Antonio Palacios, artífice de un nuevo Madrid
El arquitecto gallego, de cuyo nacimiento se han cumplido 150 años en 2024, fue clave en configurar la capital en las primeras décadas del siglo XX
Por Víctor Rodríguez y Nacho García
Fue autor de significativos edificios en Madrid como el Palacio de Cibeles o el Círculo de Bellas Artes, pero más allá de ello, fue una figura esencial en la propia configuración de una ciudad que en esos momentos, en las primeras décadas del siglo XX, estaba en cierta necesidad de autoafirmación y en pleno cambio. Sin la aportación de Antonio Palacios (1874-1945), Madrid, y en particular ese eje que forma la calle Alcalá, sería muy distinto. “En un momento en que la ciudad estaba en un proceso de transformación muy grande, él, aparte de colaborar como otros arquitectos en ese nuevo Madrid que se estaba construyendo, tenía una visión especialmente urbana”, explica Javier García-Gutiérrez Mosteiro, catedrático de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. “Hablaba de la arquitectura de ciudades, le gustaba pensar en la arquitectura siempre como piezas de una construccion coherente en la ciudad”.
Mosteiro es comisario, junto a Julián García Muñoz, de Madrid Metrópoli. El sueño de Antonio Palacios, la exposición que se podrá ver en CentroCentro, en el propio Palacio de Cibeles que el arquitecto levantó junto a Joaquín Otamendi, a partir de febrero de 2025 y que servirá para poner broche a las celebraciones que durante todo 2024, año del 150 aniversario de su nacimiento, han venido teniendo lugar. La última ayer mismo, en O Porriño (Pontevedra), su ciudad natal, donde Prensa Ibérica organizó un acto de hermanamiento entre Galicia y Madrid en torno a su figura con la presencia de los presidentes de la Xunta, Alfonso Rueda, y la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, los alcaldes de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y O Porriño, Alejandro Lorenzo, y el presidente de la Diputación de Pontevedra, Luis López.
Hijo de un ayudante de Obras Públicas que trabajó en la construcción del tendido ferroviario en Galicia y el norte de Portugal, Palacios creció entre planos de ingenierías, de estructuras metálicas, de puentes para trenes…, algo que luego emergería en su obra. Se cuenta, de hecho, que decidió entre estudiar Arquitectura o Ingeniería lanzando una moneda al aire, lo que probablemente no sea cierto pero que sirve para enfatizar el carácter ingenieril de buena parte de su obra la influencia de esas imágenes de infancia en las estructuras de hierro a la vista en edificios como el Palacio de Cibeles o el Hospital de Jornaleros de Maudes.
En la Escuela de Arquitectura conoció a Joaquín Otamendi, con quien firmó sus primeros proyectos. Entre ellos el que les terminaría abriendo tantas puertas, el Palacio de Telecomunicaciones, en Cibeles, actual sede del Ayuntamiento de Madrid. Sorprendió que dos jóvenes casi recién salidos de la escuela, con apenas 30 años cumplidos, ganaran el concurso convocado y plantearan un proyecto tan audaz a la altura de 1904.
Con el tiempo se separaría de Otamendi y profundizaría en un estilo ecléctico que tomaba elementos del clasicisimo pero también del secesionismo vienés o de la Escuela de Chicago pero que era siempre reconocible, entre otras cosas por las grandes dimensiones. “Su arquitectura se ha tachado a veces de megalómana, pero yo prefiero llamarla monumentalista en el mejor sentido de la palabra, porque utilizaba el monumento como algo susceptible de crear memoria”, tercia García-Gutiérrez Mosteiro. Por encima de eso, sin embargo, entiende el catedrático que lo más significativo en Palacios es su capacidad para interpretar el lugar en que construía sus edificios o, por decirlo en términos de Fernando Chueca Goitia, lo bien que los plantaba.
Palacio de Comunicaciones. 1904-1918
Con su imponente fachada, se erige en el corazón de Madrid como un símbolo de la grandiosidad arquitectónica de principios del siglo XX y la visión innovadora de Antonio Palacios y Joaquín Otamendi.
