La crítica de Monegal: Babushka Z, la ancianidad como propaganda

La crítica de Monegal: Babushka Z, la ancianidad como propaganda
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Ferran Monegal

Decíamos la semana pasada que los comentaristas de la tele rusa son toscos y burdos intoxicando a las masas. Se ponen delante de la cámara y lanzan consignas primitivas, dantescas, espeluznantes contra los ucranianos. Son sistemas de ‘agitprop’ muy torpes, antiguos y desfasados. Ahora en ‘La Sexta clave’ Rodrigo Blázquez nos ha enseñado que también están usando otros métodos más efectivos y refinados.

Y nos ha mostrado la imagen que enfocan continuamente las cadenas de televisión controladas por Putin, de la que además se han impreso grandes carteles que han sido pegados en paredes y tapias por todo Moscú y San Petersburgo: es la estampa de una abuela, al parecer ucraniana prorusa del Donbáss, enarbolando una bandera de la antigua URSS. Esta Babushka Z, que así la ha bautizado el Kremlin, es un instrumento propagandístico mucho más penetrante que los estertores apocalípticos de un presentador de televisión puesto delante de la cámara reclamando la "esterilización masiva de los ucranianos".

Hay un texto clásico, del sociólogo Gustave Le Bon, ‘Psicología de las masas’ (reeditado en 2014 por Editorial Morata), en donde se describe lo bien que funciona el factor emocional cuando se usa para manipular a las masas. Una abuela, humilde, frágil, solitaria, colocada en algún lugar devastado y agitando una bandera con las manos, consigue un impacto en el alma de los televidentes sencillamente colosal. También con niños funciona muy bien esta técnica de penetración en las masas. En 1937, el entonces jefe del Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya, Jaume Miravitlles, mandó crear la figurita de un niño con bandera y puño en alto que se llamó El més petit de tots. Se instituyó como símbolo de la lucha antifascista del catalanismo popular. Tuvo un éxito extraordinario. Costaba tres pesetas. Se vendieron miles de ejemplares. Tenía además una particularidad: la bandera era intercambiable, a gusto del comprador. Podía ser con la bandera 'quatribarrada', con la anarquista rojinegra, con la comunista, con la republicana...

¡Ah! Si esta Babushka tuviera la bandera intercambiable podría usarse, indistintamente, como prorusa o como proucraniana. El impacto emocional sería idéntico en la audiencia de las cadenas de ambos lados. ¡Ah! Las banderas, esos trozos de tela pintados.

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