Homofobia

Brutal agresión homófoba en Vigo al grito de "maricón": "Me tiraron una nevera a la cabeza"

Un vigués de 43 años sufre lesiones en todo el cuerpo tras recibir puñetazos y patadas mientras tomaba el sol | La Policía Nacional tramitará la denuncia presentada como un delito de odio

Brutal agresión homófoba en Vigo al grito de "maricón": "Me tiraron una nevera a la cabeza"
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Carlos Ponce

J.G.S. es un vigués de 43 años al que le gusta ir a la playa para desconectar y “estar tranquilo”. Concretamente suele acudir a Cabo Estai, donde se tumba en alguna de las rocas ubicadas junto a los arenales para tomar el sol. Precisamente allí se encontraba en la tarde del pasado martes, sin nadie alrededor, cuando se quedó dormido. Al despertar empezó la pesadilla. Justo al lado, “a un palmo” de donde estaba tumbado y pese a que había sitio de sobra en la zona, se colocó un hombre acompañado de otras dos mujeres. Con educación, J.G.S. le pidió si podían tener algo más de consideración y alejarse un poco, ante lo que el hombre respondió agresivo: “Cállate maricón”.

La víctima hizo oídos sordos pero le insistió en si podía mantener un poco la distancia, porque la playa estaba vacía y no era necesario que se colocaran pegados a él. El agresor no atendió a razones y repitió el insulto. “Yo ahí ya salté y empezaron a burlarse de mí. Estaba desnudo y una de las acompañantes del hombre sacó el móvil y se puso a grabarme, me enfocó el rostro y entonces decidí quitarle el teléfono. Ahí él ya me dio inmediatamente dos puñetazos en la cara y yo le aparté y nos caímos al suelo los dos. Posteriormente él cogió una nevera de las que se suelen llevar a la playa y me la tiró a la cabeza y me abrió una brecha encima de la ceja izquierda. No solo eso, sino que después me tiró todo lo que había dentro de la nevera. Pasé mucho miedo en ese momento”, relata la víctima, a la que se le quiebra la voz cada vez que recuerda lo sucedido. Y es que sigue en shock.

Posteriormente, la víctima consiguió inmovilizar al agresor en el suelo, pero una de las mujeres empezó a propinarle patadas en la espalda. Fue ahí cuando no pudo más y llamó al 112. “Mientras llamaba, una de las mujeres agarró mis cosas y las tiró por la playa. Esperé a que viniera la policía, llamé a mi madre mientras me seguían llamando maricón continuamente”, recuerda J.G.S.

Cuando llegó la Policía y la ambulancia, este vigués homosexual se dio cuenta que tenía toda la cara ensangrentada. Porque las lesiones fueron múltiples: rotura de un diente, brechas en la cara, la boca y la cabeza, y las rodillas en carne viva por los golpes que recibió contra las rocas.

“En ese momento no estaba para nada, no podía hablar de lo que había pasado. Fue al día siguiente cuando me puse en contacto con Pvlse (el colectivo LGTBI de Vigo)”, recuerda. Pvlse tiene un convenio con la Policía Nacional para la prevención de las agresiones a personas homosexuales y transexuales, e inmediatamente ofreció asesoría jurídica a J.G.S. Los responsables de la asociación ayudaron a la víctima a presentar la denuncia contra los agresores en la comisaría de la Policía Nacional.

Lo que en un principio iba a ser tramitado con un simple delito de lesiones, finalmente se convino con la Policía que se tramite como delito de odio, pues a las agresiones físicas hay que sumarles los insultos homófobos proferidos contra la víctima y el ensañamiento y la violencia con la que los hechos se produjeron. En el colectivo LGTBI de Vigo están completamente consternados por lo que ha sucedido. “Es muy grave, pudo haber sido otro caso Samuel”, asegura Francisco Francisco Fernández, director de la asociación, que cuenta además con el observatorio con un local abierto a todo el colectivo.

J.G.S. está preocupado, especialmente después de conocer que los agresores también impusieron una denuncia contra él. “No me lo podía creer, porque lo único que hice fue apartarles”, asegura. Aunque no quiere revelar su identidad, ha decidido contar a Faro de Vigo, diario del mismo grupo, Prensa Ibérica, que este periódico, lo sucedido. “Llevo diez años yendo a Cabo Estai y nunca tuve ningún problema, pero ahora tengo miedo de volver allí. Me da rabia y es completamente injusto. Pero quiero que se sepa lo que ha sucedido, es una forma de ayudar para intentar evitar que esto vuelva a ocurrir”, afirma la víctima, que pese a las lesiones ha decidido no cogerse la baja laboral y seguir trabajando para mantener la cabeza ocupada.

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