Hospital de Jornaleros. 1908-1916
Construido en 1908, fue una obra emblemática de la arquitectura social en Madrid, diseñada para ofrecer atención médica gratuita a los trabajadores más humildes de la ciudad.
Banco Español del Río de la Plata. 1911-1918
Este edificio simboliza el auge económico y la apertura internacional de la época, además de mostrar la monumentalidad en la arquitectura bancaria de Palacios.
Círculo de Bellas Artes. 1919-1926
Representa un equilibrio entre funcionalidad y estética, poniendo de relieve la majestuosidad de principios del siglo XX en sus líneas y ornamentaciones arquitectónicas.
Metro de Madrid. Desde 1917
El arquitecto buscó que cada estación fuera un espacio distintivo, donde el estilo artístico contribuyera a la identidad y el espíritu de la ciudad.
Viviendas de Tomás Rodríguez. 1906-1907
En esta obra, Palacios plasmó su visión de una arquitectura que no solo responde a necesidades prácticas, sino que también se integra armónicamente en la ciudad.
Edificio Palazuelo. 1919-1921
El diseño del Edificio Palazuelo traza un cambio hacia la modernidad, integrando elementos de luz y espacio que lo hicieron vanguardista para su época.
Edificio Matesanz. 1922-1924
Este edificio destaca por su organización espacial y su carácter innovador, adaptado a la realidad de una ciudad en expansión a principios del siglo XX.
Banco Mercantil e Industrial. 1932-1941
Esta construcción es un testimonio de la época dorada de la arquitectura bancaria, en la que la apariencia de estabilidad y grandeza era clave para inspirar confianza en sus visitantes y clientes.
Palacio de Comunicaciones
Plaza de Cibeles,1
Desde fuera su aspecto es imponente, “una especie de retablo escultórico”, según define Jacobo Armero, arquitecto, agente inmobiliario, autor del libro Antonio Palacios, constructor de Madrid y comisario de la exposición Vida del Palacio de Cibeles. Con cierto aire de la tradición arquitectónica española, su presencia catedralicia favoreció que popularmente se bautizara como Nuestra Señora de las Comunicaciones.
En su interior, por el contrario, era lo que García-Gutiérrez Mosteiro define como una máquina por su carácter funcional. Palacios y Otamendi supieron estructurar el edificio para que alojara tres servicios: Correos, Telégrafos y Teléfonos. Para lograrlo idearon un gran vestíbulo de cubierta acristalada al que se accedía mediante unas escaleras y que distribuía en tres brazos esas tres utilidades. El hierro de las vigas a la vista y el cristal contrastan con la piedra de la fachada.
Viviendas de Tomás Rodríguez
Villamejor, 3
La arquitectura residencial de Palacios no ha sido habitualmente tan reconocida como el resto de sus obras, pero es también particularmente relevante. Entre los edificios que diseñó a tal fin, uno de los mejor conservados tal y como él lo concibió es este, en gran medida gracias al empeño de uno de sus actuales vecinos, el arquitecto Jaime Tarruell.
Mosteiro destaca de esta y, en general de las demás construcciones de viviendas de Palacios en Madrid, una acertada distribución en planta “y ese involucrarse con la ciudad del edificio a través, por ejemplo, de los accesos, con unos portales que plantean unas secuencias de transición entre lo público y lo privado muy interesante”. La luminosidad del interior es otra de sus características.
Curiosamente en esta calle, entre Serrano y el Paseo de la Castellana, el arquitecto gallego intervino en otros dos edificios: el del número 1 también es suyo, y del número 7 trabajó en la reforma.
Hospital de Jornaleros de San Francisco de Paula
Maudes, 17
Hoy es tras algunos avatares sede de la Consejería de Transportes, Infraestructura y Vivienda de la Comunidad de Madrid, pero en origen fue un hospital benéfico encargado por Dolores Romero y Arano a Palacios y Otamendi tras su éxito en Cibeles. La pareja plantea aquí un diseño en cuatro naves en aspas con un patio octogonal en el centro. Una galería central conecta las naves y privilegia el aprovechamiento de la luz natural.
