Psicología
Por qué la mayoría de las personas no cumple sus propósitos de Año Nuevo
Año Nuevo, metas viejas: las razones científicas por las que abandonamos nuestros objetivos

Propósitos de Año Nuevo: el error más común que nos lleva a rendirnos. / Crédito: Jo Szczepanska en Unsplash.
Redacción T21
La mayoría de la gente renuncia a los propósitos de Año Nuevo, incluso a las pocas semanas de haberlos establecido. Distintos estudios científicos explican cómo hacer que el fracaso sea positivo y modificar la tendencia.
Cada año, millones de personas alrededor del mundo se llenan de optimismo en la noche del 31 de diciembre. Entre brindis y deseos, prometemos cambiar hábitos, mejorar nuestra salud o alcanzar metas largamente pospuestas. Sin embargo, la mayoría de estas resoluciones no duran mucho más allá de las primeras semanas de enero.
Un artículo publicado en The Conversation por la especialista Janina Steinmetz, profesora de la Universidad de Londres, en el Reino Unido, analiza por qué ocurre esto, y cómo replantear el “fracaso” puede ayudar a que nuestras metas perduren. La psicología explica cómo el lenguaje, el control y la forma de interpretar el fracaso influyen en el abandono de las metas.
Las investigaciones muestran que más de la mitad de quienes hacen resoluciones abandonan sus objetivos en las primeras semanas del año. Aunque los motivos son variados, una parte importante del problema tiene que ver con cómo entendemos y hablamos de nuestros fracasos. La forma en que describimos por qué no logramos algo influye no solo en nuestra percepción de esa meta, sino en nuestra motivación para volver a intentarlo.
Por qué fallan las planificaciones de Año Nuevo y cómo convertir el fracaso en progreso
Un factor clave es la percepción de control. Muchos objetivos requieren inversiones de tiempo y dinero que no siempre están disponibles. Por ejemplo, ir al gimnasio regularmente implica no solo voluntad, sino también dinero para la cuota o mensualidad y tiempo libre para asistir. Según la autora del artículo, cuando explicamos una caída en nuestra planificación anual como algo causado por limitaciones fuera de nuestro control, como por ejemplo la falta de dinero, otras personas tienden a percibirnos como más capaces de intentarlo de nuevo.
Sin embargo, los científicos también indican que para planificar mejor el futuro es más útil ver los desafíos como cuestiones de gestión activa del tiempo y los recursos. Decir “no hice tiempo para hacer ejercicio” en vez de “no tuve tiempo” pone el énfasis en una elección que se puede cambiar con intención y planificación. Esta pequeña diferencia en el lenguaje puede aumentar la sensación de control y la motivación para reajustar el rumbo.
Otro aspecto que explica por qué tantos proyectos de Año Nuevo fracasan es que muchas veces son demasiado ambiciosos o no funcionan sin una dosis de placer y disfrute. Establecer metas excesivamente altas, como ir al gimnasio todos los días sin considerar otros compromisos, hace que sea fácil frustrarse cuando la vida cotidiana irrumpe. Además, si el proceso carece de elementos agradables o gratificantes, mantenerse constante se vuelve mucho más difícil.
Pequeños cambios en el enfoque pueden marcar la diferencia entre rendirse o perseverar
Los expertos en comportamiento aconsejan repensar las metas como hábitos concretos y disfrutables, más que como metas impuestas por obligación. Un enfoque basado en pequeños cambios, como caminar 20 minutos al día o preparar una comida saludable a la semana, puede generar "pequeños triunfos" que refuercen la conducta y, con el tiempo, se traduzcan en logros sostenibles e incluso más ambiciosos.
Además, no hace falta esperar al 1 de enero para intentar cambiar: la idea de que solo puede comenzar una transformación personal con el Año Nuevo puede limitar nuestra creatividad e incrementar la ansiedad. Podemos elegir otros momentos significativos, como el inicio de una estación o incluso un lunes cualquiera, para iniciar cambios con la misma energía renovadora.
En resumen, no cumplir un objetivo no significa fracasar definitivamente en nuestro plan anual. Modificar la narrativa, centrándose en aquello que estuvo bajo nuestro control, ajustar metas para que sean realistas y placenteras, además de entender los tropiezos como parte del aprendizaje, puede transformar un aparente fracaso en un impulso hacia la mejora permanente.
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