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Cómo Julio Iglesias conquistó EEUU en los 80: la 'música para planchar ' que se alió con la Coca Cola

Un nuevo libro del músico y estudioso Hans Laguna cuenta en detalle el estudiado proceso que, a pesar de las dificultades, permitió al cantante español meterse en el bolsillo al público estadounidense a golpe de relaciones públicas, dinero y talento

Julio Iglesias, con el productor Richard Perry a su derecha y los músicos Willie Nelson y Albert Hammond a su izquierda, en los años 80.

Julio Iglesias, con el productor Richard Perry a su derecha y los músicos Willie Nelson y Albert Hammond a su izquierda, en los años 80. / ARCHIVO

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Eduardo Bravo

"Tuve que elegir entre el psiquiatra y las Bahamas", declaraba Julio Iglesias en 1985 a la revista ¡Hola!. Hacía apenas unas semanas que el artista español se había retirado a su mansión de Nasáu para descansar de la intensa gira mundial que le había llevado a recorrer más de noventa mil kilómetros para ofrecer ciento veinte conciertos. A pesar de estar agotado física y emocionalmente, Julio se mostraba exultante. Después de años de intenso trabajo, por fin había conseguido su mayor deseo: convertirse en el cantante más popular del planeta y conquistar al público de Estados Unidos.

Sin embargo, pasado ese primer momento de euforia, el artista reparó en un detalle que, hasta entonces, le había pasado desapercibido: había tocado techo. "Si los peces aplaudiesen, actuaría en el mar", solía bromear el cantante que, a partir de entonces, no encontró un nuevo objetivo en el que centrar su ambición profesional. En consecuencia, se desanimó y entró en una fase depresiva. "En los años siguientes tuvo éxitos importantes como el disco Un hombre solo, que vendió muy bien, o La carretera, pero después de que conquistara el show business mundial, su carrera fue cuesta abajo. Daba la sensación de que su momento había pasad"», explica Hans Laguna, filósofo, doctor en Sociología y músico, cuya curiosidad por la figura de Julio Iglesias comenzó de una forma casual.

"Hace unos años el programa Cachitos de hierro y cromo le propuso a Nacho Vegas hacer una versión de Manuela, canción de Manuel Alejandro que popularizó Julio Iglesias. Nacho me llamó para que tocase con él y, a partir de entonces, me empecé a interesar por su figura. Un día di con un vídeo en el que Willie Nelson cantaba con Julio en una actuación en Estados Unidos y eso me abrió la cabeza. ¿Cómo es que nadie me lo había contado?", se pregunta Laguna, al que la escena junto al músico country le pareció tan extraña, que llegó a pensar que era un fake. «Luego comprobé que no era así, que era verdad que Julio había triunfado en Estados Unidos, y pensé que ahí había un libro", recuerda.

Después de tres años de trabajo, Laguna ha publicado Hey! Julio Iglesias y la conquista de América (Contra, 2022), un ensayo de más de cuatrocientas páginas y abundante material gráfico que repasa el medio siglo de carrera de Julio Iglesias y analiza su estrategia para triunfar en el país que inventó el negocio del espectáculo moderno.

"A Julio Iglesias no se le ha reivindicado. No te voy a decir que no se le haya hecho justicia, pero creo que nadie se lo ha tomado demasiado en serio en España, cuando en el extranjero sí que se le considera artísticamente, como demuestra que en EEUU le dieran un Grammy honorífico. Sin embargo, mientras que artistas como Raphael han disfrutado de un revival en los últimos años, el público más joven no le ha prestado atención a Julio", comenta Laguna, que achaca ese olvido al empeño del cantante por aparecer en las revistas del corazón y por su conservadurismo, tanto en el aspecto artístico como ideológico: "Julio cantó con Sting, con Dolly Parton, pero no se ha mostrado demasiado interesado en renovarse. Tuvo una propuesta para cantar con Justin Timberlake y Bruno Mars como estrategia para unir generaciones de oyentes, pero lo rechazó argumentando que está viejo. Por otra parte, tampoco le ha beneficiado haber hecho campaña por Aznar o estar siempre tan vinculado con los poderosos como Ronald Reagan, aunque es verdad que, cuando le llamó Hugo Chávez, también acudió».

