cañoncito Pum’ por su potente disparo, marcó el tercero justo antes del descanso. El Madrid se iba al vestuario habiendo sofocado la rebelión alemana.

En la segunda parte, más de lo mismo: proyección ofensiva, intercambio de ocasiones, ambos porteros luciéndose y las maderas que establecen los límites de la portería soportando los disparos de ambas delanteras. Puskas sacó a relucir su excepcional capacidad anotadora y firmó otros tres tantos antes del minuto 71. Nadie desde entonces ha sido capaz de igualar la gesta de anotar cuatro goles en 26 minutos de juego en una final de Copa de Europa o de Champions League. La retórica ofensiva de aquellos jugadores se plasmó en los cuatro siguientes minutos, en los que Stein anotó para el Eintracht dos goles y Di Stéfano completó su hat trick.

El origen de la denominación 'vikingos'

El partido concluyó con un 7 a 3 favorable para los merengues, a los que muy pronto se les iba a conocer como ‘vikingos’. Aunque existen otras teorías, la mismísima UEFA da por válida la que explica que ese apelativo tiene su origen en un artículo del diario The Times. El diario londinense señalaba en sus páginas del día después de la épica final: “Real wanders through Europe as the Vikings once walked, destroying everything in its path” (El Real Madrid deambula por Europa como antaño se paseaban los vikingos, arrasando todo a su paso).

Aquel apoteósico triunfo extendió el dominio de los blancos en el fútbol europeo, consolidó el fútbol de ataque y el estilo de un club que marcó época. Con aquella victoria, Miguel Muñoz se convirtió en el primer profesional en ganar la Copa de Europa como futbolista y como entrenador. El presidente Santiago Bernabéu, el arquitecto del equipo, acrecentaba su leyenda.

Los jugadores del Madrid dan la vuelta de honor en Hampden Park con la Copa de Europa.

/ LNE

Aquella gran noche de fútbol el Real Madrid recibió elogios de media Europa. En las calles de Glasgow los aficionados escoceses mostraron su reconocimiento a los jugadores madridistas, que recorrieron algunas calles de la ciudad a bordo de un autobús descapotable. Los aficionados escoceses acudieron incluso a despedir al equipo merengue al aeropuerto.

El narrador de la BBC había señalado durante la retransmisión en directo “No puedes hacer nada cuando tienen la pelota”. Precisamente la televisión pública británica estuvo repitiendo cada Navidad la final durante años. El mítico futbolista inglés Bobby Charlton se deshizo en elogios hacia los madridistas tras presenciar aquel encuentro. También durante décadas los historiadores del fútbol y no pocos aficionados consideraron que el Real Madrid-Eintracht del 60 era el mejor partido de fútbol de la historia. Otros lo denominaron “El partido del siglo”.

De regreso a España, los jugadores del Madrid bajaron del avión luciendo orgullosos la orejona, que así es como se conocía al trofeo de la Copa de Europa. Entre ellos, Marquitos, el abuelo del jugador del Chelsea Marcos Alonso, vestido con el traje típico escocés. Le había prometido a Bernabéu que si se hacían con la quinta Copa de Europa llegaría a Madrid con la falda de cuadros. Y así lo hizo.

Y aunque parece del todo improbable que se repita un marcador así, este miércoles, sesenta y dos años después de aquel memorable partido de fútbol, estos dos mismos equipos buscarán también levantar otro trofeo y reinar en Europa.

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