Le buscan en Vitoria desde el 13 de diciembre

Jesús desapareció el día que iba a vacunarse contra el covid

El hombre, de 68 años, dejó su teléfono, llaves y cartera en casa | Antes de salir, buscó en internet: "cómo bajar el río Zadorra". Han rastreado sus aguas, sin éxito

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Jubilado, activo, deportista, hombre de costumbres, amigo de sus amigos, y futbolero, seguidor del Alavés. Profundamente enamorado de Nieves, su mujer. Así es Jesús Bengoa, un hombre de 68 años y residente en Vitoria al que se le perdió el rastro el pasado 13 de diciembre. Su vida, tranquila: pasear, hacer ejercicio, viajar y disfrutar. Lo había ganado a pulso, tras años al frente de la ferretería del barrio, traspasó el negocio y se jubiló. Hace tres meses salió a dar un paseo, como siempre. "¿Vas a ir a la vacuna?", le preguntó su hijo Íñigo. "Sí, luego iré", dijo, pero no llegó. Carteles de alerta, batidas, y una investigación que no avanza.

"He quedado con un amigo"

"Jesús se levantó como un día normal", cuenta David, su sobrino. "Se fue a hacer unas compras y luego volvió a casa. Se dio cuenta de que se había olvidado la leche, así que volvió al supermercado... todo normal. Cuando regresó eran las 11:45 horas".

En casa estaba su hijo Íñigo, sobre las 13:00 horas comió con él. "Mi tía (su mujer) no estaba en casa. Ese día estaba en Bayona, pues su otra hija vive por trabajo en Francia y tenían que ir al médico". Comieron, no hubo alarma, señales ni alerta, Jesús estaba normal. "Sobre las 13:30 horas le dijo que se iba, que había quedado con un amigo con el que suele ir de vez en cuando a andar. Su hijo le preguntó que si iba a ir a ponerse la vacuna, le dijo que sí". No lo volvieron a ver.

Su teléfono daba señal

La alarma se encendió el mismo lunes. Sobre las 22:00 horas, su hijo, extrañado porque Jesús no había vuelto, le llamó por teléfono. No respondió. No conseguía localizarlo. Llamó a su madre: "papá no está".

"Su mujer y su hija intentaron hablar con él, tampoco cogía el teléfono. Hicieron la maleta, se vinieron de Francia a Vitoria y pararon directamente en la comisaria de la Ertzaintza”, cuenta David, que tiene grabado a fuego, como toda la familia, aquel fatídico día. "Mi marido ha desaparecido", dijo ante los agentes. Arrancó la investigación.

Siguieron buscando, llamando. Tras varios intentos por localizar a Jesús, oyeron sonar su móvil en casa. El mensaje que acaba de escribirle su hija Mireia nunca lo leyó. "El teléfono de mi tío estaba en la bolsa de deporte, en la habitación, también sus llaves, su cartera y su documentación". Una hora más tarde, la familia había impreso 150 carteles con la cara de Jesús, saltaron las alertas, "empapelamos la ciudad".

"Llamamos al amigo, no tenía ni idea. No había quedado con él", cuenta David, sobrino de Jesús.

Intentaron reconstruir sus pasos. "Batimos y buscamos por los sitios por los que solía pasear, y llamamos al amigo con el que dijo que había quedado: no tenía idea ninguna. No había quedado con él". Horas más tarde, ya con su teléfono en la mano, miraron el historial de búsqueda.

"Nos damos cuenta de que el mismo día, a las 12:59 horas, buscó 'cómo estaba el río Zadorra por Abetxuco', cómo bajar el río Zadorra”, cuenta David. "Uno mira eso por curiosidad, porque había inundaciones los días anteriores, o porque realmente tiene intención de hacer alguna cosa". La búsqueda se centró ahí.

Helicopteros, buzos y perros de rastreo capitaneados por la Ertzaintza batieron la zona. Más de 45 personas, amigos, familiares y voluntarios, buscaron a Jesús. Llegaron los medios de comunicación y con ellos, un giro inesperado: un hombre, que conoce a Jesús afirma haberle visto el mismo día, en un parque, a las 17:50 horas.

"Se entera por la prensa de la desaparición de mi tío y nos busca. Nos dice que le ha visto en el Parque del Prado y que se habían intercambiado un saludo". La familia y la Ertzaintza le dieron credibilidad, "estaban batiendo el río, junto a Cruz Roja y Sos Deiak, y se amplió la búsqueda por Vitoria, ciudad".

Jesús Bengoa desapareció en Vitoria el pasado 13 de diciembre. /

Dos caminos, ¿monte o ciudad?

Las hipótesis se ampliaron. "Llegó el shock, ya no sabíamos, ni sabemos, qué pensar". ¿Qué hizo Jesús ese día? Llamaron al centro de vacunación. No acudió. La Ertzaintza batió la zona del río, la ruta que solía hacer Jesús para pasear. Mirando a la ciudad, revisaron cámaras de seguridad, "la última imagen que se tiene de él es cuando vuelve al súper, porque se le había olvidado la leche. No hay más".  

Policialmente el caso está abierto, la familia no saben dónde agarrarse, qué pensar. "Lo que no tiene mucho sentido es que haya dejado el móvil , las llaves y la cartera en casa. Que diga que haya quedado con un amigo y no sea cierto. Que no haya ido a ponerse la vacuna", repasa una y otra vez su sobrino David.

"No tiene sentido que le hayan visto a las seis menos diez, ya de noche, porque no concuerda con cómo bajar el río Zadorra desde Abetxuco. Si vas a ir al río, vas por la mañana, pero si vas por la mañana y luego le ven a las seis menos diez es que ya ha ido o no ha ido al final”.

Ansiedad, pero sin patologías

Jesús no tenía ninguna patología diagnosticada. Estaba ágil, fuerte. "Caminaba mucho y, antes de la pandemia, iba al gimnasio. A lo mejor estaba tres horas allí". Nunca se desorientó, no tenía ninguna enfermedad, ni física ni cognitiva.

La pandemia le dejó algún cuadro de ansiedad, estaba algo agobiado, fue al psiquiatra. "Con el covid, ¿quién no ha tenido ansiedad?", lamenta David. "Se preocupaba por las cosas, pero no tenía depresión, solo ansiedad". Tenía planes y objetivos. "Hablaba de futuro con su mujer...".

Un hombre asegura que vio a Jesús en un parque de Vitoria la tarde que desapareció. La Ertzantza da credibilidad a su testimonio

"Quizá, y hablo sin saber, se ha encontrado con alguien que no debería y ese alguien le ha hecho algo. Descartamos que ser haya querido quitar del medio, descartamos que se haya querido fugar", afirma su sobrino. "Descartamos que le haya podido dar un infarto o algo, porque si le hubiera dado ya habría aparecido, ¿no?".

Jesús, cuenta David, "es una persona muy miedosa y en ningún momento se metía por sitios raros, no tiene sentido que se haya metido por las vías ni nada. Pero, por si acaso, también se miró".

Nada lleva a Jesús. Familiar, amigo, feliz, puntual, responsable. Su día a día era tranquilo, siempre junto a Nieves. "Se iban a dar un paseo, volvían, comían, veían las noticias, se echaban la siesta, si habían quedado con alguien se iban a tomar un vino...". Tenían previsto viajar. "Aprovechando que su hija estaba en Francia iban a visitarla". Él quería completar su pauta vacunal para poder ir. Nieves estudiaba francés dos horas al día.

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