En su aspecto se aprecian rasgos de lo que García-Gutiérrez Mosteiro llama “un cierto goticismo” y vuelve a destacar por el uso de los materiales. Miguel Lasso de la Vega, director gerente de la Fundación Arquitectura del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, llama la atención sobre el uso de cerámica, que favorece la luminosidad y la higiene, y para los que Palacios “no recurre a cualquiera, sino que cuenta con Daniel Zuloaga”, prestigioso ceramista, tío del pintor Ignacio Zuloaga y colaborador habitual de otro arquitecto importante en Madrid, Ricardo Velázquez Bosco, quien fue maestro de Antonio Palacios.
Pero, además, vuelven a recurrir al hierro visto y al vidrio y a la piedra, en este caso, y por contraste con el Palacio de las Comunicaciones, sin labrar apenas. Armero apunta al hecho de que se utilizó esta piedra caliza más rustica en consonancia con el entorno, pues la zona no estaba entonces integrada en la trama urbana de Madrid. Otros lo vinculan con la procedencia de Palacios, la familia de cuya madre poseía canteras en Galicia.
Banco Español del Río de la Plata
Alcalá, 49
Se conoce como el edificio de las cariátides por las dos grandes figuras femeninas que flanquean la entrada, pero para García-Gutiérrez Mosteiro eso es algo anecdótico. La clave de esta construcción es algo que ya no está. Esta entidad financiera argentina, entonces desconocida en España, necesitaba un gesto de poder y para ello encargó su sede a Palacios y Otamendi en lo que entonces venía a ser la city madrileña, muy cerca del aún en construcción Palacio de Comunicaciones y en frente del Banco de España.
El edificio se alza imponente con un zócalo y un impresionante cuerpo central con grandes columnas a la manera griega y estructuras metálicas y vidrio entre ellas a la manera de muros cortinas muy modernas para la época. En el interior proyectaron cuatro plantas (más sótano, semisótano y ático) estructuradas en pasillos en torno a un patio central iluminado cenitalmente por un lucernario de la firma Maumejean, de forma que realmente era un gran hueco. “Debía de ser un espectáculo arquitectónico para quien llegara a conocerlo”, comenta el comisario de Madrid Metrópoli. El inmueble fue después comprado por el Banco Central, que lo dividió en forjados y echó a perder ese patio de operaciones. En la actualidad alberga el Instituto Cervantes.
Instalaciones de la red de Metro
En 1917 Carlos Mendoza, Antonio González Echarte y Miguel Otamendi fundaron la Compañía Metropolitana Alfonso XIII. Palacios todavía era socio de Joaquín Otamendi, hermano de Miguel, y comenzó a ejercer como arquitecto de la compañía desde sus inicios. Fruto de ese trabajo fueron los dos templetes de acceso en la Puerta del Sol y en la Red de San Luis, en Gran Vía. Ambos están desaparecidos. El primero fue demolido en vida del arquitecto; el segundo estuvo en pie más tiempo y se trasladó a O Porriño en 1970.
No fueron lo único que el gallego aportó al Metro de Madrid, una posición que le permitió desarrollar aún más su visión de ciudad. Palacios trabajó en el diseño de las bocas, con balaustradas de granito y barandillas de forja, de de las que queda alguna huella en Cuatro Caminos y Noviciado y también en el interior de las estaciones. En ellas apostó por el uso de azulejos blancos biselados para tratar de sumar luz al suburbano. Se puede comprobar aún en Tirso de Molina o Pacífico y muy singularmente en la estación-museo de Chamberí.
Fue además el autor de la Estación Eléctrica de Pacífico, cuya Nave de Motores es hoy un Centro de Interpretación del Metro de Madrid, y de las subestaciones eléctricas de Salamanca y Quevedo.
Círculo de Bellas Artes
Alcalá, 42
Es otra de las obras cumbres de Palacios en Madrid. Mosteiro llega a considerarlo el primer rascacielos de la capital, pues se concluyó el mismo año en que se inició la construcción de la sede de Telefónica en la Gran Vía. Con el torreón alcanza los 67 metros, y de hecho, el arquitecto gallego tuvo que pugnar para que le dejaran superar la altura máxima permitida, de 25 metros, algo que se consiguió gracias a un decreto gubernamental que lo declaraba Centro de Protección de las Bellas Artes y de Utilidad Pública.
Armero destaca su complejidad. “Es su edificio más desestructurado, el menos equilibrado. Parece inclinarse hacia la esquina de la calle de Alcalá”, señala, al tiempo que incide sobre el escalamiento, el distinto tamaño que van teniendo sus distintos cuerpos hacia la torre. García Gutiérrez-Mosteiro, por su parte, señala lo bien concebido que está, con su apilamiento de pisos para distintas funciones. “Se podría decir que es un organismo complejo de volúmenes interpenetrados que, además sigue en su uso original, que es algo clave para la conservación de la arquitectura”, explica. “Hay espacios que desaparecieron como la entrada de coches o la famosa y bellísima piscina del sótano, pero la sustancia básica del Círculo de Bellas Artes sigue ahí”.
Casa Comercial Palazuelo
Mayor 4 / Arenal 3
En esa ciudad en transformación en la que trabajaba Palacios, este fue uno de los primeros edificios comerciales. Se lo encargó Demetrio Palazuelo, para quien ya había diseñado un edificio de viviendas. En su elegante interior adaptó una solución ya utilizada en trabajos anteriores: la de disponer las plantas en altura en torno a un patio central, aquí en forma de V, iluminado a través una vidriera superior, si bien este caso las galerías de cada planta presentan perfil sinuoso. Para el exterior también utilizó la formula de columnas-pilastras, en esta ocasión dobles, con estructuras metálicas y vidrio entre ellas en ambas fachadas, la que da Arenal y la que da a la calle Mayor.
Con posterioridad elaboró un proyecto para extender el edificio hasta la Puerta del Sol que respondía, según García-Guitérrez Mosteiro, al proyectar expansivo y la necesidad de construir ciudad que le caracterizaban. “Se trata de un proyecto utópico pero que, en el fondo él proponía como realizable y que pasaba por reconstruir ex novo prácticamente todo el centro urbano alrededor de la Puerta del Sol”, comenta.
Edificio Matesanz
Gran Vía, 27
Impresionados por la Casa Comercial Palazuelo, los hermanos Jacinto y Antolín Matesanz requirieron a Palacios para construir en la Gran Vía un edificio para alquilar locales comerciales y oficinas. Es, apunta Lasso de la Vega, una de las obras en que más se deja influir por la Escuela de Chicago. Se aprecia en aspectos como el redondeo de las esquinas o el uso de cristal y acero.
El interior persigue la funcionalidad. En el exterior, la fachada que da a Gran Vía se estructura en un primer cuerpo de bastante altura, un segundo cuerpo con columnas monumentales que termina en cinco arcos de medio punto y un retranqueo superior con torreones.
Banco Mercantil e Industrial
Alcalá, 31
El último gran edificio de Palacios en Madrid fue, de nuevo, el encargo de un banco, con esa necesidad de transmitir fuerza, firmeza y solvencia. En esa clave se puede leer el que es el elemento más característico de la fachada: un gran arco del triunfo que ocupa todo su centro. El arquitecto gallego retoma aquí motivos de toda su trayectoria. Como señala Mosteiro, “la arquitectura de Palacios es siempre muy identificable”. El edificio es también una nueva muestra de su capacidad de entender el espacio en que se levanta, un solar más bien estrecho. Por ello plantea una nave cubierta por una bóveda de cañón de pavés como espacio principal en el interior.
El inmueble ha pasado por algunas reformas, sobre todo a raíz de que en 2022 se convirtiera en sede de la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid y sala de exposiciones. Ahora mismo se puede visitar allí la muestra Jacobo Castellano. El espacio entre los dedos.
El Periódico de España
Texto: Víctor Rodríguez
Formato y programación: Nacho García del Álamo
Fotografías: Jonás Bel. © 2024 Dirección General de Patrimonio. Ayuntamiento de Madrid
