Sin rastro desde el 2 de febrero de 2012

Diez años buscando a Andrés: el joven valenciano que desapareció y pudo ser seducido por un grupo naturista

  • Dejó los estudios, pasaba mucho tiempo en el ordenador, se hizo vegano: "Hay que vivir de la naturaleza", dijo a sus padres

  • Lo han buscado en comunas hippies y en granjas

6
Se lee en minutos

Tenía 20 años cuando se perdió su rastro. Este 2 de febrero ha hecho diez años que viven sin él. En la mente de Amalia, de Andrés -sus padres- la última conversación que tuvieron con su hijo. Prometió tener contacto, no perderlo. "Vendré todos los domingos a comer". Arrancaba una nueva etapa. Se independizaba. Su nuevo hogar, a escasos 300 metros de la que siempre fue su casa. Metió algunas de sus cosas en una maleta. "Yo te llevo, así veo bien cómo está todo en el piso", dijo Andrés padre. Tres amigos esperaban su llegada. Dos días más tarde se apagó su teléfono. Desapareció.

El domingo se marchó a su nueva casa, el lunes fue a ver a sus padres y el martes se fundió todo en negro. Ese martes, Andrés padre marcó su teléfono: "vamos a ver cómo está el chico". No daba señal. "Hola soy Amalia, la mamá de Andrés, su teléfono está apagado, ¿puedes decirle que me llame cuando vuelva al piso?". El recado lo cogió uno de sus compañeros. Dejaron pasar el día. "Hola, soy Amalia de nuevo, ¿no está Andrés?". No estaba. No volvió. Arrancó una búsqueda que continúa desde entonces. En su piso, la maleta con su ropa y su dinero. Faltaba DNI y teléfono, pero nunca más dio señal.

"Si la policía pudiera entrar en comunas… estoy seguro de que un porcentaje muy alto de desaparecidos aparecería", dice el padre de Andrés

Imágenes del albúm familiar compartidas por sus padres. /

Noble, bueno, familiar. Andrés siempre fue un buen estudiante, cariñoso, muy casero. Prefería pasar el tiempo en el ordenador que detrás de una pelota, ni fútbol ni baloncesto. "Nunca le gustó mucho el deporte", recuerda su madre. Terminó bachillerato, apostó por la informática, "estudiaba Ingeniería en la Universidad Politécnica de Valencia". Se le daban bien los idiomas, se defendía en alemán, "lo estudió un poco en el colegio", y dominaba el inglés. El último verano cursó una beca en Irlanda. Conoció gente nueva, otro mundo, otras culturas. El cambio llegó.

"Hay que vivir de la naturaleza", afirmaba. Fue progresivo, no alarmante, hasta que se hizo más evidente. En diciembre dejó la carrera, "dijo que no era lo que esperaba, no le convencía". Abrazó al naturismo, se hizo vegetariano, con vistas a ser vegano. Conoció a un grupo que respiraba esa filosofía. La asumió. La acogió. "Estaba mucho tiempo en el ordenador, el nuevo círculo que pudiera tener, no lo conocemos", lamenta Andrés padre.

Encontró trabajo en una aseguradora. Firmó contrato, se mudó con sus tres compañeros. Comenzaba una nueva etapa, pese a ello, no estaba bien. Buscaba sitio, el suyo, no terminaba de encontrarlo. "El lunes por la tarde me dijo que no estaba muy bien en el trabajo", recuerda su madre. "Le dije que no era obligatorio trabajar en un sitio que no le gustaba, que podía volver con nosotros". Andrés quitó hierro al asunto, "me voy que me están esperando". No lo volvieron a ver.

Andres Mora en una foto poco antes de desaparecer. A la derecha, junto a su hermano, celebrando su 20 cumpleaños. /

Llegó el dolor, las preguntas sin respuesta. La denuncia por desaparición. Amalia y Andrés descartaron la marcha voluntaria, "no tenía motivos" y, además, "no casa en su forma de proceder. Pensamos que quizá estaba pasando por un momento complicado e indeciso y que alguien se aprovechó de su vulnerabilidad para animarlo a desaparecer", digiere Amalia. "La persona -o personas- equivocada en el momento menos propicio se cruzó con él". Alguien ha podido "engañarlo, coaccionarlo, contarle algo, llevarle a su terreno", aprovechando la nueva óptica desde la que miraba, la naturaleza. "Mentalmente está claro que no estaba en su mejor momento", denuncia su padre también.

Su ordenador y su teléfono

La investigación arrancó pausada. Un joven, de 20 años, sin acción criminal latente, se catalogó como voluntaria desde el inicio. Se erró. La posibilidad de haber sido seducido por un gurú o grupo alternativo llegó después. No se miró su ordenador, no se examinó, y no se pidió la geolocalización de su teléfono. "Dos cosas que quizá hubieran sido claves en su momento", lamenta Andrés Mora padre.

Ninguno de los compañeros de piso supo ubicar a Andrés en tiempo y espacio los momentos previos a desaparecer. "Pensamos que estaba en casa con vosotros", dijo a Amalia uno de ellos. Los tres amigos han mantenido desde entonces el mismo mensaje: no saben nada de Andrés. Dos días de convivencia, escasos, que no disfrutaron. Los últimos interrogatorios han sido recientes, la policía les da credibilidad. Los investigadores apuntan a otro entorno, su familia también: "alguien, o un grupo, pudo seducir a Andrés y llevarlo a su terreno".

Muchas dudas y una certeza, salió con lo puesto. En su habitación estaba su maleta. También los cincuenta euros que le dieron sus padres la tarde anterior. Solo llevaba encima el DNI. El teléfono no se encuentra, pero se apagó. Andrés padre no tiene duda, "Si yo me quiero ir a una comuna o irme de hippie, primero que mis padres lo saben, y segundo, que me llevaré dinero, ropa o algo para irme allá. No desaparezco con lo puesto, ¿no?".

Una comuna en Canarias

La investigación chocó contra el muro. El de el silencio. No hay rastro, no hay por dónde empezar. Su familia, investigando a su entorno -nuevo- llegó hasta una comuna de Canarias. Una chica, conocida de Andrés, se instaló en ella. Consiguieron las coordenadas, se las facilitó la familia de la joven, ya que antes de marchar había avisado de su paradero. Hubo luz, tenue, duró poco.

"Fueron con la foto de Andrés y un chico dijo que había estado allí hasta el mes anterior". Se agarraron con fuerza a ello. Con el tiempo, llegaron las dudas, "al principio me lo creí, pero luego pensamos... la Guardia Civil fue varias veces, una de las últimas que estuvo le dijeron eso", cuenta Amalia. "Dudo sobre el testimonio, sobre si vieron Andrés de verdad o si querían que la Guardia Civil no fuera más, un 'sí, sí, estuvo aquí pero se fue, no vuelvan más'", lamenta su padre.

Petición al Senado

La lucha cogió un camino. Los padres de Andrés pusieron el foco en las granjas y comunas hippies. Hubieran ido a todas, por su propio pie. Imposible abarcarlo, "hay cientos, casi miles, repartidas por toda España". Lanzaron un grito, directo al Senado, que se estableciera un censo de personas que viven en estas comunas. "Legalmente no pueden", lamenta Andrés.

"Si la policía, la Guardia Civil, pudiera entrar en comunas, granjas… Yo estoy seguro de que un porcentaje muy alto de desaparecidos aparecería. Por lo menos ya se sabría que están ahí, por su voluntad, pero que están ahí. Pero no saber si está ahí, si está allá. Si está vivo, si está muerto… Es inhumano".

"La policía está implicada, mucho, pero no hay nada, no se puede avanzar". Agentes y familia necesitan indicios, pistas, encontrar algún punto que antes no vieron. Recorrer el camino que trazó Andrés. Dibujan opciones, el resultado es amplio: "puede estar desorientado, no sabemos dónde ni con quién, puede incluso estar mendigando por las calles", lamentan sus padres.

"Han pasado diez años, pero es muy importante que si alguien sabe algo, o si alguien estuvo en contacto con él, que por favor lo diga, contacte con la policía o nos mande un anónimo (pistasandresmora@gmail.com). Solo queremos saber dónde está Andrés, si está bien".

Amalia, mira la foto de su hijo. Andrés, padre, también. Luchan, lo hacen juntos, por volverlo a ver: "Te dicen que tienes que hacer tu vida, que tienes que seguir adelante. Lo hacemos como podemos, pero te falta una parte de ti". Las palabras se entrecortan. Amalia guarda fuerza para un último ruego directo a su hijo Andrés: "estamos esperándote, te queremos, y no te vamos a olvidar. Por si me ves, por si me lees". 

La búsqueda no cesa, los padres de Andrés Mora siguen gritando su nombre. /

Noticias relacionadas