COMUNIDAD VALENCIANA

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Píldora roja o píldora azul. Ése es el dilema del protagonista de Matrix: vivir en la compleja realidad, o bien refugiarse en un mundo falso de plácidas apariencias, como en la caverna de Platón.

Hay muchos en España que piden cada día la píldora azul. Prefieren situarse en una realidad virtual amoldada a sus prejuicios o intereses. Prefieren creer en algo que no es más que una quimera: la España Una, uniformizante y excluyente. Sin embargo, ésa no es la realidad. 

Tenemos -por fortuna- el país que tenemos. Una España diversa, plural, heterogénea. Una España de Españas que, más allá de himnos, banderas y esencialismos, debe constituir un marco de convivencia y de progreso útil para sus ciudadanos. 

Ahora, en este hora decisiva de la recuperación, España afronta cuatro desafíos territoriales. Cuatro retos que exigen solución para alcanzar los grandes objetivos: igualar las oportunidades de las personas y de los territorios; crecer en bienestar, prosperidad y derechos; y sentirnos partícipes -todos los españoles- de un programa compartido para el mañana.

1. La España unida

La década perdida del procés ha engendrado parálisis y melancolía. Y no solo en Catalunya. Ahora se ha iniciado un itinerario acertado: el que demuestra coraje para el acuerdo y persigue el acuerdo para la convivencia. Costará, sin duda. Pero ¿acaso alguien conoce otro camino mejor?

Solo así podremos sanar una herida territorial que a todos escuece. Como enseña la Historia, una máxima debería inspirar a todas las partes para alcanzar un pacto duradero: que nadie busque derrotados. Absténganse las pulsiones vengativas. De lo contrario, la sangre volverá a manar.

2. La España descentralizada

Ni España es Madrid, ni todo tiene por qué estar en Madrid. Son dos obviedades. Pero cuesta que determinadas élites acepten otras realidades mucho más justas, eficientes y cohesionadoras como, por ejemplo, la alemana.

Berlín es la capital política. Frankfurt ejerce de capital económica con las sedes del Banco de Alemania, de la principal bolsa del país y del Banco Central Europeo. Y las instituciones judiciales están diseminadas territorialmente en Karlsruhe, Múnich, Erfurt, Kassel y Leipzig. Portugal ha acordado trasladar su Tribunal Constitucional de Lisboa a Coimbra. 

¿Por qué no sucede esto en España? ¿No somos tan España unos sitios como otros? Valoro la intención del presidente Sánchez de desconcentrar las instituciones de la capital. Es un proceso pendiente. Porque ni España se agota en la M-30 ni una parte puede ocultar el conjunto.

Ni España se agota en la M-30 ni una parte puede ocultar el conjunto

Además, querer engullirlo todo entraña un riesgo: atragantarse. Urge que todas las Españas se vean reflejadas en el conjunto. Ese espíritu alienta EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, integrado en una cadena de periódicos regionales que refleja la España polifónica realmente existente.

3. La España justa

Han pasado casi veinte años desde el modelo de 2002 que sembró la injusticia con un financiación autonómica insuficiente y sin equidad. Al fin, el debate ha calado. El problema valenciano ya está en la agenda. También hemos recibido una respuesta coyuntural del Gobierno durante la pandemia.

Ahora urge una solución estructural. Pero no solo por los valencianos. Por la misma viabilidad de España resulta primordial orillar una peligrosa ecuación: las asimetrías generan divergencia; la divergencia engendra injusticias; y las injusticias acentúan la desafección. 

La Comunitat Valenciana ha querido tender puentes con otros territorios lastrados también por este mismo problema para la cohesión social y territorial. Puentes en defensa de los intereses de nuestros ciudadanos y en favor de una España más justa. Nada de frentismos. Nada de partidismos.

Seguimos el principio de confianza federal: que cada parte tenga en cuenta sus intereses, los intereses del conjunto y los intereses de las otras partes. En esto tampoco deben haber ganadores y perdedores.

4. La España atendida

Es preferible un mapa a una bandera. Simplifica menos. España la formamos 17 comunidades, cientos de comarcas, más de 8.000 pueblos y miles de aldeas. Al acercar la lupa al mapa -o mejor aún, pisar la tierra- afloran dos realidades semiocultas. La primera es lacerante: la despoblación. La segunda está más escondida: la invisibilidad. 

La despoblación es un grito casi mudo: el 80% de los pueblos de 14 provincias está en riesgo de extinción. Eso sí que rompe España. La experiencia del modelo escocés con sus Highlands nos debería inspirar. La invisibilidad de tantas tierras olvidadas (no despobladas, pero sí relegadas a la información de sucesos, volcanes o anécdotas) también merece una respuesta.

Hay 23 provincias que han perdido la mitad de su peso demográfico, económico y laboral en España desde 1950. La mitad. Como telón de fondo, la tensión centro-periferia que atraviesa el mundo y que explica el trumpismo, el Brexit o los chalecos amarillos.

Por ello urge una doble reconexión política, económica y emocional en este país. La que cosa el centro con la periferia, y la que acerque lo urbano y lo rural.

Tal vez la píldora azul minimice problemas. Los esconde debajo de la alfombra. Pero el elefante sigue en la habitación. ¿Es complejo? Sin duda. Justamente ése es un rasgo de la vida en democracia. Lo advierte Daniel Innerarity: “La principal amenaza de la democracia no es la violencia ni la corrupción o la ineficiencia, sino la simplicidad”.

No hay respuestas simples a problemas complejos. Pero, como dice el proverbio, si hay voluntad, siempre hay un camino. Y todo empieza con la píldora roja: mirando la España real.

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