Astrofísica

La Luna está robando agua a la Tierra

Lleva miles de millones de años extrayéndola de la magnetosfera terrestre

La Luna está robando agua a la Tierra
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Redacción T21

Una nueva investigación sugiere que la Luna tiene agua porque la toma de la magnetosfera terrestre a través de los iones de hidrógeno y oxígeno que escapan de la atmósfera superior de la Tierra: forman el permafrost lunar que luego se convierte en agua líquida.

En 2020 la NASA confirmó que la Luna cuenta con grandes reservas de hielo, no solo en los cráteres de las regiones polares, donde se había descubierto a finales de los años 90 del siglo pasado, sino también en depresiones más profundas que habrían retenido hielo durante miles o millones de años.

En general, se cree que la mayor parte del agua lunar fue depositada por asteroides y cometas que chocaron con la luna. La mayoría fue durante un período conocido como el Bombardeo Pesado Tardío.

En ese período, ocurrido hace unos 3.500 millones de años, cuando el sistema solar tenía alrededor de 1.000 millones de años, los primeros planetas interiores y la Luna de la Tierra sufrieron un impacto inusualmente fuerte de asteroides.

Una investigación de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), publicada el año pasado, señaló otra posible explicación: el campo magnético que rodea a la Tierra o magnetósfera es capaz de “sembrar” agua en la Luna mediante iones que viajan en el llamado «viento terrestre».

Las observaciones realizadas en este estudio detectaron altas concentraciones de isótopos de oxígeno, producto de filtraciones de la capa de ozono de la Tierra, que se incrustaron en el suelo lunar.

Nueva explicación

Según una nueva investigación, realizada por científicos del Instituto Geofísico Fairbanks de la Universidad de Alaska, los iones de hidrógeno y oxígeno que escapan de la atmósfera superior de la Tierra se combinan en la Luna y habrían creado hasta 3.500 kilómetros cúbicos de permafrost superficial o agua líquida subterránea, un volumen comparable al lago Huron de América del Norte, el octavo lago más grande del mundo.

Los investigadores basaron ese total en el cálculo del modelo de volumen más bajo: considerando que solo el 1% del escape atmosférico de la Tierra llega a la Luna.

Estos autores sugieren que los iones de hidrógeno y oxígeno entran en la Luna, no directamente a través del viento solar, sino cuando nuestro satélite pasa por la cola de la magnetosfera de la Tierra, lo que ocurre durante cinco días del viaje mensual de la Luna alrededor del planeta.

Debido al viento solar, que arrastra al campo magnético terrestre formando una vasta cola, algunas de las líneas del campo magnético de la Tierra se rompen: solo quedan unidas al planeta por uno de sus extremos.

Ducha lunar

Y cuando la Luna interfiere con la cola de la magnetosfera, algunas de estas conexiones rotas se reparan, lo que lleva a que los iones de hidrógeno y oxígeno, que previamente habían escapado de la atmósfera de la Tierra, regresen repentinamente hacia ella.

“Es como si la Luna estuviera en la ducha: una lluvia de iones de agua que regresan a la Tierra, caen sobre la superficie de la luna”, explica Kletetschka en un comunicado. Y como la Luna no tiene magnetosfera propia para repelerlos, los iones se combinan para formar el permafrost lunar.

Parte de ese permafrost, a través de procesos geológicos y de otro tipo, como los impactos de asteroides, se sitúa debajo de la superficie, donde puede convertirse en agua líquida.

Mediciones recientes de múltiples agencias espaciales han confirmado cantidades significativas de iones formadores de agua presentes durante el tránsito de la Luna a través de esta parte de la magnetosfera, lo que refuerza esta hipótesis.

De todas formas, los autores consideran que su sugerencia de cómo ha llegado el agua a la Luna no debe ser la única, sino que seguramente ese proceso se debe a varias fuentes.

Referencia

Distribution of water phase near the poles of the Moon from gravity aspects. Gunther Kletetschka et al. Scientific Reports volume 12, Article number: 4501 (2022). DOI:https://doi.org/10.1038/s41598-022-08305-x

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