OPINIÓN

Los libros no tienen prisa

Una novedad requiere de tiempo en las librerías para tener oportunidad de ser vista, hojeada y comprada

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Gente paseando por la Feria del Libro de Madrid. 

Gente paseando por la Feria del Libro de Madrid.  / ALBA VIGARAY

¿Cuál es la mejor época para lanzar una novedad? En realidad, no hay fecha buena. Vivimos en un mercado saturado de novedades espléndidas, mediocres, arriesgadas, de prestigio, y de grandes ventas.  

Mi respuesta, si sirve, sirve para todos los implicados. Grandes editores, medianos y pequeños. Vaya por delante que he constatado y vivido fracasos de novedades en todos los meses del año. 

Todas las novedades confluyen en las mesas de las librerías. Y durante todo el año esas mesas están repletas de novedades, no son flexibles, es decir que si hay más títulos no se ensanchan para darles cabida. Miden lo que miden y no hay más. Por lo tanto, si entra una novedad o quince, tiene que salir de esa mesa la misma cantidad de novedades. Todas son colocadas en las mesas por los libreros y sus equipos en base a su criterio. 

Solamente los grandes grupos se autodistribuyen. Luego están las distribuidoras que representan a pequeñas y medianas editoriales, con el consiguiente estrés por salir en el momento que quiere cada editorial. Y todo se puede retrasar. Lo que da al traste con las previsiones de las imprentas, que también se pueden retrasar por infinidad de motivos.

Presentado someramente el panorama, y teniendo en cuenta mi experiencia en grupos, editoriales medianas y pequeñas, la mejor fecha –excluyendo a las autoras/es ya consagrados por el mercado y que tienen lectores fieles, por lo que pueden salir sus novedades cuando quieran- es FEBRERO.

Balsa de aceite

¿Por qué febrero, si es un mes en el que no se venden tantos libros, comparado con diciembre o las ferias de mayo de Madrid y el Sant Jordi de abril? Pues precisamente por eso. Una novedad requiere de tiempo en las mesas de las librerías para tener mayor oportunidad de ser vista, tocada, hojeada y comprada o no. Necesitan tiempo en las redacciones del mundo de la prensa, necesitan tiempo para que se pongan con la reseña, la crítica o el comentario. Ambas cosas deben coincidir en el tiempo y en ese tiempo debe ser una balsa de aceite. No puede ser en octubre, noviembre o diciembre, porque es cuando se concentra más producción de novedades, y de novedades que tienen un público que las espera.

Por este motivo aconsejo el mes de febrero. En febrero, los libreros han tenido tiempo para devolver los invendidos, fruto de la campaña de Navidad. Están más receptivos. Es el mejor momento para argumentarles sobre una novedad que saldrá unas semanas después, y que cuando lo reciban ya sepan de qué va y en que mesa lo situarán.

De febrero hasta fin de año hay –salvando agosto- diez meses para trabajar el libro, presentarlo, anunciarlo, leerlo y recomendarlo y, si estamos ante una buena novedad, tiene largo recorrido con fechas que lo pondrán a prueba, pero que lo pueden fortalecer, y si pasa la prueba de fuego del desértico agosto –donde se lee, pero no se compra-, se posicionarán en la mente de todos como un libro que hay que comprar en octubre, noviembre y diciembre, donde las ventas son –en ejemplares- mucho mayores que las del resto del año, excepto ferias. En épocas de mucha venta, no se deben hacer experimentos.

Si salimos en octubre, acortamos la vida real de la novedad, ya que enero es mes de devoluciones y, si no ha tenido mucha suerte, regresa a los almacenes. A no ser que la novedad en cuestión sea realmente un libro especial, muere en enero. 

Lo cual no quiere decir que después de noventa años esa novedad se recupere y se convierta en un clásico. Eso también puede suceder. "Los libros tienen su propia suerte", nos dejó escrito el genial Augusto Monterroso. A lo que añado: los libros no tienen prisa.

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