Sin rastro desde el 21 de marzo

Amenazas de muerte, dinero, deudas, poblados chabolistas: ¿quién hizo desaparecer a Francisco en Madrid?

Días antes, una familia moldava le advirtió de que "irían a por él" | El juzgado cerró el caso en tres semanas sin "apreciar delito" | Ahora rectifica y reabre la investigación

Amenazas de muerte, dinero, deudas, poblados chabolistas: ¿quién hizo desaparecer a Francisco en Madrid?
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"Ten cuidado, vamos a acabar con tu vida". La amenaza se produjo en la Calle Santa Susana, en el barrio madrileño de Hortaleza. Por doscientos euros. Según denunció Juana Páez en sede policial, Francisco -su hijo- había acudido junto a dos amigos al domicilio de un tercero dispuesto a recuperar su dinero. No consiguió suma alguna, solo una amenaza que hoy resuena en la mente de todos los que conocen, los que lo buscan: "tenemos una familia muy peligrosa, van a por ti y te van a matar".

Tras la amenaza, Francisco de Pablo Páez, de 32 años, desapareció. Eran las cuatro y media de la tarde del lunes, 21 de marzo, cuando se le vio por última vez. Tres meses después sigue desaparecido. La investigación chocó contra un muro: el judicial. El juzgado de Instrucción número 27 de Madrid cerró el caso a las tres semanas de la denuncia por desaparición.

Ahora ha rectificado. Según ha podido saber CASO ABIERTO, el pasado 13 de junio, aceptó reabrir la investigación, como pedía la familia de Francisco. Su madre, Juana Páez, tiene un deseo: "necesito encontrar a mi hijo, como sea, vivo o muerto, pero encontrarlo. No puedo más".

Una imagen de Fran compartida por su familia. /

"Vuelvo en una hora"

El día que se pierde su rastro Francis jugaba con otro amigo a la PlayStation en su casa, en el barrio de Hortaleza de Madrid. Independizado, vivía solo desde hacia diez años, "desde que cumplió los 21, ahora tenía 32".

No pasaba su mejor momento. Atrás dejó una relación sentimental algo convulsa. No tenía trabajo fijo, "pero se defendía". Sacaba de aquí y de allí. "Se juntaba con gente que quizá no era muy recomendable", lamenta su madre. Se distanció un poco de los suyos, incluso de su familia, pero nada alertaba de que no estuviera bien.

"Vuelvo en una hora que voy a solucionar un asunto", fue la última frase que le dijo a su amigo antes de salir. "Desde ese día se hizo humo", sostiene Juana. Francis salió, "el otro chico se quedó jugando en su casa. Pasó una hora, luego dos... El chico intentó localizarlo, sin resultado. Se fue de la casa de mi hijo. Tiró de la puerta al salir y hasta hoy, allí mi hijo no volvió".

"Desde el principio, la policía tuvo claro que la desaparición de mi hijo no era voluntaria, que algo había detrás", sostiene Juana

La investigación arrancó una semana después. Una llamada alertó a Juana de que algo no iba bien. "Una persona llamó a mi hermano y le dijo que Francis no estaba", recuerda.

"El teléfono al que llama está apagado...". Son incontables las veces que escuchó la voz del contestador automático del teléfono de su hijo. Angustiada, acudió a la comisaria de Policía Nacional. "Desde el principio, la policía tuvo claro que la desaparición de mi hijo no era voluntaria, que algo había detrás", sostiene. Trataron de reconstruir los últimos pasos del joven: "era como buscar una aguja en un pajar".

Una semana más tarde, unos amigos de Francis aportaron más información. El 30 de marzo Juana amplió la denuncia. En su declaración, a la que ha tenido acceso CASO ABIERTO, portal de sucesos e investigación de Prensa Ibérica, aportó datos nuevos: entornos complicados, drogas, deudas, trapicheo. Le hablaron de poblados de compra-venta, de chabolas, descampados, deudas y de una familia de moldavos, que lo amenazó.

"He tenido conocimiento a través del entorno de mi hijo", contó Juana nada más entrar en sede policial, "de que unas semanas antes de la desaparición de mi hijo lo acompañaron a una casa para reclamar una deuda". El agente apuntó dirección y nombres, "en el domicilio, el joven al que buscaba mi hijo, y el padre de este, discuten y lo amenazan, llegando a decirle que 'tuviera cuidado que tenían una familia muy peligrosa y que iban a acabar con su vida'". La investigación giró 360 grados. "No se fue por propia voluntad", reitera su madre. La policía buscó por los circuitos del menudeo e indagó, de puntillas, por los poblados de Valdemingómez y la Cañada Real.

Hasta donde pudo, pues el caso se cerró: "no resulta debidamente justificada la perpetración del delito", concluyó el auto de sobreseimiento. El 13 de abril, la desaparición fue declarada "no forzosa". La familia, junto al abogado colaborador de SOS Desaparecidos Juan Manuel Medina presentó un recurso, al que se adhirió la Fiscalía. Este viernes se hacía público que el mismo juzgado lo estimaba, reabriendo la causa, y solicitando las primeras diligencias de investigación.

"Sin mirar su móvil, su geolocalización, sus últimas llamadas, con amenazas previas...", clama su madre, "se cerró en tres semanas. ¿Cómo funciona la justicia?", lamenta.

"Han dejado pasar tres meses, lo único que temo es que ahora haya más dificultades para encontrar a mi hijo", lamenta su madre.

"Salió con las llaves en el bolsillo y el móvil. Le dijo a su amigo: 'en un rato vengo'... ahora sabemos que se movía en entornos complicados, lamenta Juana. "Han dejado pasar tres meses, lo único que temo es que ahora haya más dificultades para encontrar a mi hijo".

Desesperada, lucha contra la ausencia, la impotencia, el no saber. "Hasta este viernes la policía estaba atada de pies y manos, no podía continuar", sostiene, y muestra un hilo de esperanza ante la nueva situación.

"Al sobreseerse, no se pudo hacer análisis del teléfono de Francisco, su geolocalización, sus últimos movimientos, llamadas... ni las diligencias indispensables, mínimas, para investigar. Confiamos en que todo cambie", sostiene Medina, el letrado.

Fotos del álbum familiar de Francis. A la derecha, el joven junto a su madre. /

El tiempo juega en contra

Madre y abogado solicitaron la reapertura del caso a través de un recurso. También, que se practicasen las diligencias necesarias para poder dar con el paradero del joven madrileño. Que se interrogue a su círculo, a la familia moldava -identificada ya- por ser los últimos que lo vieron con vida y que se les tome declaración, al tener constancia de que dichas personas mantuvieron con él una discusión.

El tiempo pasa, juega en contra. "Es un calvario", llora Juana. "Me lo han matado". Coge aire, intenta también tener calma. Son ya tres meses sin saber. La mujer confía en que finalmente todo lleve a Francisco, el chico alto, de casi 2 metros, que una mala tarde de lunes salió de casa para no volver.

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