Astronomía

Sorprenden a una estrella agonizante "devorando" a todo su sistema planetario

La enana blanca se ha dedicado a acumular toda la materia que la rodea en los últimos 100 millones de años

Sorprenden a una estrella agonizante "devorando" a todo su sistema planetario
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Pablo Javier Piacente

Una enana blanca localizada a 86 años luz de distancia de la Tierra, llamada G238-44, fue sorprendida por los astrónomos tragando material del interior y el exterior de su sistema planetario: cada planeta y todos los cuerpos a su alrededor serán absorbidos por la estrella moribunda. El proceso arroja luz sobre el caos que reina en los sistemas planetarios cuando muere su estrella: nuestro Sol y la Tierra tendrían un final similar en unos 5 mil millones de años.

En el marco de un nuevo estudio presentado este 15 de junio en un evento de la Sociedad Astronómica Estadounidense, un grupo de investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) logró observar, analizar y describir el proceso que ocurre cuando una estrella muere y, en su fase de enana blanca, consume la totalidad de los planetas y otros cuerpos que la rodean. Esta dinámica podría ser similar en todos los sistemas planetarios, incluyendo nuestro Sistema Solar. 

El diagrama ilustra la lenta destrucción del sistema planetario de G238-44, con la diminuta enana blanca en el centro, rodeada por un tenue disco de acreción formado por fragmentos de cuerpos destrozados que caen sobre la estrella muerta. / Créditos: NASA, ESA, Joseph Olmsted (STScI).

Una dieta muy amplia

De acuerdo a una nota de prensa, la enana blanca está absorbiendo escombros tanto del interior como del exterior del sistema planetario que previamente gestó y alimentó. Localizada a 86 años luz de distancia de la Tierra, la estrella G238-44 se ha dedicado a devorar toda la materia existente en sus alrededores durante los últimos 100 millones de años. Consume tanto material rocoso y metálico como material helado, según datos aportados por el Telescopio Espacial Hubble y satélites y observatorios adicionales de la NASA.

Los astrónomos estadounidenses indicaron que se trata del primer caso de “canibalismo cósmico” en el que se ha podido observar a una enana blanca con un apetito tan voraz y una dieta tan amplia. Esto sugiere que está capturando los restos de planetas rocosos y asteroides ubicados en el interior del sistema planetario extinto, como así también del exterior del mismo, en donde se ubican los cuerpos helados y gaseosos. 

El equipo de científicos midió la presencia de nitrógeno, oxígeno, magnesio, silicio e hierro, entre otros elementos, en la atmósfera de la enana blanca. La detección de hierro en gran abundancia es evidencia de núcleos metálicos de planetas terrestres, como la Tierra, Venus, Marte y Mercurio. En tanto, la inesperada abundancia de nitrógeno permite concluir que también había cuerpos helados en el sistema planetario de G238-44.

El ocaso de un sistema planetario

En líneas generales, una enana blanca es el núcleo quemado de una estrella, que queda como resultado de la eliminación de las capas exteriores de una estrella similar a nuestro Sol. El proceso se concreta cuando la estrella deja de quemar combustible a través de la fusión nuclear, en uno de los últimos ciclos de su vida. Al agonizar, comienza a capturar todo aquello que la rodea, incluyendo planetas, satélites, asteroides o cometas

¿Cómo “muere” un sistema planetario? Se trata de un evento turbulento y caótico, que comienza cuando su estrella anfitriona se infla exponencialmente, en lo que se conoce como gigante roja, y luego pierde rápidamente sus capas externas, colapsando en una enana blanca. En ese momento, se convierte en una estrella súper densa del tamaño de la Tierra, pero con una masa similar a la de nuestro Sol. Este proceso interrumpe drásticamente las órbitas de los planetas y cuerpos que la circundan, que tarde o temprano terminan siendo absorbidos por la estrella moribunda.

El Sistema Solar podría tener un final parecido en alrededor de 5 mil millones de años, pero los hallazgos de los astrónomos no solo revelan los detalles del final de un sistema planetario: también podrían aportar datos vitales sobre el origen de la vida. La vida tal como la conocemos requiere un planeta rocoso cubierto con una variedad de elementos volátiles como el carbono, el nitrógeno y el oxígeno. La abundancia de los elementos apreciados en esta enana blanca parece provenir tanto de cuerpos rocosos como de cuerpos ricos en volátiles: esto indicaría que dicha diversidad podría ser más común de lo pensado en el Universo, generando las condiciones propicias para la vida.

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