Sin rastro desde el 21 de enero de 2020

Aventurero, marine y motero: Ben desapareció en Ibiza mientras subía fotos de la borrasca Gloria a Instagram

El británico fue a la playa a inmortalizar el temporal, su familia cree que se lo tragó el mar. Encontraron su Harley, su chaqueta y su reloj | En Mallorca, a otro joven se le perdió la pista el mismo día cuando hacía rappel

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Nieve, viento, lluvia y olas imponentes. Lo bautizaron como Gloria y azotó España (Valencia, Cataluña, Baleares, Andalucía, Asturias, Aragón…) en enero de 2020. Provocó destrozos incontables. Murieron trece personas, desaparecieron dos. En Mallorca, David Cabrera, un barranquista experto, se vio sorprendido por la borrasca en mitad de un descenso. En Ibiza, Ben.

Divertido, sonriente, cariñoso. Pura energía. Bromista, solidario, amante de las motos. Benjamin Garland llevaba dos años instalado en España. Le gustaba el clima, el mar. Estudió ingeniería, pero se hizo marine. El joven de 25 años dejó Reino Unido, pero nunca a su familia. Iba y venía, aunque su vida, su siguiente capitulo, estaba aquí. El 21 de enero de 2020 se perdió su rastro en Ibiza. Ben se subió a su moto, su pasión. La borrasca Gloria había cesado, dijeron en la prensa. No lo volvieron a ver.

Ben en una de las últimas fotos junto a moto. / Cedida por Mark Garland

"Aquel día lo tenía libre en el trabajo", recuerda su padre, Mark. "Ben decidió dar un paseo en moto hasta la costa de Portinax, en el norte de Ibiza". Desde Wiltshire (Reino Unido), Mark Garland recibe a CASO ABIERTO, portal de sucesos e investigación de Prensa Ibérica. "La tormenta Gloria se estaba desvaneciendo lentamente, pero el mar todavía estaba agitado y, al llegar a Portinatx, Ben tomó la decisión de filmar las grandes olas. Lamentablemente, esa decisión lo llevó a acercarse", lamenta, "creemos que una ola rebelde lo arrastró". El mar se lo tragó.

En el último vídeo que Ben publicó sus redes se ve cómo una gran ola choca contra una roca sobre la que está él y se escucha al joven soltar una risa nerviosa

La alarma saltó pronto. Fue un compañero de Ben quien la encendió. "Había salido a mediodía", recuerda Mark. Llegó la noche y no regresó. El capitán de la embarcación en la que trabajaba avisó al servicio de emergencias del 112 de que su compañero no había vuelto. Supieron, gracias a las redes sociales, dónde buscar. "Ben publicó 3 ó 4 stories en Instagram la tarde en la que desapareció", recuerda su padre.

"Eran sobre el mar y las olas. El último vídeo era una gran ola chocando contra una roca sobre la que estaba él. En el breve clip se ve el agua sobre sus botas, y se escucha a Ben soltar una pequeña risa nerviosa... luego terminó".

La borrasca Gloria dejaba en Baleares vientos de 110 kilómetros por hora, y una histórica ola en la isla de Sa Dragonera, de 14,2 metros.

Aquel día, las noticias se hicieron eco: la borrasca Gloria dejaba en Baleares vientos de 110 kilómetros por hora, y una histórica ola en la isla de Sa Dragonera de 14,2 metros. Los titulares daban cuenta de la tragedia. Asolaba España. Ben seguía sin dar señales. No llegaba. No llegó.

Se rastreó el lugar de su últimas publicaciones. Se encontró su moto, su amada Harley Davidson Sportster de 1200 cc, aparcada en la misma costa. "Todavía teníamos la esperanza de que estuviera en otro lugar, que se hubiera resbalado mientras caminaba hacia el faro, se hubiera lastimado y no pudiera andar".

Emergencias, la Guardia Civil, Salvamento Marítimo. Todos buscaban. Su familia, capitaneados por el propio Mark, se sumó. Llegaron a España. Se impuso el shock. Sin noticias. Sin rastro. Nada llevaba a Ben.

Foto de Ben Garland disfrutando del mar. / Cedida por Mark Garland

"Al tercer día de búsqueda, el equipo de rescate encontró su chaqueta flotando en el mar, con su documentación y gafas de sol en los bolsillos", recuerda Mark. "El cuarto día, mi hijo Jake, mi hija Leanne y yo visitamos las rocas en las que Ben había estado. Lo hicimos cuando el mar se había calmado y los niveles del agua habían bajado, en busca del casco o el teléfono de mi hijo. Encontré su reloj, con una correa dañada, justo debajo de donde Ben había estado filmando. Esto apuntaba cada vez más al hecho de que se había caído o había sido arrastrado y ahora estaba perdido allí". El agua le devolvió sus cosas. Nunca le devolvió a Ben.

"Las autoridades españolas fueron asombrosas en la búsqueda y, honestamente, creo que hicieron todo lo posible por encontrarlo. Nunca perdieron la esperanza. Fue un trabajo minucioso y dedicado", se emociona Mark.

Después de tres semanas en la isla, los Garland se tuvieron que marchar. Fue, describe, el viaje más triste que jamás haya afrontado. "Tuvimos que volver a casa... Vivo con un sentimiento de pérdida y de dolor constante", lamenta. "Asumiendo que quizá no lo voy a encontrar nunca. Una de las cosas más difíciles. Llevo a Ben en mi corazón todo el tiempo. Lo extraño cada segundo de cada hora. Extraño su risa, su voz y todas sus pequeñas aventuras en las que ha estado".

