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Un repaso por su historia

El Parque de la Vega y sus quioscos esperan volver a ser el gran salón de Toledo: "el recibimiento ha sido maravilloso"

Los seis negocios del parque buscan atraer a todos los vecinos de la capital toledana con el objetivo de que la Vega vuelva a ser el punto de encuentro de las tardes de verano

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María Saiz

María Saiz

Durante generaciones, hablar del Parque de la Vega había sido hablar de los veranos de Toledo. El paseo de después de comer, los churros de Catalino del domingo por la mañana, las aceitunas del Quiosco Jiménez antes de volver a casa... La Vega siempre ha sido mucho más que un parque, y este verano, promete volver a ser el gran salón al aire libre de la capital.

Tras más de un año en obras, y cerrado desde el mes de enero, el emblemático espacio reabrió sus puertas el pasado mes de junio y apenas unas semanas han bastado para comprobar que los toledanos estaban deseando recuperarlo. Familias, grupos de amigos y vecinos de toda la vida vuelven a recorrer sus caminos mientras que los seis quioscos que hoy ocupan el parque empiezan a escribir una nueva etapa.

Entre ellos conviven dos negocios centenarios con otros cuatro proyectos completamente nuevos. Distintas generaciones, diferentes maneras de entender la hostelería, pero un mismo objetivo: devolver a La Vega el ambiente que siempre tuvo.

Encurtidos Jiménez y la churrería Catalino son el legado vivo del parque

Quien mejor representa esa continuidad es Julián Jiménez. Su familia lleva desde 1942 ligada al parque y hoy mantiene vivo el histórico quiosco de Encurtidos Jiménez, convertido ya en una institución para varias generaciones de toledanos. Tres generaciones después, Julián ha recogido el testigo familiar con la misma filosofía de siempre: mantener un negocio que lleva décadas acompañando a los paseos por La Vega y que, asegura, seguirá siendo un referente para los vecinos.

Encurtidos Jiménez fue uno de los primeros puestos del Parque de la Vega, desde 1942

Encurtidos Jiménez fue uno de los primeros puestos del Parque de la Vega, desde 1942 / cedida

Además, Julián tiene claro que no tiene pensado jubilarse: "llegaré hasta los 80 años y aquí seguiré, no sé si alguno de mis hijos querrá heredarlo", confiesa a La CRónica de Toledo dentro de El Periódico de España. Un negocio que levantó con sus propias manos, literalmente, su abuelo y que, pese a haber cambiado por fuera con el nuevo quiosco, "su memoria y espíritu sigue aquí".

Pero antes de llegar hasta él hubo otros muchos. El propio Julián todavía recuerda los relatos de sus abuelos y aquellos primeros negocios que dieron vida al parque. "Junto a mis abuelos María y Domingo estaban la señora Ramona; la madre de Antonio, que vendía castañas; el señor Pablo, conocido como 'El Rubio', que vendía bocadillos; y Ángel, el yerno del 'Manco'", recuerda. Aquellos cinco pequeños quioscos acabaron convirtiéndose en el punto de encuentro de cientos de vecinos cuando La Vega era el verdadero centro social de Toledo.

A pocos metros continúa el otro emblema y memoria histórica del parque: Catalino. Después del cierre obligado por las obras, y tras varios meses de incertidumbre, Quili y José han vuelto a levantar la persiana con la misma ilusión de siempre. "Estamos encantados con el recibimiento y esperamos no movernos en mucho tiempo", explica Quili. Sus churros siguen formando parte del desayuno de muchos toledanos y, como él mismo reconoce, "nos adaptaremos a la nueva Vega".

Quili, del Quiosco Catalino, posa para La CRónica de Toledo

Quili, del Quiosco Catalino, posa para La CRónica de Toledo / EPE

Los cuatro nuevos negocios que quieren convertirse en historia del parque

Frente a esos negocios históricos aparecen cuatro nuevos proyectos llamados a completar la transformación del parque. Juan, miembro de la sociedad Hevico Gesticon S.L., afronta su primera aventura empresarial convencido de que La Vega todavía tiene mucho recorrido. Su idea pasa por convertir su establecimiento en un punto de encuentro para los tardeos para los jóvenes. "La Vega tiene los mejores atardeceres de Toledo", asegura mientras observa cómo cada tarde aumenta la afluencia de público.

Atardecer desde el Parque de la Vega de Toledo

Atardecer desde el Parque de la Vega de Toledo / EPE

También llega con ilusión Ignacio, responsable de La Tuna, quien resume el sentimiento compartido por todos los nuevos concesionarios: "Toda la ilusión del mundo". Su intención pasa por recuperar ese ambiente que convirtió durante décadas al parque en uno de los lugares favoritos de los toledanos.

La histórica horchatería también vuelve a tener vida. Ahora serán Augusto y Mónica quienes continúen una tradición inseparable de los veranos toledanos, recuperando uno de los sabores más asociados al parque. El sexto proyecto corresponde a Nuevo Almacén, que mantiene la apuesta por los encurtidos y la gastronomía tradicional de la ciudad. Además de aceitunas y productos locales, el establecimiento quiere abrir sus puertas a pequeñas actividades culturales y encuentros gastronómicos.

Todos ellos coinciden en una misma percepción: la respuesta de los vecinos ha sido mucho mejor de la esperada.

Mucho más que un parque

La historia de La Vega comenzó mucho antes de que existieran los actuales jardines. Su origen se encuentra en el antiguo Paseo de Merchán, una gran explanada situada frente a la Puerta de Bisagra donde, ya en el siglo XVI, se celebraban torneos, desfiles militares, actos oficiales y fiestas populares. No fue hasta finales del siglo XIX cuando el arquitecto Mariano López Sánchez transformó aquel espacio en el gran jardín urbano inaugurado en 1872, dando forma al parque que hoy conocen los toledanos.

Imagen del parque de la Vega en 1965

Imagen del parque de la Vega en 1965 / Archivo Municipal Toledo

Durante décadas también acogió las Ferias de Agosto, mucho antes de su traslado a La Peraleda. Casetas, atracciones, horchaterías, puestos de frutos secos y encurtidos llenaban cada verano el parque, convirtiéndolo en el auténtico centro festivo de Toledo.

Algunos negocios históricos ya forman parte de la memoria colectiva. La Horchatería El Parque y Casa Mariano, abiertas desde 1885 y 1916 respectivamente, decidieron no presentarse al nuevo concurso y su recuerdo permanece entre quienes crecieron visitándolas.

El gran salón de la capital vuelve a mirar al futuro

La remodelación no solo ha cambiado la imagen del parque. También pretende recuperar su función como gran lugar de encuentro ciudadano. El Ayuntamiento ha puesto en marcha el ciclo "Veranos de La Vega", que durante todos los sábados del verano llenará el parque de conciertos gratuitos de bandas de música de toda la provincia.

Para Julián Jiménez, ese es precisamente el camino. "Han vuelto las generaciones de vecinos que siempre venían a La Vega, y ahora esperamos que también se acerquen los jóvenes".

Porque si algo demuestra la historia del parque es que siempre ha sabido adaptarse al paso del tiempo sin perder su esencia. Hoy, 153 años después de su inauguración, La Vega vuelve a ser ese lugar donde varias generaciones coinciden bajo la sombra de los árboles. Un parque que nunca dejó de pertenecer a los toledanos y que, por fin, vuelve a estar para todos ellos.

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