El susurro de las piedras y el fuego lento: un viaje medieval a Buitrago del Lozoya
A poco más de setenta kilómetros del bullicio de la capital, el tiempo parece regirse por otras normas en once rincones singulares.
A poco más de setenta kilómetros del bullicio de la capital, el tiempo parece regirse por otras normas en once rincones singulares.
El programa de promoción turística Villas de Madrid invita a redescubrir la autenticidad de una región que ha sabido conservar intacta su esencia rural. Entre estos tesoros, Buitrago del Lozoya emerge con fuerza, ofreciendo una escapada redonda donde la piedra medieval, el arte de vanguardia y los sabores de siempre se dan la mano sobre un espectacular meandro de aguas frías.
La estampa de Buitrago del Lozoya impresiona antes de cruzar sus puertas. El río Lozoya ciñe el casco urbano en un abrazo defensivo casi perfecto, dibujando un foso natural que convirtió a esta villa en una plaza inexpugnable durante siglos. Su mayor orgullo —y el motivo por el que ostenta uno de los conjuntos fortificados más espectaculares de la Comunidad de Madrid— es su imponente recinto amurallado, conservado de forma íntegra. Es, sin duda, la joya de la corona de la arquitectura defensiva de la Sierra Norte.
El viajero puede abordar la muralla desde dos perspectivas muy distintas. Por un lado, el adarve bajo regala un paseo de acceso libre pegado al río, donde el sonido del agua acompaña cada paso. Por otro, previo paso junto a la preciosa Iglesia de Santa María del Castillo, se puede acceder al adarve alto. Desde allí arriba, las vistas del Castillo de los Mendoza, la robusta Torre del Reloj y la Coracha —ese apéndice de la muralla que se interna en el río para proteger el acceso al agua— cobran una dimensión monumental que transporta directamente al siglo XV.
Buitrago del Lozoya no solo vive de su glorioso pasado militar. Entre sus callejuelas empedradas se esconde un hito cultural absolutamente diferencial: el Museo Picasso - Colección Eugenio Arias. No es un museo convencional; es el testimonio de una entrañable amistad de más de un cuarto de siglo en el exilio francés entre el genial pintor malagueño y su barbero, Eugenio Arias, oriundo de la villa.
Arias, que siempre llevó a Buitrago en el corazón, decidió donar a su pueblo natal las piezas únicas que el artista le fue regalando a lo largo de los años. El resultado es una colección fascinante y de una gran calidez humana que incluye cerámicas, dibujos, litografías y herramientas de barbería decoradas por el propio Picasso. Es el contraste perfecto de modernidad frente al austero granito de la sierra, una parada que dota de una tremenda singularidad a la visita cultural madrileña.
Una escapada por la Sierra Norte no está completa si no se sacia el apetito. La gastronomía local de Buitrago del Lozoya se nutre de la honestidad de sus materias primas. Sentarse a la mesa aquí es entregarse a los platos de cuchara, a las legumbres ricas de la zona, a las carnes asadas de la sierra que huelen a encina, a la pesca de río, a las setas recién recolectadas en temporada y al dulzor de la miel artesana.
Esta riqueza gastronómica no ha pasado desapercibida. La asociación Hostelería de Madrid, en estrecha colaboración con la Comunidad de Madrid, viene impulsando un programa culinario destinado a potenciar el consumo local y los productos de proximidad en las once villas de la región. El pasado invierno, la iniciativa arrancó con fuerza bajo el título de “Villas a fuego lento”, una propuesta que ofreció menús tradicionales de cuchara a precio cerrado en los restaurantes de los municipios participantes.
Aunque los guisos de ese invierno ya quedaron atrás, los fogones no descansan. Ya se ultima una nueva campaña para este otoño que pondrá el foco en los productos de temporada de dicha estación, una excusa inmejorable para perderse de nuevo por sus restaurantes y alargar la jornada durmiendo en alguno de sus acogedores alojamientos rurales.
Para sacarle todo el partido al viaje, el mejor consejo es hacer una parada previa en la Oficina de Turismo de Buitrago del Lozoya. Situada estratégicamente en el municipio, el viajero puede informarse allí sobre los horarios de acceso a la muralla alta, las visitas guiadas disponibles, las rutas de senderismo que bordean el embalse del río y las sugerencias de restauración para exprimir la jornada al máximo. Buitrago no es un sitio de paso; es un destino para respirar hondo, pisar despacio y saborear la historia.
Contenido ofrecido por: