Invertir no es coleccionar cromos

Íñigo Batuecas y Raúl Sacristán, Family Bankers de Banco Mediolanum.
Este verano hemos vivido una fiebre que creíamos reservada a los patios del colegio. La colección de cromos del Mundial, la más grande de la historia, agotó sus existencias en los quioscos, convocó a coleccionistas en plazas y llegó a triplicar el precio de los sobres en el mercado negro. Una locura que el triunfo de España, campeona del mundo por segunda vez, terminó de llevar a lo más alto.
Más allá de la anécdota, lo que sucedió con esta colección dice mucho de nuestra forma de tomar decisiones. ¿Cuántas veces hemos adquirido algo porque creíamos que se estaba agotando? Las tendencias influyen en las acciones de las personas, y la inversión no es una excepción.
Es un hecho: cuando todo el mundo quiere lo mismo al mismo tiempo, la demanda se dispara y los precios suben. Tras este comportamiento suele estar el famoso FOMO (Fear Of Missing Out): el miedo a quedarse fuera y ver cómo los demás aprovechan una oportunidad que nosotros estamos dejando pasar.
El problema surge, cuando invertimos, si lo hacemos solo porque los demás lo hacen. Corremos el peligro de entrar tras fuertes subidas, asumir riesgos que no habíamos valorado y tomar decisiones sin ninguna estrategia. Y es que una moda no puede sustituir al análisis y a una planificación estructurada.
Por eso conviene distinguir entre coleccionar y construir. Una colección se forma persiguiendo la pieza que todos desean. Pero una cartera de inversión se construye seleccionando activos que cumplen una función dentro de un plan financiero que se ha diseñado a tenor de nuestros objetivos a corto, medio y largo plazo y de nuestro perfil de riesgo. De lo contrario, no estaríamos invirtiendo, estaríamos coleccionando activos.
El FOMO ha encontrado, además, un nuevo escaparate: la pantalla del móvil, donde vemos casi a tiempo real qué compran, venden o recomiendan otros. La influencia de estos contenidos es tal que la propia CNMV ha publicado una guía de buenas prácticas dirigida específicamente a los creadores de contenido financiero en redes sociales. Y es que el aparador ha cambiado, pero el mecanismo sigue siendo el mismo: querer lo mismo que todos en el mismo momento en que todos lo quieren.
Frente a la necesidad inmediata, la alternativa es fácil: planificación, constancia y aportaciones periódicas. Si transformamos el impulso de invertir en un hábito de ahorro sistemático, todo resulta más sencillo. Dejamos de depender de acertar el momento exacto de entrada y el tiempo trabaja a nuestro favor.
En ese camino, el acompañamiento de un asesor financiero marca la diferencia porque nos ayuda a distinguir entre modas y metas y a recordarnos nuestro plan. A distanciarnos del ruido que nos empuja a cambiar de estrategia cada vez que una notificación aparezca en nuestra pantalla.
Al final, la lección está en la propia colección. No se completa en una tarde ni comprando todos los sobres de una. Se hace con paciencia, método y constancia. Y con el patrimonio ocurre exactamente lo mismo. La diferencia es que, bien planificado, este álbum no se guarda en un cajón, sino que nos ayuda a hacer realidad los proyectos de toda una vida.
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