CRÍTICA

Las 'Cartas escogidas' de Proust: autobiografía espiritural

Estela Ocampo nos abre la puerta al Marcel Proust más íntimo con una selección de sus exuberantes cartas

Marcel Proust

Marcel Proust / EPE

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Valèria Gaillard

El libro de Estela Ocampo Marcel Proust. Cartas escogidas (1888-1922) viene a llenar un vacío en la bibliografía relacionada con Proust en castellano, pero también en francés, puesto que no existe ningún proyecto similar. Se trata de una "autobiografía espiritual" -en palabras de la autora-, una a partir de su correspondencia. En el caso de Proust ( Neuilly-Auteuil-Passy, Francia, 1871-París, 1922) es especialmente pertinente si tenemos en cuenta que se conservan más de 6.000 cartas dirigidas a una multiplicidad de correspondientes.

Pocas personas saben que Proust expresó su temor ante la invención del teléfono -un invento de finales de siglo XIX que retrató en su novela con el delicioso pasaje de "las señoritas del teléfono" (Le côté de Guermantes)- porque vaticinaba la desaparición de la escritura de cartas, cosa que llegó mucho más tarde, pero llegó. Las suyas, incluidas las notas que se intercambiaba con su madre en el domicilio familiar por incompatibilidad horaria, son exuberantes y delatan un escritor inteligente, diplomático (cuando se trata de obtener informaciones de todo tipo) y seductor.

La misma profesora Ocampo, que ya nos ofreció las Cinco lecciones de amor proustiano (Siruela, 2006), advierte en el prólogo de que no se trata de cartas "literarias" al estilo de las que Madame de Sevigné mandaba a su hija y que tanto apreciaban la abuela y la madre del escritor francés. No. Más bien constituyen "un diálogo espontáneo con su correspondiente". Así pues, el lector del volumen no se encontrará con la prosa sobreimpresionista de la Recherche, sino que accederá a un Proust más íntimo, sumergido en las preocupaciones del día a día.

Una cosa curiosa es que -apunta Ocampo- Proust adapta su estilo según a quien dirige la carta. En algunas se pone en evidencia su capacidad de inventiva, en otras, su profunda reflexión sobre la literatura. Luego también está el hecho de que, enfermo, escribía a menudo desde la cama y tanto le daba si lo hacía en un papel epistolar o en cualquier papelucho que corriera por la habitación, como el que usaba para las inhalaciones contra el asma.

Cartas destruidas

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Es cierto que cuando pensamos en un Proust íntimo rápidamente pensamos en la posibilidad de penetrar en su vida amorosa, todavía tan oscura. Aquí Ocampo advierte de que, con el caso Oscar Wilde fresco en la mente, Proust tenía mucho cuidado en destruir las cartas que podrían comprometerlo. De ahí el "Brûlez!" (¡Quémela!) que cierra algunas misivas. Por otro lado, esta correspondencia, que es el resultado de un proyecto originado en la Societat Catalana d’Amics de Marcel Proust, pone de manifiesto un Proust al corriente de todo y atravesado por el intenso deseo de convertirse en escritor.

Cartas escogidas se basa en la correspondencia general elaborada por el americano Philip Kolb en 21 volúmenes y tiene una clara vocación de ofrecer un retrato divulgativo del pensamiento de Proust. Las 179 cartas escogidas, maravillosamente traducidas por José Ramón Monreal, se agrupan en cinco partes que contemplan diferentes facetas, desde la más íntima hasta la reflexión sobre su propia obra y ahí ofrece más de una sorpresa. "La lectura de sus cartas es un placer similar al que procura la lectura de su obra literaria", promete Ocampo.