Astrofísica

Un abismal agujero negro devora cada segundo un "bocado" de materia del tamaño de la Tierra

El plasma a su alrededor emite unas 7.000 veces más luz que toda nuestra galaxia

Un abismal agujero negro devora cada segundo un "bocado" de materia del tamaño de la Tierra
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Pablo Javier Piacente

Los astrónomos han detectado el agujero negro más brillante y de más rápido crecimiento que ha existido en los últimos 9 mil millones de años. La gigantesca estructura cósmica es 3 mil millones de veces más masiva que el Sol y cada segundo se traga un trozo de materia del tamaño de la Tierra.

Un equipo internacional de astrónomos, liderado por la Universidad Nacional de Australia (ANU), ha descubierto un nuevo agujero negro supermasivo, conocido como J1144, de una magnitud y características desconocidas hasta hoy: además de ser 500 veces más masivo que Sagitario A*, el agujero negro supermasivo que reina en el corazón de nuestra galaxia, el voraz apetito de J1144 eclipsa al de otros agujeros negros supermasivos de dimensiones similares. 

Según una nota de prensa, el gigantesco agujero negro tiene la masa de tres mil millones de soles. Pero lo más sorprendente son sus tasas de crecimiento: otras estructuras de un tamaño comparable dejaron de crecer tan rápido hace miles de millones de años. J1144, en cambio, puede deglutir una cantidad de materia equiparable a las dimensiones de la Tierra en solo un segundo. Además, el objeto es tan masivo y brillante que los astrónomos aficionados pueden verlo desde la Tierra.

Monstruoso e inusual

El grupo de investigadores, dirigido por el científico Christopher Onken, ha publicado un nuevo estudio en arXiv sobre este hallazgo, que próximamente aparecerá en la revista Publications of the Astronomical Society of Australia. El descubrimiento fue posible gracias a datos aportados por el SkyMapper Southern Sky Survey, un telescopio australiano que tiene como objetivo mapear la totalidad del cielo en el hemisferio sur.

Aunque los científicos han intentado identificar objetos de estas características en los últimos 50 años, e incluso han descubierto muchos otros de menor magnitud y brillo, increíblemente han pasado por alto hasta el momento a J1144: en sus inmediaciones, el monstruoso agujero negro posee un anillo de plasma supercaliente que genera 7.000 veces más luz que toda la Vía Láctea. Precisamente, ese anillo luminoso es el que permitió descubrirlo.

En realidad, los agujeros negros son “invisibles”: no emiten luz propia. Sin embargo, su intensa gravedad atrae la materia con tanta rapidez que la misma se transforma en plasma supecaliente. El plasma emite luz, creando un anillo alrededor del agujero negro que se denomina disco de acreción. Aquello que logramos apreciar del agujero negro es, concretamente, este anillo de luz que lo rodea: todo lo que existe o sucede en su centro sigue siendo una gran incógnita y la raíz de múltiples teorías científicas aún no comprobadas.

¿Único en la historia?

El anillo luminoso de plasma que rodea al enorme agujero negro descubierto es el más brillante que los astrónomos hayan detectado jamás, debido a su magnitud y a la increíble velocidad con la cual atrae la materia. Los investigadores creen que J1144 ha marcado un “récord” que será difícil de superar en el futuro: de acuerdo a las teorías aceptadas, una estructura de este tipo debería detener su velocidad de crecimiento con el paso del tiempo.

Sin embargo, J1144 rompe con todos estos esquemas y pone en aprietos a los astrónomos, que están intentando explicar la razón de su inusual comportamiento. Una posibilidad sería que se formó a partir de un evento cósmico extremo, como por ejemplo la colisión de dos grandes galaxias. Al chocar, estas galaxias habrían canalizado una gran cantidad de materia hacia el agujero negro para alimentarlo. Acostumbrado a esa enorme “ración”, la abismal estructura no se contentaría con las dosis habituales de materia y necesitaría seguir devorando todo aquello que encuentra a su alrededor. 

Referencia

Discovery of the most luminous quasar of the last 9 Gyr. Christopher A. Onken et al. ArXiv (2022). DOI:https://doi.org/10.48550/arXiv.2206.04204

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