Naturaleza, patrimonio y calma: así es Mira, en el corazón de la Serranía Baja
Allí donde la provincia de Cuenca se encuentra con la de Valencia, se asienta este pueblo que ofrece un paisaje sorprendente y todo aquello que le pedimos a una escapada perfecta (deliciosa cocina incluida)

Arquitectura tradicional de Mira, en la Serranía Baja de Cuenca / ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez
No importa cuándo y no importa por qué: cuando el cuerpo pide descanso y la mente reclama un paréntesis de desconexión, ponemos la mirada en la España rural para descubrir, a tiro de piedra, lugares que lo tienen todo para una perfecta escapada. Un buen ejemplo lo hallamos en la Serranía Baja de Cuenca, uno de esos territorios silenciosos que se asoman al límite entre Castilla-La Mancha y la provincia de Valencia, y que abarca paisajes que sorprenden al visitante por su autenticidad y su calma. En este escenario de montañas suaves, bosques mediterráneos, ríos y vegas que modelan el terreno, el pueblecito de Mira emerge como un apetecible refugio donde el transcurrir de las estaciones se siente en cada detalle: en el olor de las plantas aromáticas, en el rumor del agua y en la luz que, según la época del año, tiñe de tonos cambiantes los campos de cultivo y los montes de pinos, sabinas, encinas y enebros.
Con una altitud media en torno a los 830 metros y una población que no alcanza el millar de habitantes, Mira conserva intacto el espíritu de la España rural más auténtica. Su orografía, agreste y con fuertes desniveles, marca la vida local y el carácter del paisaje. El punto más alto del municipio es el pico Cabero, que se alza hasta casi 1.398 metros, mientras que las zonas más bajas, junto al río, descienden hasta los 590 metros. Esta variedad crea un mosaico natural donde conviven bosques, valles fértiles y amplias zonas de cultivo de almendros, olivos y viñas.

Panorámica de Mira / ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez
El agua es otro de los protagonistas del territorio. El río Ojos de Moya atraviesa el término municipal y, al llegar al casco urbano, pasa a denominarse río Mira, afluente del Cabriel. El propio Cabriel también discurre por el suroeste del municipio, formando hoces y valles que constituyen algunos de los paisajes más impactantes de la comarca. No es casual que muchos viajeros lleguen hasta aquí atraídos por las rutas de senderismo o ciclismo, la pesca o la observación de aves. Incluso el astroturismo ha encontrado su espacio en Mira, gracias a la limpieza de su cielo nocturno y a miradores como el del Rebollo, convertido en una parada imprescindible para disfrutar de las panorámicas serranas.
Asomándonos al paisaje observaremos un entorno de pura calma, perfecto para la desconexión que, sin embargo, ha vivido en su historia reciente momentos de gran dureza. Muchos recordarán este nombre, porque Mira fue una de las poblaciones que sufrió los estragos de la DANA en el otoño de 2024, un episodio que dejó huella en su territorio y un recuerdo imborrable entre sus habitantes. Un año después, volver a recorrer sus calles y sus caminos permite apreciar cómo la naturaleza y el propio pueblo han recuperado su ritmo a fuerza de esa resiliencia silenciosa tan propia de la Serranía.
Orgulloso patrimonio monumental
En el interior de su casco urbano, Mira conserva un patrimonio sencillo pero que merece mucho la pena visitar. La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, con sus raíces góticas y renacentistas, se erige como principal referente arquitectónico. A ella se suma la Ermita de la Piedad, que data del siglo XVI, un pequeño templo cargado de historia y devoción popular. Pero quizá sea el propio trazado del pueblo —sus calles estrechas, sus casas de piedra y el caserío tradicional— el que mejor transmite la esencia de este rincón conquense.

Casas típicas de MIra / ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez
Pero hay que reservar tiempo para explorar también los atractivos de los en los alrededores. La localidad de Moya, con su imponente castillo y sus murallas, ofrece un viaje al pasado medieval de la comarca. Y en Enguídanos, las Chorreras del Cabriel sorprenden por su juego de saltos de agua, pozas y formaciones calcáreas, un espectáculo natural que complementa a la perfección la visita a Mira.

Chorreras del Cabriel, en Enguidanos / ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez

Castillo de Moya / ©Turismo Castilla-La Mancha, David Blázquez
Y después de explorar el pueblo y sus contornos, cuando llega la hora de reponer fuerzas, el visitante podrá hacerlo disfrutando de una cocina profundamente ligada a la tradición. Los platos típicos conquenses como el morteruelo, los gazpachos manchegos o los guisos de conejo de monte, liebre o perdiz, son recetas contundentes (justo lo que nos pide el cuerpo en estos meses de frío) que evocan antiguas costumbres serranas y que siguen siendo protagonistas en las mesas locales.
En conjunto, la Serranía Baja y este pequeño municipio conquense ofrecen un escenario perfecto para quienes buscan desconectar lejos de los circuitos más concurridos. La combinación de naturaleza poderosa, patrimonio evocador y un ritmo de vida tranquilo y reconfortante convierte a Mira en un destino que invita a detenerse, a escuchar y a descubrir las pequeñas cosas que hacen grande a la España rural. Es ese tipo de lugar que no solo se visita: se siente.
- Directo: Última hora del descarrilamiento del tren Madrid-Andalucía
- Los madrileños seleccionados por Amancio Ortega para estudiar el bachillerato en Estados Unidos: 'Siento que vivo en una película
- Retrasos de una hora en por lo menos siete trenes de alta velocidad Madrid-Barcelona por una incidencia en los sistemas de electrificación
- El tren descarrilado en Adamuz iba 'lleno de opositores': 'Nos ha dado un vuelco al corazón, nos salvamos por una hora de diferencia
- Pablo, el maquinista del Alvia fallecido en Adamuz, tenía 27 años, vivía en Alcorcón y era fotógrafo aficionado
- Fotos y vídeos del accidente de tren de alta velocidad en Córdoba
- El frío vuelve con fuerza a Madrid: la Comunidad activa el nivel 1 de alerta por temperaturas bajo cero este martes
- Samuel, fallecido en el descarrilamiento de Adamuz, era policía en Madrid y había sido padre hace 18 meses