SE CUMPLEN 29 AÑOS DEL CRIMEN

Secuestro de Anabel Segura | Cabinas de teléfono, hipnosis y la voz del criminal sobre un disco de Mecano

La desaparición de la joven en abril de 1993 provocó la última gran investigación "analógica" de la Policía para detener a los delincuentes

La primera imagen que se difundió de Anabel Segura después de su secuestro.

La primera imagen que se difundió de Anabel Segura después de su secuestro.

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Cuando un repartidor y un fontanero que habían crecido en la misma calle de Vallecas secuestraron a la joven Anabel Segura en La Moraleja (Madrid) casi no había en España teléfonos móviles ni cámaras de seguridad. Muy pocas tarjetas de crédito ni sistemas GPS de seguimiento que facilitaran la labor a la policía. Ni hablar de redes sociales.

Los secuestradores llamaban entonces desde cabinas de teléfonos y pidieron el rescate -150 millones (de pesetas, el euro no existía)- en una cinta de cassette TDK grabada encima del último LP de Mecano, Aidalai.

Ocurrió el 12 de abril de 1993 y la policía tuvo que realizar, quizá por última vez, una caza del hombre analógica, imaginativa y artesanal en la que recurrió a la hipnosis, al programa 'Quién sabe dónde', de Paco Lobatón y a los conocimientos de un especialista de la BFK, la policía alemana, Herman Künzel, para dar con los secuestradores.

Anabel Segura tenía 22 años y era la hija mayor de José Segura, empresario del sector petroquímico, y Sigrid Foles. Aquel 12 de abril de hace 29 años se había quedado en el chalet familiar de La Moraleja para preparar exámenes de cuarto de Empresariales que estudiaba en ICADE, una universidad privada de Madrid.

Su familia estaba pasando unos días en la Costa del Sol y en su casa solo estaba la empleada de servicio, Rosa. Hacia las dos de la tarde, la joven cogió su walkman y salió a hacer footing por las calles de La Moraleja, la urbanización de lujo cercana a Madrid.

Una furgoneta blanca

Poco después, dos hombres salieron de una furgoneta blanca y a punta de navaja la metieron dentro y se la llevaron. Una persona lo vio desde lejos, Antonio, el conserje del colegio Escandinavo. Antonio tenía buena memoria, pero mala vista: explicó a la policía que había visto a dos hombres jóvenes meter a la chica en la furgoneta, pero no supo decir el número de la matrícula.

Fue sometido incluso a dos sesiones de hipnosis para ver si lograba recordar algún dato. La primera vez, en una comisaría; la segunda, con un especialista "barbudo y extranjero" que le recomendó que escuchara las olas del mar. Fue inútil.

La noche antes de secuestrar y matar a Anabel Segura, Emilio 'el Facha' le preguntó a su esposa: "Felisa, ¿tú qué harías con 130 millones?"

Desde dos días después, los secuestradores realizaron una decena de llamadas de teléfono a la familia de Anabel Segura pidiendo rescate, todas ellas desde cabinas de teléfonos. Entonces las llamadas no podían rastrearse con la exactitud que facilitan hoy los sistemas de satélite y la policía solo supo que varias de ellas habían pasado por las líneas telefónicas de la central de San Antón, que daba servicio a los números de los barrios de Vallecas y Entrevías.

El rescate, en taxi

La primera llamada la hizo un hombre tímido, que incluso tartamudeaba al pedir el rescate. El resto las hizo otro hombre, con mucho más aplomo. Reclamaba 150 millones de pesetas por liberar a Anabel.

Los secuestradores intentaron cobrar el rescate en dos ocasiones. En ambas, el portavoz de la familia, Rafael Escuredo, que había sido presidente de la Junta de Andalucía, iba en un taxi. El conductor era en realidad el jefe de Homicidios de la policía.

En la primera ocasión, Escuredo debía dejar la bolsa de deporte con el dinero en el kilómetro 126 de la Nacional II, bajo el puente de Saúca (Guadalajara). Uno de los secuestradores estaba oculto en el monte; el otro pasó un par de veces con la furgoneta, pero no se fio y siguió su camino.

