Desapareció en Santander en 1994

Adela llamó a su madre antes de desaparecer: "Me tienen retenida"

Se fue a Brasil con un hombre veinte años mayor que ella con el que salía, aseguró que regresaría, pero solo volvió él | Su hija, que cuando se marchó tenía 4 años, la busca desde entonces

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"Me tienen retenida, mamá". Poco después la llamada se cortó. Adela San Ceferino se quedó de piedra. Su hija mediana, Adela Bercianos, que meses antes se había ido de casa, la llamó por teléfono llorando el día de Año Nuevo de 1995. Ese mensaje es lo último que tiene, no la volvió a ver.

Aguantó el dolor, disimuló. Junto a ella, en casa, estaba Lucía, su nieta. Meses antes su hija la había dejado a su cuidado, justo antes de subirse a un tren. "Yo tendría cuatro años…", cuenta Lucía, que hoy tiene 32 años. "No he vuelto a verla más".

Desde la última vez que la vio han pasado 28 años: "mi madre desapareció", casi tres décadas en las que no ha dejado de buscar, de esperar. Se agarra a la esperanza, también a la voz de algunas personas que afirman que está viva: "un hombre nos dijo que, cuando se celebraba el funeral de mi abuelo, hace cinco años, ella estuvo aquí, en Santander", cuenta Lucía. "Mis tíos afirmaron que habían visto a una mujer similar y que no conocían caminando hacia el féretro, besar la caja y salir".

La foto de Adela que se utilizó en los carteles por su desaparición; de fondo, Adela con su hija Lucía en el zoo. /

Un tren con destino a Málaga

"Del día exacto recuerdo poco", cuenta Lucía. Sabe, porque le han contado todos, que su madre acudió a la estación de trenes de Santander. Antes de subirse a uno, con destino a Málaga, le dijo a su familia que cuidara de la niña. "Me voy de vacaciones", afirmó. Junto a ella, un hombre veinte años mayor con el que había empezado una relación.

"Me dejó con mis abuelos en el aparcamiento de la estación", cuenta su hija. Las vacaciones se hicieron meses, el viajé se alargó. "Recuerdo que llamaba, preguntaba por mí, pero no volvía".

Apareció en Navidad, pero la visita fue silenciosa -Lucía no la vio- y secreta, fugaz. Adela se presentó totalmente cambiada. Cambió su melena morena por un pelo corto rubio, "parecía otra", unas lentillas azules ocultaban sus ojos marrones. Algo iba mal. "Por lo que he sabido después, al parecer, había algún problema relacionado con el tráfico de droga. Los buscaban, estaban escondiéndose".

Adela no estaba localizable, pero sí presente. "Llamaba a mi abuela, me mandaba cartas en las que decía que estaba deseando volverme a ver y me mandaba regalos", recuerda su hija. 

Una de las cartas que envió a su hija y un oso de peluche que le hizo llegar; (dcha) foto de Lucía cuando su madre se marchó. /

Durante seis meses el contacto fue telefónico y postal. En todas las cartas que Adela escribió, pedía perdón a su familia, a su hija, y le decía que pronto se iban a volver a ver. En Año Nuevo, ya de 1995, se produjo una llamada que marcó la vida de todos. Por ser la última, por lo que contó. "Estaba llorando y dijo que sentía mucho todo y que no podía venir más porque estaba retenida", explica la hija de Adela. Desde entonces no hay más.

Casi treinta años después, Lucía se aferra a las cartas, a los recuerdos -que se esmera en no borrar- y en los regalos, los últimos, que recibió. "Recuerdo uno en especial, me mandó un paquete con un peluche grande y una carta que decía: 'te quiero mucho, espero estar contigo'".

Amplio currículum criminal

Pasaron los días, meses, y no hubo noticias. La madre de Adela interpuso en la Guardia Civil la denuncia por desaparición. Tiraron de la manta, la persona con la que se fue, aquel hombre, era un viejo conocido por la policía y la justicia. Tenía antecedentes por los delitos de narcotráfico y varios robos, por los que cumplió pena de prisión. Había ocupado grandes titulares y tenía un amplio currículum criminal.