Un mito moderno

En 1949, Joseph Campbell publicó El héroe de las mil caras, un libro en el que este antropólogo estadounidense definía lo que llamó "el camino del héroe", un esquema que se repite en la práctica totalidad de las narraciones épicas aparecidas a lo largo de la historia de la humanidad. Entre otras particularidades, Campbell llamaba la atención sobre cómo los protagonistas de esos relatos suelen ser individuos con talentos especiales que desconocían sus habilidades hasta que un desafortunado accidente truncaba su plan de vida inicial. Obligados por las circunstancias, los héroes intentan salir adelante y conseguir su nuevo objetivo, enfrentándose a mil y un peligros y sufriendo incluso la pérdida de seres queridos. El relato suele finalizar con el regreso del héroe al hogar, donde es recibido como un extraño porque el cambio experimentado a lo largo del camino es tal, que sus antiguos compatriotas ya no lo consideran uno de los suyos.

Como mito moderno que es, el esquema de Campbell se puede aplicar sin demasiada dificultad a la historia de Julio Iglesias. No hay más que colocar en el lugar indicado conceptos como fútbol, accidente, convalencencia, guitarra, festival de Benidorm, Gwendolyne, Isabel Preysler, Madison Square Garden, divorcio, Willie Nelson y Nasáu, para obtener la biografía del cantante, al menos la versión oficial recogida en la película La vida sigue igual (1969), y repetida por los medios de comunicación a lo largo de los años, sin importar demasiado si esos hechos se ajustan a la biografía real del artista.

Como detalla Hans Laguna en Hey!, ni Julio tenía futuro prometedor en el mundo del fútbol, ni llegó a estar en coma después de su accidente, ni era licenciado en Derecho (acabó la carrera años después), ni su participación en el Festival de Benidorm y en Eurovisión fue fruto de la casualidad o del esfuerzo. Hijo de una familia principal de la sociedad madrileña, el artista recibió un trato especial por parte de los responsables de ambos festivales, gracias a las gestiones realizadas por su padre, el doctor Iglesias Puga que, mucho antes de ser 'papuchi', fue un prestigioso ginecólogo con muy buenos contactos entre las autoridades del régimen franquista.

Rueda de prensa en Miami del doctor Iglesias Puga, flanqueado por sus hijos Carlos y Julio, para explicar los pormenores de su reciente secuestro a manos de ETA, en 1982.

/ EFE

"Todas las cosas que he descubierto parten de materiales que ya existen. De hecho, el doctor Iglesias se refirió a todo esto en su momento. Sin embargo, a nivel mediático se prefiere el discurso del esfuerzo, del talento, porque parece que, de no ser así, se pierde la magia. En todo caso, para mí es importante poner el foco en esos factores que operan en la trastienda, desde el momento en que en el mundo hay mucha otra gente con talento que no llega a lo que ha llegado Julio", explica Laguna que, a pesar de todo, defiende que revelar esas incoherencias en el relato biográfico del artista "es totalmente compatible con reconocer los méritos que Julio tiene como cantante". Independiente de esas facilidades con las que pudiera contar en sus comienzos, es innegable que Julio Iglesias es una de las grandes estrellas de la canción internacional, gracias a su inteligente uso de los medios de comunicación, a la creación de una potente marca personal y, por supuesto, a su esfuerzo y empeño, como demuestra su campaña para conquistar Estados Unidos.

Tiempos difíciles

"Mis primeros tiempos en Norteamérica fueron muy duros. Aleccionadores, enriquecedores, pero durísimos. Yo llegué allí demasiado mayor, a los treinta y cinco años, cuando ya tenía muy aferrado el sabor, el olor y el color de mi tierra. El choque fue muy fuerte y lo pasé fatal", recordaba Julio Iglesias sobre su desembarco en Miami. Además del desarraigo que suponía abandonar su país, el cantante, respetado en Europa y Latinoamérica, tuvo que sufrir el desprecio de buena parte de la sociedad estadounidense y sus medios de comunicación.

The Village Voice , el periódico contracultural neoyorquino, dijo de él: "Parece un hombre agradable, pero ¿por qué es naranja?", en referencia a su afición a tomar el sol; Barbara Streisand se negó a hacer un dueto con él espetándole a su manager: "¿de verdad quieres que grabe con este tipo?"; varios periódicos se mofaron de su rudimentario inglés y sus canciones fueron calificadas como "música para planchar", en referencia a las empleadas domésticas latinas que se la ponían de fondo mientras hacían las labores del hogar. Por si esto no fuera suficiente, debido a su predicamento entre las mujeres maduras, Julio llegó a ser calificado como "el sex symbol de la menopausia", comentario al que el cantante reaccionó con humor: "siempre que [las fans maduras] me piden un autógrafo me dicen que es para su madre". Unos años después, cuando ya era famoso en Estados Unidos, incluso hizo un cameo en Las chicas de oro.

