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EN 1975

Toledo tuvo uno de los palacios más lujosos de España hasta que su propietario lo voló con dinamita

El edificio fue convento jerónimo, refugio imperial y palacio aristocrático hasta su derrumbe hace más de 50 años

Vista aérea del Palacio de la Sisla en 1972

Vista aérea del Palacio de la Sisla en 1972 / Archivo municipal de Toledo

Toledo es una de esas ciudades que, aun conociendo su historia en profundidad, siempre tiene algún punto por descubrir. El Palacio de la Sisla, uno de los enclaves más misteriosos y desconocidos de la provincia, es uno de esos casos. Ubicado a las afueras de Toledo, este palacio está oculto dentro de un recinto militar al que solo se puede acceder mediante autorización expresa.

Sin embargo, en la actualidad no verás un lujoso palacio. No quedan muros de la fortaleza, y mucho menos salones. Quedan restos, fragmentos de lo que un día fue. Y, sobre todo, una historia tan poderosa que ni la dinamita logró borrar del todo.

Fue ermita y convento antes de ser un palacio

Esta residencia, hoy en ruinas, fue durante siglos escenario de decisiones históricas. Vivió retiros de emperadores y fue un convento jerónimo, palacio aristocrático, enclave de guerra, e incluso plató de cine. Los primeros documentos en los que aparecía este paraje datan del siglo XIII, donde ya era especial.

Palacio de la Sisla en 1910

Palacio de la Sisla en 1910 / Toledo Olvidado / Colección de José Luis Isabel

En aquel momento los escritos hablaban de una ermita dedicada a Santa María de la Cisla, vinculada a la parroquia de Santa Leocadia, en la Vega Baja de Toledo. Su topónimo, Sisla, procede del término latino silva, un territorio boscoso que daba nombre a toda una comarca natural hoy desaparecida.

En 1384, la orden de los Jerónimos levantó aquí su segundo convento en España. Tras ello, los siglos XV y XVI supusieron un enorme esplendor económico y espiritual. Del palacio salieron obras conservadas a día de hoy en el Museo del Prado, como las tablas del Maestro de la Sisla.

Resurrección como gran palacio

Durante siglos, este monasterio vivió parte de la historia que marcó el país. Sin embargo, el siglo XIX marcó el inicio del fin. Incendios, la Guerra de Independencia y las desamortizaciones culminaron en 1835 con la desaparición definitiva del convento. Gran parte de su riqueza fue vendida a Madrid, pero su destino volvió a girar, ligado a Toledo.

A comienzos del siglo XX, la condesa de Arcentales, Consuelo Cubas, decidió aprovechar los restos del antiguo monasterio, levantando en ese mismo lugar un palacio espectacular. Tras su inauguración, el edificio se convirtió en uno de los más lujosos de toda la provincia. Salones monumentales, jardines enormes diseñados por el mismo paisajista que diseñó el Parque de El Retiro, y su estética, mezclando romanticismo, historicismo y exotismo, lo hicieron único entre todos los palacios.

Una nueva guerra le supuso la ruina

La belleza del palacio —la prensa hablaba de él como un lugar fuera de lo común— le llevó a ser incluso escenario cinematográfico. En el Palacio de la Sisla se rodaron películas como A buen juez, mejor testigo (1926) o ¡Qué tío más grande! (1935).

Palacio de la Sisla en abril de 1928. Fotografía de Aurelio de Colmenares y Orgaz, Conde de Polentinos

Palacio de la Sisla en abril de 1928. Fotografía de Aurelio de Colmenares y Orgaz, Conde de Polentinos / Fototeca del IPCE, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Sin embargo, todo este cuento de hadas se derrumbó con la Guerra Civil. Durante la guerra el palacio fue ocupado por ambos bandos, saqueado, expoliado y seriamente dañado. Cuando terminó la contienda, quedó relegado a un uso secundario, casi marginal, como residencia ocasional.

Su propietario lo voló con dinamita

Sin embargo, el palacio se mantuvo en pie hasta que llegó su momento más duró, en 1975. Ese año, el Estado decidió expropiar el edificio para ampliar el campo de maniobras de la Academia de Infantería. Su propietario, Álvaro Jofre Soubrier, no aceptó el precio ofrecido.

Finalmente, antes de que la expropiación se hiciera efectiva, contrató a un pocero y voló el edificio con dinamita. Antes de que se lo arrebatasen, decidió terminar con su historia él mismo. Y no, no es una leyenda urbana. Fue un acto documentado.

Restos del Palacio de la Sisla en 2012

Restos del Palacio de la Sisla en 2012 / David Utrilla / Proyecto Toledo Secreto

En cuestión de horas, el lujoso palacio, que en su día fue uno de los conventos más importantes del país, desapareció casi por completo. Donde antes había imponentes muros, solamente quedaron escombros. Entre los restos se conservan unos bancos circulares recubiertos de cerámica oscura, decorados con criaturas mitológicas y monstruos alados, obra de Daniel Zuloaga.

El enclave volvió al foco mediático cuando Iker Jiménez grabó aquí un programa especial de Cuarto Milenio. En la actualidad, el Palacio de la Sisla no es accesible, ya que se encuentra dentro de terreno militar activo. No hay visitas guiadas, no hay rutas, solo permisos excepcionales.