El 6 de mayo tuvo lugar el segundo intento. Los secuestradores querían cobrar el rescate; la policía, detenerlos. La cita era esta vez en el kilómetro 160 de la Nacional 400, cerca de Tarancón (Cuenca).

Conducía el taxi de nuevo el jefe de la investigación, Escuredo, a su lado, llevaba la bolsa de deporte con el dinero. En la parte de atrás, bajo una manta, un policía de los Grupos Especiales Operativos (GEO). En el maletero, otro.

El secuestrador dormido

Un secuestrador pasó con la furgoneta, pero se asustó y se fue sin recoger a su cómplice, que estaba escondido en un bosque cercano y tuvo que caminar varios kilómetros hasta llegar a Cuenca. Cuando estaba en la parada de autobús, agotado, se quedó dormido. Un policía uniformado le despertó y le preguntó qué hacía por allí y el secuestrador contestó: "turismo".

Después de ese episodio, los dos secuestradores se pelearon y no volvieron a verse hasta que fueron detenidos y llevaron a la policía hasta el lugar donde habían matado y enterrado a Anabel.

En el fragor de aquella noche, un grupo de hombres recogió la bolsa de deporte con el dinero del rescate. Los policías se echaron sobre ellos. Eran una cuadrilla de albañiles y no sabían qué había dentro de la bolsa.

La policía temió desde muy pronto que Anabel Segura no estuviera viva. Aconsejaba al portavoz de la familia para que preguntara a los secuestradores detalles que solo ella pudiera saber. Por ejemplo, en qué ciudad de Alemania había nacido la madre de Anabel. Los secuestradores no supieron contestar: Alemania, insistieron.

La cinta falsa

Presionado por las preguntas del portavoz, el secuestrador que llevaba la voz cantante ordenó a su mujer, Felisa, que grabara una cinta de cassette haciéndose pasar por Anabel Segura. Felisa, una mujer maltratada, madre de cuatro hijos y churrera en el pueblo de Pantoja (Toledo), aceptó por un "miedo insuperable" a su marido, según dictaminó la sentencia que la condenó a dos años de prisión.

La grabación llegó por correo a la casa de la familia Segura en La Moraleja el 28 de junio de 1993. Era una cinta de casette marca TDK de noventa minutos de grabación. "Hola, padres, quiero deciros que estoy bien dentro de lo que cabe. Esta gente no me cuida mal…" La familia supo enseguida que esa voz no era la de Anabel.

"Los pimientos coloraos" y Mecano

Después de la voz femenina se escuchaba la del secuestrador: "si no se cumplen todas nuestras peticiones en la entrega del dinero, dentro de treinta días después de recibir nuestra cinta, la ejecutaremos… el señor portavoz de la policía sabe menos que los pimientos coloraos".

Los policías no daban crédito a lo que venía después, cuando el secuestrador terminaba sus amenazas. Se escuchaban de fondo varias canciones del disco Aidalai, de Mecano. Habían grabado el mensaje encima de la música. Además, también se oía hablar a un niño, el chirrido de una puerta y el sonido de un timbre.

Esa grabación fue enviada a todas las regiones policiales. Se estudió en qué zonas de España se decía la expresión "pimientos coloraos".

El barrio de Vallecas y los pimientos coloraos. El secuestrador jefe era además padre de familia, posiblemente un delincuente con antecedentes. Su cómplice había desaparecido. Pero no había rastro de Anabel.

Los investigadores de la policía tocaron a todos sus confidentes en busca de los atracadores que tanto les habían hecho trabajar en los últimos años. Estaban convencidos de que uno de ellos podía estar tras el secuestro.

Otra de las imágenes de la joven Anabel Segura.

Cárceles y Televisión

En septiembre de 1994, la policía pide permiso al juez para ir a las cárceles y poner la cinta con la voz del secuestrador a decenas de presos de confianza para ver si la reconocían.

Acuden también a la BKA, la policía alemana, donde trabaja el doctor Hermann Künzel, el mayor especialista entonces en análisis de voz. Él elegirá las frases que se difundirán en el programa Quién sabe dónde, que entonces dirigía Paco Lobatón en Televisión Española.