"Me he enamorado del mar"

Ingeniero de formación; divertido, aventurero, pero pausado, racional. "Pensaba mucho todo. Incluso, en las ocasiones en que tomaba una decisión impulsiva, lo hacía de forma racional", sonríe su padre. Lo pensó, valoró y lo hizo: dibujó una nueva vida. Cambió.

"Fue invitado a Palma de Mallorca para un trabajo ocasional en un súper yate", recuerda Mark, "tenía una ruta anual, Ibiza-Palma. Voló a España y trabajó 3 meses en el yate. Se enamoró de la comunidad de navegantes, del mar".

Cuando terminó su contrato, "volvió a casa", pero había quedado marcado. "Decidió que quería trabajar en esta industria, así que regresó y comenzó a caminar por los muelles en busca de trabajo", cuenta su padre. "Encontró varios trabajos ocasionales, pero ninguno permanente, y se estaba desanimando un poco hasta que le ofrecieron volver, de forma fija, al primer barco en el que había trabajado".

"Ben ama sus motos, es su pasión. Le encantaba montar y explorar", recuerda su padre. / Cedida por Mark Garland

"Tuvo que completar varios cursos en Reino Unido antes de comenzar", recuerda Mark. "Pasó todos sus exámenes. Recuerdo que el 27 de enero de 2019 le llevé al aeropuerto para que volara a Ibiza para comenzar el próximo capítulo de su vida". Ben estaba feliz.

Examen de conducir

Se afincó en España, aunque nunca dejó a los suyos. "Llevaba dos años en la isla cuando desapareció". Los Garland, una piña, muy unidos, estaban en continua comunicación. "Vino a casa en Navidad. Se quedó en Reino Unido para hacer su último examen. Era la licencia de conducción. Tuvimos una comida de celebración con toda la familia el sábado antes de que volara de regreso a Ibiza y, lamentablemente, desapareció el día 21. Todavía tengo el sobre con la licencia en mi cocina". Está cerrado, intacto. "No me atrevo a abrirlo".

La roca

"Han pasado casi tres años desde aquel fatídico día", lamenta su padre. Ahora, la vida es otra, confiesa Mark. "Extraño a mi antiguo yo, la persona que era antes de que Ben desapareciera. Tengo miedo de no volver a ser la misma persona nunca más". Piensa en la roca. Y, siempre que puede -que pueden todos- regresan a ese lugar. Vuelan a Ibiza. Se sientan en el último sitio en el que saben que Ben estuvo. El que inmortalizó. El que subió a Instagram.

Mark Garland con flores en la roca en la que desapareció su hijo. / Cedida por Mark Garland

"Ben es mi héroe", describe. Se sienta y le siente. Siente que está ahí, en Ibiza. Junto al mar se siente bien. Recuerda el "ejército solidario" que lo dio todo por encontrarlo. "Sé que la búsqueda, después de casi tres años, obviamente ha terminado", lamenta, "pero durante las patrullas de rutina de los guardias civiles, alrededor de la isla, sé que todavía buscan a Ben".

Habla de los agentes, de los isleños y habla de Fani Tur: "junto con su perro y amigos, recorrieron la costa buscando a mi hijo y nunca se rindieron hasta que miraron toda la isla". No puede olvidar, tampoco, a Marilina Ramon y su hijo Pau. "Fueron un puntal para mí, mi fuerza, mi marcha. Para mi familia y amigos. Se aseguraron de que estuviéramos alimentados y atendidos mientras estábamos allí buscando", se emociona Mark. "Lo siguen haciendo. Ahora visito Ibiza todos los años para recordar a Ben y visitar las rocas. Tengo muy cerca de mi corazón a todas las personas que me ayudaron y apoyaron mientras estuve allí".

Ben en su habitación, leyendo; Mark y su hijo en una foto del álbum familiar. / Cedida por Mark Garland

Ben abrazaba la vida, resume su padre. "Mejoraba la de todos. A todos nos marcó", sonríe con cariño su padre. "Cuando las personas sufren, otros se acercan y brindan apoyo. Ben lo hacía, pero la diferencia es que, cuando pasaba el momento, Ben todavía está allí. Siempre decía: 'nunca estarás solo mientras yo esté'".

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Mark le imagina leyendo, escribiendo, "le encantaba". Le recuerda escuchando música, "a menudo se le veía con una guitarra, cantando". No le dijo adiós.

"A mi dolor se suma otro, vivo con la pérdida de la hermana mayor de Ben, Charlotte. Murió de cáncer este año, el 23 de marzo. Se fue sin saber qué le pasó a su hermano", lamenta. "No solo me apeno. Siento tantas emociones diferentes que es casi imposible expresarlo con palabras. Pero tengo familia que me necesita. Nada puede quitarme el dolor de perder a mis hermosos hijos, ni tener que vivir sin ellos, pero no me rendiré. Perder a mi hija fue muy traumático y triste, pero estaba preparado para eso, teníamos un diagnóstico, y pude dejarla descansar, despedirme, algo que no puedo hacer por Ben". Espera la llamada que le diga que ha aparecido. Espera poder despedirse. Espera que nadie olvide a Ben.



La familia Garland realiza multitud de homenajes desde el día en que Benjamin desapareció. Destaca una ruta motera solidaria, un evento anual llamado Ride To The Tide. Es una ruta desde Trowbridge (de donde proviene Ben) hasta el RNLI (Royal National Lifeboat Institution) en Poole (Reino Unido): "Todos los ingresos recaudados se entregan al RNLI en memoria de Ben, ya que hacen por otros en el Reino Unido exactamente lo que las autoridades españolas hicieron por él. Hasta ahora, de las dos ediciones que hemos realizado, hemos logrado recaudar más de 3.000 libras (casi 3.500 euros) para el RNLI y el evento crece cada año".