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Convento San Antonio de Padua

Estas monjas de Toledo son pasteleras, heladeras... y también protectoras del conejo gigante español

Los ejemplares de esta raza en peligro de extinción, que pueden medir hasta 96 centímetros y pesar hasta 9 kilos, son cuidados por tres monjas del Convento San Antonio de Padua que se encargan de su cuidado y manutención

En el Convento San Antonio de Padua de Toledo conviven 36 ejemplares de la raza del conejo gigante español

En el Convento San Antonio de Padua de Toledo conviven 36 ejemplares de la raza del conejo gigante español / Diputación de Toledo

María Saiz

María Saiz

Cada hora del día cuenta, y si no que se lo digan a las monjas del Convento de San Antonio de Padua de Toledo. A las once hermanas, se suma la presencia de hasta 36 pequeños -o no tan pequeños- seres vivos. Estas religiosas, de gran versatilidad, combinan la elaboración artesanal de dulces y helados durante el verano, con una singular labor: la cría del conejo gigante español. Una raza autóctona en peligro de extinción.

Los animales habitan en una nave dentro del propio convento, donde tres monjas, entre ellas Sor Consuelo, se encargan de su cuidado diario. "Son animales muy delicados, hay que estar muy pendientes de su higiene y alimentación", explica la hermana este periódico.

Sor Consuelo trajo el primero hace más de 30 años

Al poco tiempo de llegar al convento planteó esta cuestión a las hermanas, quienes aceptaron. Sor Consuelo, albaceteña con raíces valencianas, cuidó de pequeña a una pareja de conejos de esta raza que le dieron sus padres. Desde entonces, supo la importancia de estos conejos y la situación que enfrentan desde hace varias décadas.

Las hermanas del Convento de San Antonio de Padua aseguran que estos conejos "son una raza muy delicada"

Las hermanas del Convento de San Antonio de Padua aseguran que estos conejos "son una raza muy delicada" / Diputación de Toledo

De media, "pueden sobrevivir unas 15 crías al año", explican desde el convento. Es "una raza muy delicada tanto por el tema de la alimentación como el de la higiene. Es por ello que las tres monjas al cargo de su cuidado limpian cada dos días todo el excremento y una vez por semana fumigan la nave.

Gran parte de los conejos que nacen en el convento "pasan toda la vida con nosotras". Sin embargo, estos también pueden ser trasladados a otros centros de crianza "si son pedidos", explica Sor Consuelo. Ente ellos, hay conejos de esta raza en el parque temático Puy du Fou y en la Finca El Borril.

Así es el conejo gigante español

Durante décadas, este conejo estuvo presente en muchos corrales de España. "Le debemos mucho a estos conejos", resume Sor Consuelo, siendo además durante aquella época parte de la dieta de muchas familias españolas. Esta raza autóctona de Valencia -originaria del siglo XX al cruzar el Gigante de Flandes con conejos españoles- se distingue por:

  • Puede medir hasta 96 centímetros y pesar hasta 9 kilos
  • Puede tener hasta 20 crías por camada
  • Tiene una esperanza de vida de entre 5 y 7 años
  • Tienen un pelaje corto, sedoso y fino
  • Las orejas son grandes, anchas y en punta de cuchar
  • Es dócil y vivaz
  • No suele permanecer tumbado, a excepción de las hembras embarazadas
  • Con frecuencia, se les ve "de manos" apoyándose en las paredes de la jaula
Comparativa entre un conejo de monte y un conejo gigante español

Comparativa entre un conejo de monte y un conejo gigante español / EPE

Su cuidado y manutención cuesta al convento en torno a los 6.000-7.000 euros anuales, los cuales sufragan con donaciones de particulares o también de instituciones. Una de estas últimas ha sido destinada por parte de la Diputación de Toledo, quien concedió una ayuda de 3.000 euros para la compra de 20 jaulas de engorde, que ayudarán a llevar a cabo actuaciones para el incremento del censo y el desarrollo de programas de cría selectiva.

Una iniciativa muy personal que comenzó la hermana Sor Consuelo hace ya más de tres décadas y que sigue viva hoy. "Es muy gratificante", afirma la propia Sor Consuelo. Una labor ejemplo de dedicación y conservación silenciosa.

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