Algunos de los titulares que protagonizó años antes de conocer a Adela. /

Implicado en la desaparición de miles de toneladas de leche en polvo de los almacenes del Puerto de Santander, fue detenido poco después por esconder en su domicilio dos kilos de Goma-2. Había colocado, según recoge la información de la época, en los locales del periódico 'Hoja del Lunes' de Santander, un artefacto explosivo. Dicho medio fue quien descubrió y publicó de forma amplia el caso.

La Guardia Civil descubrió que en su viaje -años después- Adela y él no se detuvieron en Málaga, llegaron a Brasil. Tras ello, el rumbo es incierto. Regresó solo él: "Aseguró que no sabía nada de mi madre, que habían roto la relación, y que la había dejado allí con mucho dinero. No dijo nada más".

"Vive en Burgos y se hace llamar Rosa"

Se activó la alerta, nunca se apagó. Los investigadores no pudieron vincular al hombre con el que se fue con su desaparición. Todo se fundió en negro. Llamamientos, carteles, ruegos. Nada arrojaba luz. Demasiadas sombras, silencios. Un destello llegó con el testimonio del hombre que aseguró que Adela había estado en el funeral de su padre. Que se dirigió a la caja, que la besó y se fue.

Lucía no recuerda la escena, "yo no lo vi", "no sé si era mi madre, pero, de verdad, mis tíos a esa mujer sí la vieron, sí". Era ya 2017, habían pasado 23 años desde que desapareció. Acudieron, de nuevo, a la Guardia Civil.

Imágenes de Adela del álbum familiar. /

Los investigadores escucharon el relato del supuesto testigo, "pero mintió en algunas cosas, decía que trabajaba de conductor de autobuses y al parecer no tenía ni carnet", lamenta. "Omitió información personal, pero en lo que compete a la mujer que estuvo ahí... nos choca mucho, porque la señora que describe mi familia sí la ve".

Por las mentiras, los agentes no le dieron credibilidad a su testimonio. El hombre dio más datos: "nos contó que mi madre ahora se hacía llamar Rosa, que tenía varios niños, mulatos, que estaba en tratamiento con metadona y que vivía en Burgos, cerca de la catedral". 

Un testigo afirmó que Adela había vuelto 23 años después de desaparecer a Santander por el funeral de su padre: "se dirigió al ataúd, besó la caja y se fue".

Adela no ha vuelto a comunicarse con nadie. Desde 1992 no ha renovado su documentación, afirman fuentes la de la investigación, y sus huellas dactilares están en la base de datos de Interpol. "Yo tengo la sensación de que está viva", afirma Lucía. "Un investigador, ya retirado, me lo dijo también: '¿Qué quieres saber de tu madre? Está viva, pero mejor no buscar'", afirma que le dijeron.

Pistas en Barcelona y Madrid

"Me lo dice algo, está viva", repite. "No es la primera vez que alguien me dice que la ha visto", afirma su hija. A la mente le vienen tres. "La primera vez la ubicaron en Barcelona". Ocurrió en 2007 tras salir en televisión.

"Mis abuelos hicieron un llamamiento. Una mujer contactó con el programa y dijo mi que mi madre había estado en su casa trabajando en la limpieza. Que le había visto el DNI, que tenía el grande, antiguo, caducado, y que tenía una foto mía en la cartera". Toni, un primo de la madre de Adela habló de primera mano con esa mujer. "Le mostré fotos", afirma el hombre, "confirmó que era ella, que había estado allí".

Con un bebé

De Barcelona llegó a Madrid, intuye Lucía. "El mismo señor que contó lo del funeral, vino a vernos años antes. Nos dijo que estaba un club de Cadalso de los Vidrios (Madrid). Que la había visto en malas condiciones y con un bebé". La madre de Adela, bloqueada, no reveló a la Guardia Civil esta información en su momento. Cuando pasaron los años, el señor le insistió: "lo que yo la dije en su día era verdad".

La última duda llegó hace un año y medio cuando la propia Lucia, navegando en Internet, vio una foto de "una persona idéntica" a su madre -y con gran parecido a su abuela, y a su tío tal cual está hoy- en un comentario en AliExprés. Llevó la información a la Guardia Civil. "Ya te diremos algo, me dijeron, pero la realidad es que nunca supe en qué quedó".

Mientras, la hija de Adela relee las cartas de su madre y espera, como ella le pidió. "Solo quiero saber que está. Si no quiere, que no diga dónde, quiero saber si está bien".

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