En noviembre de 1994 se difunden en televisión los fragmentos de las llamadas del secuestrador elegidos por el experto alemán, que deja fuera "los pimientos coloraos". Llegan más de 30.000 pistas a una línea gratuita de teléfono. De ellas, los policías investigan unas diez mil.

En mayo de 1995, un ciudadano llama, cree que conoce al secuestrador: "El que habla es Emilio 'el Facha', trabaja de repartidor y tiene una furgoneta blanca".

Emilio Muñoz Guadix, custodiado por la Guardia Civil.

Emilio 'el Facha'

Emilio el Facha es Emilio Muñoz Guadix, marido de Felisa García, con la que tiene cuatro hijos. Creció en la calle Sierra Morena del pueblo de Vallecas y pisó la cárcel con 19 años por atracos con escopeta. Los investigadores descubren que después del secuestro de Anabel había puesto una denuncia porque había perdido el DNI.

Con esa excusa, lo llaman y graban su voz. Cuando la escuchó, el jefe de la brigada supo que ese era el secuestrador. Durante todos esos meses, cada noche, en el camino desde jefatura hasta su casa, metía la cinta de cassete en el coche para oír la voz del malo y no olvidarla jamás.

Un informe de la Policía Científica, que entonces arrancaba en España, descarta que Emilio sea el secuestrador. Su voz se parece mucho, dicen, pero no es él. El jefe de la investigación hace caso a su olfato. Es Emilio 'el Facha'. Tiene que ser él.

"Asesino"

Los policías comienzan a vigilar a Emilio Muñoz. Pinchan sus teléfonos, también los de sus padres. Escuchan como su hermano le llama "asesino" por teléfono. Colocan también micrófonos en casa del hermano de Emilio y su mujer.

Finalmente, Felisa, su esposa llama a su cuñado y durante la conversación le confiesa que ella grabó la cinta haciéndose pasar por Anabel Segura y que su marido la mató el mismo día del secuestro.

Un policía se coloca como infiltrado y trabaja en la misma empresa de reparto a domicilio, cerca del sospechoso. Comprueba que muchos días le tocaba entregar paquetes por La Moraleja. "Allí hay gente de mucho dinero, cogemos a uno cualquiera, pedimos cien millones y se acabaron los problemas", le comentó a su antiguo vecino del barrio, Cándido Ortiz, alias Candy, un fontanero agobiado porque tenía diez letras sin pagar de la casa que se había comprado en Escalona (Toledo).

"¿Quiénes son tus padres?"

Cuando llegaron a La Moraleja, a la hora de comer del 12 de abril de 1993, Cándido y Emilio vieron a Anabel Segura haciendo footing y la secuestraron. Ya dentro de la furgoneta, sin saber a dónde ir con ella, le preguntaron: "¿Quiénes son tus padres? ¿Tienen mucho dinero?" y trataron de calmarla: "no te va a violar nadie".

La mataron y la enterraron unas horas después, aquella misma noche, en la vieja oficina de una fábrica de ladrillos junto a Numancia de la Sagra (Toledo). Luego hicieron creer que estaba viva para conseguir el rescate. El 28 septiembre de 1995, la policía detiene a Emilio Muñoz cuando estaba repartiendo paquetes en el barrio de Salamanca, en Madrid.

Cándido Ortiz, el segundo secuestrador, indica a los investigadores el lugar donde enterraron a Anabel.

También detienen a Felisa, en su casa, y a Cándido, en la suya. Aquella noche, Emilio Muñoz lleva a la policía hasta el lugar donde enterraron a Anabel y les dice: "el negocio salió mal".

Los dos hombres fueron condenados a 43 años y seis meses de prisión. Cándido murió de un infarto en su celda, en 2009, Emilio salió en libertad en 2013, tras la derogación de la doctrina Parot.

El negocio era secuestrar a cualquier persona rica de La Moraleja y pedir un rescate. La noche antes de secuestrar y matar a Anabel Segura, antes de acostarse, Emilio 'el Facha' le comentó a su esposa, agobiada por las deudas de la churrería. "Felisa, ¿tú qué harías con 130 millones?".

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