"Parte del rechazo que recibió tenía que ver con el hecho de que la crítica cultural y musical de Estados Unidos estaba hecha por hombres cuyo paradigma era la música rock —explica Hans Laguna—. Esa gente veía a Julio como alguien artificial y, además, lo menospreciaban porque su público era predominantemente femenino, lo que no deja de ser una actitud claramente machista". Sin embargo, lejos de conformarse con ese juicio sexista, la prensa estadounidense también mostró actitudes xenófobas y racistas. "El latino en Estados Unidos no es blanco, pero tampoco es negro. Es otra cosa confusa en la que caben tanto un mexicano, como un español o un argentino. Por eso, aunque el concepto de latin lover había calado en EEUU, su atractivo exótico radicaba en que era justamente un colectivo discriminado y, por tanto, era un deseo prohibido para las mujeres blancas", comenta Laguna. En otras palabras, el Julio Iglesias que en Europa y Latinoamérica resultaba inalcanzable por su fama y sus millones, cuando estaba en Estados Unidos era más bien el jardinero de El amante de Lady Chaterley, el mozo de cuadras o el chofer de telenovela que seduce a la señora de la casa. Resumiendo, durante los primeros años de su estadía en Estados Unidos, Julio fue agraciado con el pack completo: machismo, racismo y clasismo.

El amante de América

A pesar de esos desprecios, Julio no desfalleció en su empresa por conquistar al público estadounidense. Para conseguirlo, contrató los servicios de Rogers & Cowan, una de las agencias de relaciones públicas más importantes de Estados Unidos, que lanzó una campaña de comunicación para darlo a conocer entre los líderes de opinión, empleando para ello un escueto pero contundente eslogan: "Julio who?" [¿Julio quién?].

"La campaña de Julio Iglesias para conquistar Estados Unidos utilizó muchas de las estrategias que habían empleado The Beatles en 1964 y que hoy en día utilizan artistas como Rosalía. Aunque siempre se ha vendido que lo de The Beatles fue una cosa espontánea, en realidad tenía detrás un gran mecanismo de relaciones públicas. La filtración a través de la radio relativa al vuelo en el que viajaban, por ejemplo, la hizo el propio Brian Epstein. Luego, los teenagers que estaban en el aeropuerto gritando recibieron un dólar y una camiseta por su colaboración. En ese sentido, Julio entendió rápidamente que, más allá de ser un cantante, era un personaje o una una marca que tenía que estar siempre generando contenido y, aunque él ya utilizaba el ¡Hola! para ello, cuando quiso triunfar en Estados Unidos, multiplicó ese tipo de acciones con la ayuda de las agencias de relaciones públicas", explica Laguna.

De la mano de R&C, Julio Iglesias apareció en el Tonight Show de Johny Carson, grabó un dueto con Willy Nelson, otro con Diana Ross y, poco después de que Michael Jackson firmase un contrato millonario para ser la imagen de Pepsi, Julio cerró un acuerdo aún más lucrativo para ser imagen de Coca-Cola en el que, de nuevo, desempeñó un papel clave el tema racial: mientras que Pepsi buscaba posicionarse dentro de la comunidad afroamericana, Coca-Cola consideró que Julio podía resultar un buen prescriptor, tanto entre la comunidad WASP, como entre los millones de latinos residentes en Estados Unidos.

Entre otros beneficios, el acuerdo con Coca-Cola permitió financiar la costosísima gira mundial de 1984 que consagraría a Julio Iglesias en Estados Unidos. La misma gira al final de la cual se vería obligado a refugiarse en Nasáu para recuperar la estabilidad emocional. Esa a partir de la cual comenzaría la decadencia de su carrera profesional, como demuestran los siguientes acuerdos de patrocinio firmados por la estrella. En 1997, por ejemplo, su gira española estuvo esponsorizada por La Casera, bebida nacional que nada tenía que ver con la cosmopolita "chispa de la vida". Tanto es así que, cada vez que el cantante subía al escenario y veía el logotipo de la popular gaseosa, comentaba indignado: "Coño, la próxima la vamos a hacer anunciando salchichones". A la queja, sin embargo, solo le faltaba añadir la coletilla "otra vez". Aunque tal vez Julio quisiera olvidarlo, en 1992, su gira española la había patrocinado la marca de embutidos El Pozo.

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